El puente de Oreto en Granátula ya es Bien de Interés Cultural

El puente de Oreto en Granátula ya es Bien de Interés Cultural (BIC)

El Consejo de Ministros ha declarado Bien de Interés Cultural (BIC) el puente de Oreto, situado en el término municipal de Granátula de Calatrava (Ciudad Real), en la categoría de monumento. La declaración, adoptada este martes a propuesta del ministro de Cultura, Ernest Urtasun, otorga al enclave la máxima protección que contempla la legislación española de patrimonio histórico.

El expediente fue iniciado en mayo de 2025 por el Ministerio de Cultura a petición del Gobierno de Castilla-La Mancha. La estructura, construida sobre el río Jabalón, conserva diez arcos y una calzada empedrada de unos 135 metros de longitud, y permanece sumergida en el interior del embalse Vega del Jabalón salvo en períodos de escasez hídrica como el actual.

El Consejo de Ministros declaró este martes Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de monumento el puente de Oreto, ubicado en el término municipal de Granátula de Calatrava (Ciudad Real), consolidando así para esta estructura la máxima protección que establece la Ley 16/1985, de 25 de junio, de Patrimonio Histórico Español. La propuesta partió del ministro de Cultura, Ernest Urtasun, tras un expediente que el propio ministerio inició en mayo de 2025 a instancias del Gobierno regional.

La declaración pone fin a un largo proceso de reconocimiento institucional de un enclave que ya contaba con protección autonómica. El Área Arqueológica de Oreto-Zuqueca, en cuyo ámbito se inscribe el puente, fue declarada Bien de Interés Cultural por la Junta de Castilla-La Mancha el 1 de agosto de 2024. La nueva declaración estatal eleva esa protección al nivel más alto del ordenamiento jurídico nacional.

Un puente con probable cimentación romana

El puente de Oreto —también conocido como puente de Oretum o de Baebio Publio Venusto— es una infraestructura hidráulica tendida sobre el río Jabalón a su paso por el área arqueológica homónima. A lo largo de los siglos ha experimentado diversas transformaciones, y la estructura actualmente visible presenta una fábrica de mampostería irregular trabada con mortero, con elementos constructivos que encuentran paralelos tanto en obras medievales como en intervenciones de época moderna.

Sin embargo, los indicios apuntan a un origen mucho más antiguo. La presencia de elementos de sillería en la base de algunas de sus pilas sugiere que el puente pudo asentarse sobre una cimentación de época romana, lo que lo vincularía directamente con la antigua ciudad de Oretum, uno de los asentamientos hispanorromanos más relevantes del sur de la Meseta.

La estructura conserva diez arcos, dispuestos en dos tramos separados por una lengua de tierra o isla central, y una calzada empedrada de aproximadamente 135 metros de longitud. Estas dimensiones, junto con su emplazamiento sobre un vado histórico del Jabalón, evidencian el papel que desempeñó durante siglos en las comunicaciones terrestres de la comarca.

Cuatro décadas bajo las aguas del embalse

El destino del puente cambió radicalmente entre 1989 y 1991, cuando la construcción del embalse Vega del Jabalón sumergió toda la estructura en su interior. Desde entonces, su visibilidad ha dependido del nivel hídrico del pantano: en años de abundancia, el puente desaparece bajo el agua; en períodos de sequía o de embalse bajo, emerge y puede contemplarse en su integridad.

Desde 2017, el embalse no ha vuelto a llenarse por completo, lo que ha dejado el puente emergido de forma continuada hasta la fecha. En la actualidad, la estructura es accesible a pie a través del antiguo camino que permitía cruzar la vega y el cauce del Jabalón desde la ribera norte, convirtiéndose en un atractivo singular para visitantes y aficionados a la arqueología y la historia.

No obstante, esa alternancia entre la inmersión prolongada y la exposición al aire ha agravado el estado de conservación del monumento. El deterioro acumulado tras cuarenta años de permanencia bajo el agua, combinado con los efectos de los ciclos de emergencia y nueva sumersión, fue el argumento central que justificó la necesidad de dotarlo de la máxima protección legal disponible. La declaración BIC abre ahora la puerta a que administraciones y organismos competentes puedan articular medidas específicas de conservación, restauración y puesta en valor de una infraestructura que fue, durante siglos, un nudo esencial en las comunicaciones del sur de la Meseta castellana.