¿Y tú, qué?

El relato de la presunta agresión sexual del número dos de la Policía Nacional a una subordinada produce repugnancia por la sordidez de sus chantajes. Refleja, una vez más, cómo el poder y el mando provoca, en algunos hombres, esa certeza de impunidad que convierte a las mujeres en sus "criadas sexuales". Es un caso tan parecido a la acusación contra el alcalde de Móstoles, del Partido Popular, que cuestiona la algarabía que Feijoo y la dirección del PP han montado contra el ministro Marlaska acusándole de encubrir los abusos.

Reclaman la dimision del ministro, lejos de afligirse por que hechos tan denigrantes puedan seguir ocurriendo, o exigir mayor castigo a los culpables. Porque Marlaska, en caso de saberlo, claro que tendría que marcharse. Por contra, parece que la inspectora de la policía que denunció a su superior tiene más credibilidad que la concejala de Móstoles. Como en este caso el culpable era uno de los suyos y la presidenta Ayuso es intocable... pues silencio. Marlaska ha respondido que sólo dimitirá si "la denunciante no se ha sentido protegida, si la víctima cree que le he fallado, dimitiré". Y no le va a quedar mas remedio que hacerlo si resulta que en el Ministerio lo sabían y no hicieron nada.

Lo que resulta grotesco, por no utilizar adjetivos más fuertes, es que Feijóo se pregunte qué más puede suceder en nuestro país y haga frases como "España se está cayendo a pedazos". Uno de los pedazos es, sin duda, el caso del jefe policial y otro pedazo será, supongo, la denuncia contra el alcalde de Móstoles donde, por cierto, ha dimitido un alto cargo del consistorio por "la veracidad de la denuncia de acoso contra el alcalde".

Después de apoyar en el Congreso la propuesta de Vox para prohibir la utilización del burka o el niqab en los espacios públicos, por razones de imposición de creencias o por oponerse a la tradición cristiana, ahora tendrán que votar a favor de la de Junts. Porque, con otros argumentos, defiende lo mismo.

Eso, en el caso de que la defensa de las mujeres, al margen de su religión, su origen, o su adscripción política, constituya la razón principal de la iniciativa.

Porque lo peor de estas últimas broncas políticas es la evidencia de que no son las agresiones sexuales o la vestimenta de las mujeres lo que realmente les preocupa. Han encontrado, simplemente, otro capítulo para su argumentario de oposición.