Opinión

Política Trans

Podemos ha conseguido que Pedro Sánchez de un puñetazo en la mesa y mande callar al sector del PSOE (feministas de la vieja guardia) que se oponen a la Ley Trans. El debate ha llegado a tal grado de acritud que las redes sociales arden al grito de “retrógradas”, “carcas” y demás lindezas.

Teniendo en cuenta que el objetivo prioritario, y casi único, del presidente del Gobierno es la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, que está a la vuelta de la esquina, y que la polémica ley de derechos de los transexuales va a estar vigente hasta que el PP llegue al poder, se entiende que Sánchez haya optado por no a abrir nuevos frentes con los socios de Podemos, aunque aumente la crisis interna de su propio partido.

Ahora resulta que Carmen Calvo, doctora en Derecho Constitucional, y exvicepresidenta del Gobierno de Sánchez, es la mala de la película. Se comenta que incluso le habrían ofrecido la presidencia del Consejo de Estado para apartarla de la presidencia de la Comisión de Igualdad del Congreso donde se van a debatir las enmiendas a la ley.

Calvo tenía severas dudas, no sobre los derechos del colectivo trans, que a estas alturas nadie pone en cuestión, sino sobre la regulación de la autodeterminación de género sin que medie el criterio de los especialistas clínicos en la materia. Y que permita a una niña/niño de doce años cambiar su identidad en el DNI con su mera percepción o disforia.

Un inciso: hace años conocí a una niña de siete años que, acomplejada frente a su hermana mayor, decidió que quería ser chico, se hacía llamar Julio, se vistió de varón, se cortó el pelo e impuso su nueva imagen a los compañeros de clase. A los trece años decidió volver a ser chica y ahora es una brillante ejecutiva llena de amores masculinos. El torbellino emocional de la preadolescencia no es época para decisiones tan trascendentes.

Tampoco está muy de acuerdo, ese sector al que se acusa de “viejuno” del PSOE de equiparar la violencia machista con la violencia entre personas del mismo sexo. Y ahí sí que podrían darse modificaciones en el proyecto de ley.

Calvo, quien recuerda que la Constitución no habla de género si no de sexo, advierte que podría abrirse un debate sobre la seguridad jurídica de la norma. Pero, a estas alturas del agrio debate político que contempla estupefacta la sociedad, todo esto carece de valor. Es mucho más fácil acusar a Calvo, a Amelia Valcárcel, o a Ángeles Álvarez, con una larga trayectoria de lucha en defensa de los derechos de las mujeres, de retrógradas e incluso de “fachas”.

Estaría muy bien que Irene Montero, titular de Igualdad, recibiera a una delegación de mujeres iraníes que le han pedido apoyo en su lucha contra el régimen opresor que les quita la vida por no ponerse el velo. Pero estas audiencias, estas sí imprescindibles, parece que no sirven al objetivo de lograr votos.

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