Opinión

La pataleta de Podemos

La actitud de Irene Montero en el traspaso de carteras fue la rabieta de una adolescente maleducada. Con tono conminatorio, pero al borde de la lágrima, advirtió a su sucesora que se cuidara de los amigos de Sánchez entre cuarenta y cincuenta años.

Lo que se le olvidó a la cesada ministra de Igualdad fue mencionar, a modo de reconocimiento, a las sesenta y dos mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas, en el que se perfila como el peor año en las estadísticas de la violencia de género. En el acto posterior de apoyo de los suyos, tanto Montero como la otra cesada, Ione Belarra, ambas con el puño en alto y un ramo de flores, tampoco mencionaron la casualidad de que los barrios más deprimidos económicamente de Madrid sean los que encabezan la cifra de agresiones a mujeres.

Nos quedará la duda de si con estos datos, que seguro conocían en el Ministerio de Igualdad (qué ironía), se hizo algo por aumentar la dotación de casas de acogida.

La pataleta por haber sido cesadas y su obsesión por seguir en el Gobierno (para Podemos la continuidad de Irene Montero se convirtió en un “casus belli”) no se justifica ante la falta de autocrítica por la funesta elaboración de la llamada Ley de solo sí es sí, que ha permitido la excarcelación de más de mil agresores sexuales. Cuando el PSOE tuvo que enmendar la ley, por dignidad y ante la manifiesta desautorización, la responsable de Igualdad debía haber dimitido.

Si, además, en los Consejos de Ministros no había relación entre ellos, casi no se hablaban en el café previo, ¿para qué siguieron? No hay constancia, además, de que estuviera preparando una modificación de la Ley contra la violencia que sirviese, de verdad, para evitar los sesenta y dos asesinatos por violencia machista de 2023 y eso que no ha acabado el año.

Esa, y no el potenciar el enfrentamiento entre los movimientos feministas, es la verdadera función de un Ministerio de Igualdad. No adjudicarse la ortodoxia y la excelencia de su defensa de los derechos de la mujer y considerar a las discrepantes como “viejas”. Lo demás es retórica y apego al cargo y al coche oficial.

La abrupta despedida vaticina más dificultades al Gobierno de coalición dado que los cinco votos de Podemos, pese a seguir dentro del grupo parlamentario de Sumar, no están garantizados. La “afrenta” a su pareja va a pesar mucho en las indicaciones que Pablo Iglesias, poder en la sombra del grupo, va a impartir. Se comprende que en Moncloa y en Ferraz estén preocupados.

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