Miércoles 27.03.2019

No se utiliza a las mujeres

La manifestación del 8 de Marzo en Madrid fue apabullante. Cientos de miles de mujeres, y muchos hombres, ocuparon de forma pacífica el centro de la ciudad para decir, con su mera presencia, que feminismo es igualdad. Simplemente. Que la parte fea, ingrata, y no remunerada de la vida, no puede seguir recayendo en exclusiva, en pleno siglo XXI, sobre los hombros de las mujeres. Que no se trata de quítate tú, que me pongo yo, sino de compartir de a igual trabajo, igual salario. Sencillamente.

Hace un año, una multitud (algo inferior a la de este viernes) recorrió las mismas calles pidiendo lo mismo. El Gobierno de entonces y el resto de la oposición dijo haber oído el mensaje y tomado nota. Pero nada ha cambiado. La ley contra la Violencia de Género, que se ha comprobado ineficiente para evitar los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas, como se demostró ayer mismo con un nuevo caso en Madrid, estuvo meses sin dotación presupuestaria por la incapacidad de los partidos de acordar los presupuestos. Y el permiso de paternidad obligatorio se ha "colado" en un Real Decreto "póstumo" cuando ya se han disuelto las Cortes.

Aún así, las fuerzas políticas, que intuían el éxito de la marcha, llevan semanas utilizando la igualdad como arma electoral en sus trifulcas y en sus argumentarios. Y el viernes se retrataron. El Partido Popular, aferrándose al bodrio del comunicado final -que el noventa por ciento de los participantes ni conocía, ni le importaba, ni se quedó a escucharlo- no fue. Acomodándose al paso que les marca Vox, y ante el temor de perder un solo voto por su derecha, debieron contemplar desde Génova 13 a esa ingente muchedumbre pacífica y trasversal que ellos no tienen capacidad de convocar, como se vio en la plaza de Colón.

Sin darse cuenta de que es precisamente el temor a que la extrema derecha se cargue las conquistas, que tanta lucha han costado a las mujeres, lo que sacó a mucha gente de su casa. Lo de "feminazi" da mucho miedo.

Por el contrario, el PSOE hizo un despliegue saltarín y ruidoso. Todo el Gobierno femenino, y algún ministro varón en segunda fila, marcharon detrás de una pancarta acompañando a la mujer de Pedro Sánchez. Corearon consignas contra el PP, cuando no iba de eso, y atendieron a los medios de comunicación. Cuanto mejor habrían quedado las ministras mezcladas con la ciudadanía, codo con codo en defensa de la igualdad. Se equivocaron: no era una manifestación de partidos y sus siglas, era por la igualdad de derechos.

Lo mismo podría decirse de Unidas Podemos, con Irene Montero a la cabeza reclamándose como estandarte de la defensa de las mujeres en una indisimulada petición de voto. También Inés Arrimadas salió a la calle a defender su "feminismo liberal" y fue injustamente increpada por un grupo de jóvenes. Al menos tuvo el coraje de salir, eso sí, amparada por sus siglas, a dar la cara por unas propuestas como las de legalizar la prostitución o la gestación subrogada que son un insulto para muchas de las participantes en la manifestación.

¿Y dónde estaban los líderes de los partidos políticos, esos a los que se les llena la boca en los mítines con la defensa de la igualdad? En las calles, mezclados con los manifestantes, desde luego no.

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