Jueves 18.10.2018

No empujen

La ruptura del bloque independentista en Cataluña, con la consiguiente fragilidad del Govern de Quim Torra, ha desatado los nervios y las expectativas de esta clase política tan apegada al aspaviento y al corto plazo.

Ayer, sin ir más lejos, el presidente del Gobierno Pedro Sánchez, en su primera rueda de prensa en Moncloa tras muchos meses, deja caer que su política de dialogo está detrás de la ruptura de Junqueras y Puigdemont. Como si todos los intentos para recuperar las relaciones entre el Estado y Cataluña no hubieran estado encaminados a lograr un mejor encaje y el abandono de la vía unilateral.

Al margen de la torpeza política de asumir que tienes parte de responsabilidad en la ruptura de un acuerdo entre dos formaciones, cuyos votos necesitas para aprobar los presupuestos, no se debe dar nueva munición al relato victimísta, tan damnificado por el intento de asalto al Parlament en el cumpleaños del 1-O.

Subiéndose a la ola de no dejar pasar ninguna oportunidad, Pablo Casado propuso, a bote pronto, la presentación de una moción de censura encabezada por Inés Arrimadas. Sin pensar, o quizá pensándolo interesadamente, que la censura uniría de forma inmediata a los independentistas, convirtiendo el voto delegado, que les ha hecho romper, en pelillos a la mar. Y de paso apuntaría un fracaso en el curriculum de Arrimadas y en la estrategia de Rivera en Cataluña, donde se centra la pelea por los votos de la derecha del PP y Ciudadanos.

Menos mal que Arrimadas e Iceta, el líder del PSC, han puesto cordura. Entendiendo que esto volvería a reagrupar al independentismo, y no teniendo claro el voto de las siglas catalanas de Podemos, prefieren esperar.

Como si el conflicto catalán, el más grave de cuantos han surgido en la convivencia desde la Transición, se pudiera resolver con el regate corto, los golpes de efecto o la frivolidad. Los ciudadanos de Cataluña deben contemplar estupefactos como los independentistas ofrecieron una arcadia que no tenían, ni podían conseguir, apelando a un relato sentimental que ha sido capaz de enfrentar a las familias entre sí, mientras se olvida que esa engañosa vía unilateral convenció a casi la mitad de los votantes que no van a desengancharse a toque de corneta.

Recuperar la convivencia va a ser un largo camino donde solo la pedagogía podrá acabar con las falacias del "España nos roba", "la republica mejorara la vida y las haciendas de todos los catalanes", "Europa nos espera con los brazos abiertos"... Demasiados mitos que el anterior ejecutivo de Mariano Rajoy ni se molestó en desmentir, como tampoco advirtió a Europa de la gravedad del conflicto. Ya se desinflaría el soufflé. Y así llegamos hasta la declaración de independencia, tras pasar por un referéndum que no se iba a celebrar y que dio la vuelta al mundo por la torpe represión policial ante el hecho consumado de que había urnas y miles de votantes con papeletas.

Por lo tanto, ahora no empujen. Traten de contener el ansia por rascar votos en la cadena de citas electorales que se avecina.

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