Opinión

Más gestión y menos palabrería

Si hay algo que caracteriza a los dirigentes de todos los partidos del arco parlamentario es su incontrolada verborrea criticando al contrario y ensalzando lo propio. Maestros de esgrima en el arte del insulto, han olvidado que, sumidos en otra crisis, los españoles quieren resultados.

Los prometedores datos, a día de hoy, que pronostican las encuestas para Moreno Bonilla en Andalucía son la prueba evidente de como la gestión eficaz y el verbo prudente calan en la opinión pública.

Cuando no se llega a fin de mes, las siglas, las promesas vacuas y la ideología, dejan de ser argumentos para elegir una papeleta u otra. Lo que se exige es eficacia. Es, por ejemplo, que no se siga demorando el famoso plan para abaratar la luz porque el Gobierno envió la notificación a Bruselas la semana pasada. Conclusión: la electricidad está, otra vez, por encima de los doscientos euros por megavatio hora.

Feijoo, que aterrizó en Madrid queriendo ser lo opuesto a Pablo Casado, y que vende la gestión como compromiso electoral, le está cogiendo el gusto a subir el nivel de la crítica con acusaciones poco creíbles como negar el crecimiento del empleo o acusar al PSOE de querer pactar con Vox. No debe olvidar que Casado y Abascal competían en el verbo encendido en los mítines, pero luego el primero repudiaba al segundo en el Congreso. Así, lo único que consiguió el PP fue que la ultraderecha creciera sin parar.

La desaparición de Albert Rivera y Pablo Iglesias es la evidencia de cómo los ciudadanos amortizan a los dirigentes que no cumplen las expectativas creadas. Rivera hubiera podido llegar a Moncloa junto a Sánchez, evitando el “Gobierno Frankenstein” y, en lugar de entrar por la puerta grande, salió por la puerta de atrás. E Iglesias quería asaltar el cielo y ha acabado de conspirador en su casa.

Vienen tiempos económicamente muy difíciles y los electores están cansados de que España sea siempre el farolillo de cola de las economías europeas; el número uno en malos datos de creación de puestos de trabajo y en cifras de inflación.

Los presidentes autonómicos del PSOE, tan preocupados por que el previsible batacazo de sus siglas en Andalucía les arrastre, tienen un año por delante para demostrar que merece la pena votarles porque solucionan los problemas de la gente. No vale con alejarse de Sánchez, hay que probar que se sabe gestionar la cosa pública.

Los resultados en Andalucía van a marcar la pauta del hartazgo sociológico de la política como palabrería hueca, crispación e insulto y pueden dar un vuelco a los comicios venideros tanto autonómicos como generales.

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