sábado 11.07.2020

La bolsa o la vida

La sanidad madrileña que, junto a la catalana, es la que más ha sufrido la carga personal y profesional de la pandemia, no daba crédito a la petición de pasar a la fase 1 exigida por Ayuso y su Gobierno. Con ochenta y seis nuevos positivos y treinta y ocho fallecidos el mismo viernes, se comprende que la Directora de Salud la Comunidad, Yolanda Fuentes, alegara que la región no estaba en condiciones de cambiar de fase, porque la decisión no estaba basada en criterios de salud pública.

Posiblemente, ha sido su actitud ética, que le ha costado el cargo, la que ha inclinado la balanza del "comité de expertos desconocidos" que asesora al ministro Illa, a decir no a la presidenta y a su segundo, Ignacio Aguado, que fue quien más presionó para el cambio.

Ambos se habían reunido con empresarios que acudieron a la Puerta del Sol con el saldo de tantos días de confinamiento y los datos de sus pérdidas económicas. El cambio de criterio fue inmediato y sin mucho razonar. Habría que ver si una comisión de familias, con todos sus miembros en el paro, que no tienen ni para comer, habría tenido la misma capacidad de convicción.

Pero, venga de donde venga la presión, lo peligroso es ignorar la gravísima situación sanitaria que sufre Madrid, con unos médicos y enfermeras agotados y unos hospitales que comienzan a recuperar los quirófanos para operar tumores que no admiten demora. Seguro que ustedes también han oído a sanitarios pidiendo el cese de los aplausos y una mayor responsabilidad de la ciudadanía para evitar contactos que llevarían a un nuevo brote.

Si ya en la fase cero, en la que seguimos, se han visto escenas de falta de civismo, con aglomeraciones de riesgo, gente sin mascarilla haciendo deporte y sin guardar las distancias prudenciales, un mayor relajamiento es un riesgo que la Sanidad no puede asumir. Y tampoco deberíamos asumirlo los madrileños, aunque solo sea como homenaje y respeto a los miles de muertos que se ha llevado por delante este maldito virus.

De nada sirve acusar al Gobierno de que mirara para otro lado y minusvalorara el riesgo cuando autorizÓ y alentó la manifestación del ocho de marzo, si ahora los ciudadanos nos comportamos como si ya todo hubiera pasado.

Esta infección, que algunos privilegiados pasan de forma asintomática, se convierte en gravísima en la mayoría de los infectados, al margen de la edad, si se tienen patologías previas. Es comprensible que el encierro haya provocado un ansia de salir incontenible. Pero, si el temor de contagiar a los demás no toca la conciencia, por lo menos que el miedo de acabar en una UCI nos haga reaccionar y tomarnos en serio la gravedad de la situación.

Es verdad que la economía va a entrar en recesión y que la crisis que se avecina va a ser terrible. Pero no se trata de elegir entre la bolsa y la vida. Y mucho menos entre la vida y la frivolidad de volver al botellón o a los contactos sociales porque no podemos más.

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