domingo 26/9/21

El abuso eléctrico

Con el mapa de España pintado en rojo intenso, reflejo de la insoportable ola de calor que estamos padeciendo, la electricidad alcanza precios inverosímiles. A la vicepresidenta del Gobierno, Teresa Ribera, no le parece “razonable” que “los consumidores estén pagando un precio tan alto”. Debería saber que a los ciudadanos, lejos de consolarnos, su solidaridad más bien nos irrita, porque su función no es mostrarse comprensiva, que también, si no solucionar el problema, que para eso está donde está. Solo nos falta escuchar a otra voz “autorizada” que recomiende al personal el uso continuado del abanico: única energía eólica gratuita.

En los dos años de legislatura transcurridos, él Ejecutivo, y en concreto la entonces ministra de Transición Ecológica, Ribera, eran muy conscientes de que el sistema de tarificación eléctrica sufre las oscilaciones del mercado de combustibles fósiles y son las centrales de ciclo combinado las que marcan el precio final del megavatio por hora. Así, las compañías eléctricas nunca pierden, son uno de los sectores que mejor ha resistido la crisis y forman parte de ese exclusivo club del IBEX que influyen en la política económica de este país.

Por poner un ejemplo: el presidente de Iberdrola, Sánchez Galán (imputado por un delito continuado de cohecho y falsedad en documento mercantil, por encargar al ínclito comisario Villarejo espionajes varios) va a seguir cobrando su salario de doce millones de euros anuales. Seguro que se puede permitir tener el aire acondicionado día y noche en su domicilio.

Los demás, los que miramos con horror la factura de la luz, vamos a seguir pagando a precio de oro la energía solar, la eólica o la hidráulica (que funciona gracias a las presas que ya pagamos con nuestros impuestos hace mucho tiempo) que no generan, porque no contaminan, derechos de emisión de dióxido de carbono.

Por eso el pasado martes a las ocho de la mañana, cuando vd. encendió la cafetera eléctrica, pagó el megavatio a ciento once euros, sin que haya servido para nada la medida de urgencia que aprobó el Gobierno para reducir el IVA de la factura de forma temporal. Porque, el sistema marginalista que marca los precios consigue que la energía más cara sea la que marque el precio final. Los expertos no se ponen de acuerdo en si hay abuso de mercado, o si las compañías eléctricas, que nunca pierden, deberían asumir más gastos. Pero lo único cierto es que el sistema no funciona y el cambio legislativo que se presentará en el Congreso no entrará en vigor, como pronto, hasta 2022.

De momento, a la vicepresidenta Teresa Ribera se le ha ocurrido la “eficaz” idea de escribir una carta a Bruselas pidiendo cambios en el diseño del mercado eléctrico, sabiendo, como sabe, que las cartas en la Comisión Europea duermen el sueño de los justos.

Mientras, ya saben, el abanico.

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