martes 19/10/21

Crisis a tope

Las broncas en el seno del Ejecutivo entre compañeros de gabinete, que no de siglas, hacía presagiar que la anunciada crisis de Gobierno estaba a la vuelta de la esquina. Los morados, temiéndose una reducción de sus carteras, ya habían trasladado a Sánchez que, en caso de "tocar" a alguno, se replantearían la coalición. Por eso lo primero que ha hecho este sábado el jefe del Ejecutivo ha sido llamar a Yolanda Díaz para asegurarle que ninguno de los actuales ministros de Podemos saldría de Moncloa.

La primera defenestrada ha sido Carmen Calvo, como ya se sabía en el entorno de Moncloa y Ferraz. La aprobación de la conocida como "ley trans", que regula el cambio de género, y a la que se opuso de forma tajante y pública, evidenció su pérdida de poder. Frente a las exigencias europeas en materia económica, Sánchez ha preferido reforzar la ortodoxia de Nadia Calviño,y dejarle a Podemos que venda "el triunfo" de una ley que Irene Montero ha definido como feminista pero que tiene en contra a la mitad del movimiento. Mientras, se aplaza la reforma de los alquileres, la subida del salario mínimo y sigue sin fecha la reforma laboral.

El nombramiento de Calviño como vicepresidenta primera marca el carácter de los treinta meses que quedan de legislatura.

El siguiente en caer, por orden cronológico, ha sido Pedro Duque, el astronauta reconvertido en ministro de Ciencia e Innovación, cuya labor no ha sido conocida ni por los propios científicos que han tenido que dar el do de pecho con la pandemia, la investigación y la escasez de recursos económicos.

Félix Bolaños, el hasta ahora secretario general de la Presidencia, mano derecha de Sánchez y, junto con Iván Redondo, el poder fáctico en Moncloa, asumirá como ministro parte de las funciones de Carmen Calvo; entre ellas, la Memoria Democrática y las complicadas relaciones con las Cortes. Pero quizás lo más sorprendente de la remodelación sea la carta de despido de Iván Redondo. Parecía que Sánchez no podía vivir sin el; el hombre que le susurraba al oído. Cuando Iván dijo que se tiraría por un precipicio, siguiendo al Presidente, no sabía que él iba a inaugurar la ruta.

La ministra de Exteriores, González Laya, era otra de las que se daban por amortizadas. Sobre todo, tras la irregular llegada a España del dirigente del Polisario. La sustituye el embajador en
París, José Manuel Albares, con amplia experiencia y contactos en la UE. El hasta ayer ministro de Cultura, Rodríguez Uribes, tampoco dejará hondo pesar en el damnificado mundillo cultural, cerrado hace más de un año por el coronavirus.

Parecía evidente que el titular de Justicia era un "hombre quemado" por los indultos a los independentistas catalanes y sus enfrentamientos con el mundo judicial. Su sustituta, Pilar López, también magistrada, es la desconocida y silente presidenta del Senado. Discreta hasta la extenuación. Otro cambio preciso, sin duda, era en Educación. La exministra Celaá, no ha conseguido ni pactar, ni vender, ni imponer su reforma educativa. Su sustituta, Pilar Alegría, tendrá que organizar el arranque de curso con la quinta ola de la pandemia.

Otra salida inesperada, pero con retranca política, es la de José Luis Abalos, la voz de su amo en el Gobierno, prepotente, al que se le han encargado los trabajos sucios y los desmentidos inverosímiles. Sánchez lo necesita en Ferraz, pese a tener el partido completamente domeñado, para preparar el congreso federal de octubre.

Cambios importantes en carteras básicas que contrastan con la permanencia de tanto ministras, y ministros floreros, como hay en el sector de Podemos.

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