Opinión

Los “finishers”

Cuando la cuadrilla se reúne somos más hermanos que amigos. No tenemos nada que vendernos los unos a los otros. Lo que importa es el bienestar de cada uno así como el del grupo más que las hazañas particulares de cada personaje. Son muchos años creciendo juntos y sabemos “de qué pie cojeamos”.

En todo caso, en la desgracia, que nunca viene sola, es donde se procura desdoblar el grupo para dar apoyo al que está pasando el mal trance: fallecimientos, divorcios, accidentes, disgustos de cualquier tipo…

Aun así, siempre gusta el poder presentarse ante el grupo para comentar y felicitar las buenas nuevas si es que las hay: un nuevo trabajo mejor pagado, un embarazo, Agustín por fin acabó la carrera; eso sí a los 47 años…

Recientemente y tras varias semanas sin saber nada de él apareció Oscar Tremedal radiante y con un pelo imponente, cosa que nos extrañó, ya que tenía una calva central en donde cómodamente podría aterrizar el Falcon en caso de necesidad por fatiga de los motores de tanto viaje como lleva. El caso es que esa “calzada romana” era ahora un bosque apto para la caza de jabalíes y zorros, dada la espesura. Lógicamente se le preguntó y, vagamente, nos dijo que eran unas pastillas que había tomado y “dejarlo crecer”. Seguro que el tiempo que estuvo trabajando en Turquía, enviado por la empresa constructora nada tuvo que ver… No se comentó mucho más. Para él era importante presentarse ante nosotros con tal triunfo sobre la caída inevitable.

Otro día apreció Fabricio con su camiseta de “finisher” de una media marathon de su barrio; esto ya sí que tuvo comentarios a partir del segundo botellín. La tesis era que antes lo que se celebraba era si eres ganador -que difícil es recordar, en cuanto pasa el tiempo, quien pierde una final de futbol, de baloncesto y no te digo si es de badminton-. En la victoria estaba la gloria y para los demás poco o nada salvo el esfuerzo realizado. Con los podios la cosa se hizo más democrática y esparcida; ya eran tres los que subían al cajón. Y también hay gloria (y un diplomilla) para los que disputan una final (un 10,000 mts, 100 mts lisos, ya saben).

Ahí acababa la cosa. Hasta ahora. Porque se ha abierto la nueva categoría de triunfador: el “finisher”. Dícese del que acaba una prueba –la que sea- por el mero hecho de acabarla. Da lo mismo si en una marathon acaba el décimo que el trecemil seiscientos doce. Es ese momentito de gloria del que nos hemos hecho cautivos particularmente desde que existen las redes sociales. Lo importante no es la satisfacción personal sino que se sepa y por eso se “cuelga” el momento, con la camiseta puesta, allá donde se puede. Me parece que fue Lorenzo el que comentó que antes, lo de finisher, era lo que se denominaba como “entrar con el mogollón”, formar parte del “pelotón”, etc

En definitiva, que estamos en una realidad en la todo el mundo anda hipermotivado pensado que está haciendo algo trascendental o que tiene que hacerlo. Y no hay nada más peligroso que cierto tipo de individuos/as cuando andan motivados en exceso.

Recientemente, un primer ministro se lanzó a viajar a defender a terceros países que no le habían solicitado apoyo de forma expresa, sino que fue una iniciativa propia en búsqueda de una contribución a la paz mundial. Durante el periplo los países concernidos se tiraron cohetes…

Mientras tanto su país, que nunca estuvo en el podio de los tres primeros en nada, podía alardear de que estaba en las grandes finales o con posibilidad de ello. Y me refiero a cuestiones tan poco importantes como las económicas, derechos sociales, estabilidad democrática, diplomacia… Ahora, como mucho, estamos en cuartos de final sin grandes posibilidades de estar en una final nunca más.

Eso sí, supongo que llevaremos con orgullo una camiseta de “finisher”, es decir, uno más del paquete.

El líder, a la hora de escribir esta crónica, reflexiona si seguir en la carrera o abandonarla.

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