sábado 23.11.2019

ZENIT (La realidad a su medida)

El periodismo que nació de la necesidad de transmitir información vital para la sociedad, en parte, se ha convertido en un negocio del entretenimiento, más centrado en alcanzar cuotas de mercado que en la descripción objetiva de los hechos”.

Cuando intentaba transmitirle mi entusiasmo por Zenit, alguien que entiende, o al menos lo parece porque en vez de opinar sentencia, me dijo que Els Joglars no hacía teatro. Ante mis airadas protestas zanjó “es un espectáculo, no teatro”, sin olvidarse de pronunciar  la palabra “espectáculo” con un tono despectivo que no dejaba lugar a dudas sobre el carácter subordinado de la función que yo acababa de ver frente a lo que ella consideraba teatro con mayúsculas.

Al principio me molestó, no voy a negarlo, pero después me dije que si la obra me había hecho sentir, vibrar, reír, pensar y, sobre todo, avergonzarme, como creo que pretendía, ¿qué más da la etiqueta que se le aplique?

Los juglares eran músicos ambulantes que no sólo tocaban instrumentos y cantaban canciones, sino que además realizaban todo tipo de actividades para divertir al pueblo (chistes, magia, acrobacias,...) Eran de clase baja (…) Desde el principio fueron muy criticados tanto por la nobleza como por la iglesia, ya que en sus canciones utilizaban un lenguaje vulgar. No actuaban en castillos ni palacios, sino que lo hacían en las plazas de los pueblos (…) Eran, en definitiva, una especie de saltimbanquis con bastante mala reputación” (https://lamusicaenlaedadmedia.wordpress.com/jug).

Ser capaz de narrar la historia de la humanidad desde sus orígenes (surgimiento del cristianismo, avistamiento de América, Revolución Francesa, auge del Nazismo o la llegada del hombre a la luna), con tan solo seis actores sobre el escenario, música que acompaña pero no distrae, algunos objetos, como un palo o una tela roja, todo ello con un vocabulario que se limita a simples exclamaciones, refleja, digan lo que digan y le pese a quien le pese, una genialidad abrumadora.

Así define Albert Boadella, director de la compañía hasta 2012, el método de trabajo de estos juglares: “Nos sentimos, por lo tanto, más próximos al proceso musical o pictórico que al procedimiento literario tradicional, especialmente cuando éste sirve de núcleo de la obra teatral, imponiendo la primacía indiscutible de las palabras por encima de otros lenguajes escénicos”.

Por tanto, vale, lo admito: lo suyo no es puro teatro. No al menos en el sentido más tradicional del concepto, ese en el que el gobierno absoluto de las palabras (sea en forma de dialogo o monólogo) somete a una férrea vigilancia al resto de elementos para impedir cualquier amago de rebelión.

Una vez cuestionada la forma, mi escéptica amiga arremetió contra el contenido, negándole una de sus características más incuestionables, el espíritu crítico, y por ahí sí que no paso.

La prueba de que Els Joglars practica un teatro fustigador que se nutre de la realidad y no evita el conflicto es que, en 1977, en plena Transición, la representación de La torna proporcionó a Boadella una breve estancia en la cárcel, en régimen de pensión completa,  amenizada con un consejo de guerra contra él y varios miembros de la compañía.

Esta experiencia, lejos de amedrentarlos, les proporcionó fama, reconocimiento y una excelente mala reputación que reforzó su estilo y convicciones.

Y en ello siguen.

Zenit es una burla sobre el periodismo actual: la búsqueda del titular más impactante (“No dejes que la realidad te estropee un buen titular”), entretener en vez de informar (“Tendré que aumentar la dosis de whisky para compensar la falta de ética”), versiones no contrastadas e inmediatez que, merced a las redes sociales, vuelve obsoleta una noticia antes de profundizar en ella.

Al otro lado nosotros, los “monos ilustrados”, pozos de sabiduría con un dedo de profundidad, ávidos de carnaza e incapaces de reconocer nuestra parte de responsabilidad en este circo mediático.

Una sátira durísima sobre cómo, entre todos, hemos pervertido el derecho constitucional a  comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. 

zenit

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