jueves 24/6/21

Valhalla Rising de Nicolas Winding

En el siglo X, plena Edad Media, un guerrero con un solo ojo, esclavizado desde hace años, es obligado por sus captores a luchar en pelas a vida o muerte. Como en las mismas se aceptan apuestas, la portentosa fuerza de One Eye (Mads Mikkelsen) es una valiosa fuente de ingresos que sus opresores no están dispuestos a perder.

Un día, en uno de los traslados, One Eye consigue soltarse de sus ataduras y, tras librarse de sus dueños, emprende viaje seguido del niño que se encargaba de proporcionarle comida y agua.

En el camino se encuentran con un grupo de vikingos que parte en barco hacia Tierra Santa. El guerrero y el chico embarcan con ellos dando comienzo la odisea que los llevará hacia un lugar desconocido… o quizás no tanto.

Aunque Valhalla Rising, de Nicolas Winding Refn (director de la excelente Drive), es una película de 2009, acaba de estrenarse en España.

El director danés divide los cien minutos que dura el viacrucis, que es Valhalla Rising, en seis estaciones que representan los pasos que One Eye da en el camino hacia su particular calvario:

I. IRA: encerrado como un animal, alimentado como tal y liberado solo para pelear, One Eye mata sin piedad.

II. EL GUERRERO SILENCIOSO: escucha, entiende, asiente… pero no habla. No sabe hacerlo. Tal vez no quiere.

III. HOMBRES DE DIOS: One Eye se topa con el grupo de vikingos cristianos en uno de sus descansos tras “difundir” la palabra de Dios entre los no creyentes.

IV. INFIERNO: en vez de a Tierra Santa los viajeros llegan a un territorio desconocido. Un lugar de sangre y muerte.

VI. SACRIFICIO: uno muere para que el otro viva.

En las primeras escenas de Valhalla Rising el salvajismo de las peleas sacude al espectador. Cuesta mantener la vista fija en la pantalla. Impresionante, como acostumbra, Mads Mikkelsen quien, con su silencio, con sus visiones, dota a su personaje de una verosimilitud que estremece.

Valhalla Rising contrapone el cristianismo que, en sus inicios, se le supone una religión más civilizada (solo se le supone claro, basta fijarse en la escena con la pira de cadáveres de infieles calcinados), con la de un pueblo primitivo practicante de un culto entre cuyos rituales se encuentran la descarnación (arrancar la carne de los huesos), los sacrificios humanos y el canibalismo, destrezas, todas ellas, habituales en las religiones de la Prehistoria.

En Valhalla Rising se trata el tema de la religiosidad, sí, pero no dejas de tener la sensación de que campan por ahí mensajes escondidos, encubiertos, velados, subrepticios, furtivos, que el director, descarado él, te reta continuamente a encontrar.

El negro de lo desconocido, el dorado de las llamas y el rojo de las visiones sangrientas, son los Pantone de esta película que, por el racionamiento de la palabra, constituyen una parte muy importante de la historia: sugieren, incitan, informan, aterrorizan.

La atmosfera retratada (gracias a la excelente fotografía de Morten Søborg) es oscura, siniestra, irreal y opresiva. Puede que dudes del significado de lo que ves (para representar realidades abstractas, pensamientos ocultos y comunicar emociones, la cinta hace gala de un contenido simbólico que en ocasiones desconcierta), pero estás completamente hipnotizado por lo que estás viendo en pantalla, por cómo lo estás viendo.

Si quieren algo diferente, algo que les sorprenderá y hará pensar, no se pierdan Valhalla Rising.

Valhalla Rising (2009) - Filmaffinity

Comentarios