Opinión

Todo a la vez en todas partes

Sinopsis:

«Cuando una ruptura interdimensional altera la realidad, Evelyn (Michelle Yeoh), una inmigrante china en Estados Unidos, se ve envuelta en una aventura salvaje en la que solo ella puede salvar el mundo. Perdida en los mundos infinitos del multiverso, esta heroína inesperada debe canalizar sus nuevos poderes para luchar contra los extraños y desconcertantes peligros del multiverso mientras el destino del mundo pende de un hilo».

Parece que lo del multiverso, lo que viene a decir es que, además de la nuestra, existen realidades alternativas en las que nuestras decisiones se desarrollan de forma diferente y producen resultados distintos. Es decir, que podría haber versiones de nosotros, mejoradas o no, viviendo muchas otras vidas diferentes.

En cualquier caso, como la única realidad perceptible para ti es la que habitas, las interacciones entre realidades distintas, por creativas que sean, siempre me han resultado tremendamente aburridas.

Y no crean que no lo he intentado. El Doctor Strange y las series The Man in the High Castle o Dark, dan fe de ello. Pero no, no ha habido manera.

Pese a la sinopsis de Todo a la vez en todas partes, que parece anunciar grandes efemérides que te dejarán con la boca abierta en un verso, mientras tu ¡ohhhh!, de asombro, se deja oír en otro, mi resumen del asunto es muy básico, hasta primario si quieren.

Lo que yo, simple espectadora mortal, entendí de esta loada y multipremiada obra, es que trataba del problema que se genera en una familia cuando su “vástaga” les anuncia que es lesbiana. Frente al abuelo, horrorizado, que se mesa los cabellos ante tamaña perversión, el rechazo inicial de la madre se transforma en una fuerza arrolladora capaz de traspasar todos los límites del espacio tiempo para proteger a su cachorra del mundo y de su propia familia.

Así, mientras en, digamos, la planta baja de ese confuso multiverso, la familia lucha unida contra la burocracia de la hacienda pública, a quien presta su adusto rostro Jamie Lee Curtis, en el resto de escenarios posibles, la super matriarca del clan tira de artes marciales, o lo que se tercie, para luchar contra el fisco, los prejuicios, sus hijos y hasta el padre que la engendró.

Según la teoría de los mundos múltiples, los universos se ramifican cada vez que existen dos probables salidas a un suceso cualquiera. Es decir, todas las situaciones posibles, derivadas de un hecho concreto, están recogidas en otro universo (quien sobrevive a un accidente en el universo A, muere en el B). Así las cosas, ¿cuál de ellos somos nosotros? ¿El que fallece, el que vive, el que no viaja? Si son dobles nuestros, o clones, entonces ¿somos o no somos nosotros?... ¡Bufss!

Ante este caótico panorama, pienso que, tal vez, en el fondo de esta película lo que subyace solo es un intento de mostrar, en diferentes tomas consecutivas y con diferentes adornos, aquello de “y si en vez de…. hubiera…”.

Seguro que, en caso de preguntarle, el Doctor Sheldon Cooper, de la serie The Big Bang Theory, diría que Todo a la vez en todas partes es una película contrafactual (en historia, física o economía, se denomina contrafactual a todo acontecimiento o situación que no ha sucedido en el universo actualmente observable por la investigación humana, pero que podría haber ocurrido) y se quedaría tan pichi.

Si los humanos tuviéramos los ojos de las moscas (dos compuestos con miles de pequeños ojos internos, llamados omatidios, y tres simples, llamados ocelos) que nos permitieran gozar de su visión de 360 grados (captan todos los movimientos a su alrededor y los procesan, simultáneamente, en un segundo), a cámara lenta (captan imágenes estáticas para enviarlas al cerebro en forma de destellos) y su daltonismo (que les impide ver ciertos colores que distraigan su atención), puede que esta película tuviera más sentido porque seriamos capaces de contemplar, a la vez, y sin que se nos escapara el más mínimo detalle, las peleas, los viajes en el tiempo y ese supuesto humor que yo no encontré por ningún lado, es decir, todos los universos infinitos que laten en el origen de la historia que el director nos quiere contar.

Pero como no es así, lo que vemos, al menos en mi caso, es una historia tediosa, larga y sin sentido, en la que, de destacar algo, sería la supuesta originalidad de la propuesta, es decir, el guion, pero, en ningún caso, las actuaciones.

Lo cierto es que, para vivir otras vidas y probarme otros nombres (Sabina dixit), en vez de metaversos y tecnologías que ya, prácticamente, controlan todos los aspectos de nuestra existencia, prefiero lo clásico: la lectura.

¡Denme un buen libro y llámenme antigua!

cartel pelicula

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