Opinión

Romeo y Julieta despiertan

«- ¡Ah! Muerte, fin del infortunio y principio de la felicidad, sé bienvenida. No temas herirme en este instante; no prolongues mi vida un segundo si no quieres que mi espíritu se afane en buscar el de mi adorado entre ésos que ahí yacen. Y tú, mi dueño querido, Romeo, mi leal esposo, si es que aún sientes lo que digo, recibe a la que has amado fielmente y ha sido causa de tu fin violento. ¡Yo te ofrezco gustosa mi alma para que nadie goce después de ti del amor que supiste conquistar, y para que ella y la tuya, fuera de este mundo, vivan juntas por siempre en la mansión de la eterna inmortalidad!».

Así lo dejó escrito el conocido como Bardo de Avon y así hubiera seguido de no ser porque…

De la mano de Entrecajas Producciones Teatrales SL, teniendo como autor intelectual del plan a Eberhard Petschinka, y director a Rafael Sánchez, la noche del 24 de febrero de 2024, Romero y Julieta (la mítica pareja, paradigma de los amores románticos e imposibles), fueron víctimas de un acto, más o menos lícito, en el que, utilizando datos personales e información sobre su vida (que quedaron registrados para la posteridad en la célebre obra que lleva su nombre), y sin el consentimiento de su creador (difícil de obtener dadas las circunstancias), fueron devueltos a la vida con el único objetivo de demostrar que, cuando Shakespeare escribió que la muerte es el fin de todo, al igual que la paloma de Alberti, se equivocaba.

El maestro de ceremonias da comienzo la función presentando a los actores que interpretaran a estos nuevos Romeo y Julieta talluditos.

Aplausos para Ana Belén (principal motivo por el que yo me encuentro en la sala) que, mientras aparece su pareja (que llega tarde como el Conejo Blanco de Alicia), aprovecha para dirigirse al público y contarnos que, años ha, interpretó a Julieta para Estudio 1 (programa dramático producido por TVE, emitido desde 1965 hasta 1984, que consistía en la representación televisada de una obra teatral).

Quienes admiramos a esta mujer, la gran mayoría de los presentes supongo, conscientes de que, quien nos recita, canta y baila, es una gran diva de la interpretación y la música, prestamos especial atención a cada palabra que pronuncia.

Su voz, los gestos, la suavidad de sus movimientos, forman un compendio que habla de años de experiencia sobre las tablas, ante las cámaras, frente a micrófonos. Una presencia escénica que llena el espacio y el tiempo y que te hace sentir que podrías estar escuchando a esta Julieta, solo a ella, todo el tiempo que dura la función.

Tanto es así que, cuando aparece Romeo (a quien presta su imagen Jesús Noguero), a mí, particularmente, me fastidia.

Mientras Ana Belén, con solo modular la voz, y acelerar o suavizar el movimiento, es capaz de hacernos ver a una niña o una persona de la tercera edad, los aspavientos y el hablar verbenero de este Romeo desmemoriado me irrita, porque, inevitablemente, me recuerda algunas series televisivas que, pese a nutrirse de tópicos, lugares comunes y chistes malos, incomprensiblemente, para mí al menos, llevan años siendo lideres de audiencia.

Si a eso se une un guion vacuo, sin sentido, el resultado no puede ser otro que el aburrimiento.

En teoría, este atentado a la obra original tiene como objetivo explicar que el amor es posible pasados los cincuenta.

Se supone que vamos a ver otra versión de la vida de Romeo y Julieta. Una en la que han llegado a la edad adulta y nos van a contar “la verdadera historia de los amantes más famoso del mundo”.

Pero eso no ocurre.

Cuando despiertan, cincuenta años después, y descubren que no han muerto, pero si envejecido, ninguno se reconoce en los ojos del otro. Entonces, como desconocidos que se acaban de encontrar, ella le narra el devenir de sus amores con Romeo, condenados por pertenecer ambos a familias enfrentadas, mientras él, aquejado de amnesia, no se sabe si temporal, por el impacto de resucitar en una cripta, o porque empieza a presentar síntomas de demencia senil, la escucha sin que, en ningún momento, reconozca que es él la persona de quien ella le está hablando.

¡Ni historia nueva, ni Cristo que lo fundó!

Es la misma que escribió Shakespeare, aunque, para hacerla parecer otra cosa, esté amenizada por un trio musical (violonchelo, guitarra y piano) que dobla turno, ya que, además de tocar sus respectivos instrumentos, dan vida a otros personajes.

Entre esos personajes, por cierto, cada aparición del ama (José Luis Torrijo), cual Vieja'l Visillo de José Mota, moviendo su esqueleto al Ritmo de la noche, es celebrada por un público que, apático, se agarra a cualquier instante que rompa la monotonía de la obra.

Desbordante de oficio, a Ana Belén se le quedaba corto el texto. ¡Y mira que se esforzaba!, pero era cuanto podía hacer con lo que tenía.

Hubiera dado cualquier cosa por estar en Mérida viéndola interpretar a Medea.

Tampoco me hubiera importado escucharla cantando Peces de ciudad o Pequeño vals vienés.

La noche del 24 de febrero de 2024, Romeo y Julieta despertaron, cuatrocientos años después, sobre el escenario del Teatro Auditorio El Greco de Toledo.

Hubiera sido preferible que no lo hicieran.

Romeo y Julieta despiertan
Romeo y Julieta despiertan

Comentarios