jueves 18.07.2019

Lady Bird

Solo tiene 23 años, pero se podría decir que Saoirse Ronan (actriz estadounidense de origen irlandés y nombre impronunciable) y yo somos viejas conocidas.

Nuestro primer encuentro se produjo allá por 2009. Nos presentó Peter Jackson en The Lovely Bones, adaptación de la novela homónima de Alice Sebold. Desde mi cielo (título con el que se editó en España) me resultó original por la forma de narrar la historia. Me gustó tanto que después leí las otras dos novelas que, hasta la fecha, Alice ha publicado: Casi la luna, donde explora las relaciones entre madre e hija, que no me convenció, y Afortunada, un estremecedor relato autobiográfico sobre la violación que sufrió la autora y que, pese a su crudeza, les recomiendo.

Prefiero la novela, pero reconozco que la película de Jackson tiene cosas malas (abusa de las imágenes psicodélicas, el universo en el que queda atrapada la protagonista está poblado de situaciones que resultan bastante ñoñas, algo que no ocurre en el libro, y el crimen queda en un segundo plano) pero también buenas como, por ejemplo, las interpretaciones de Susan Sarandon, una abuela genial y atractiva, y la del asesino al que Stanley Tucci presta su rostro.

Que a los catorce años te otorgue su confianza el director de El Señor de los Anillos, una de las trilogías más famosas de la historia del cine, tiene que producir un Vértigo aún mayor que el experimentado por la bella y fría Kim Novak de la mano del maestro Hitchcock. Pese a ello, Saoirse Ronan no solo salió airosa de la prueba sino que su interpretación de Susie Salmon le valió una nominación como Mejor actriz en los Premios BAFTA y otra como Mejor intérprete joven en los Critics' Choice Awards de ese año.

Apenas supimos nada la una de la otra hasta que John Crowley, director irlandés, le ofreció el papel protagonista en Brooklyn, la maravillosa historia de la joven Eilis Lacey quien, en los años cincuenta, decide abandonar su Irlanda natal y viajar a Nueva York para labrarse un futuro. Y Saoirse volvió a hacerlo. Su nombre apareció en todas las nominaciones a Mejor Actriz de 2015: Critics Choice Awards, Críticos de los Ángeles, Círculo de Críticos de Nueva York y, como colofón, Oscar.

Así que, con mi respeto asegurado, esperaba ansiosa el estreno de Lady Bird película con la que mi querida Saoirse vuelve a lograr una autentica cascada de nominaciones y premios.

Greta Gerwig, curtida guionista y directora novel, nos introduce en la vida de Christine McPherson una estudiante de 17 años que cursa el último año en una escuela secundaria católica ubicada en los suburbios de Sacramento (“el lado equivocado de las vías”), California, donde vive con sus padres, su hermano mayor y la novia de éste. Mientras el matrimonio se enfrenta a diario con dificultades económicas para seguir adelante, debe aprender a sortear las barreras de comunicación que, a medida que los hijos crecen, ahondan la brecha intergeneracional.

La imaginativa Christine (se hace llamar Lady Bird como señal de rebeldía)  sueña con estudiar en una universidad de la Costa Este, motivo por el que mantiene una tensa relación con su madre que se opone a su marcha.

Lady Bird, haciendo honor a su nombre elegido, quiere volar. Se avergüenza de su religión, del lugar donde vive, y siente un rechazo absoluto hacia la madre (¡maravillosa Laurie Metcalf!) y su empeño en que tenga los pies en la tierra.

Pero Christine, que nada sabe ni quiere de sacrificios ni de lo que cuesta conseguir el dinero, rechaza desafiante la protección materna, que siente como un yugo, y ansia alejarse para romper definitivamente el hilo que la mantiene unida a su progenitora.

A punto de dejar atrás la adolescencia, que funciona como un rito de paso en el que cualquier cosa puede ocurrir porque los adolescentes ni son niños ni son adultos, Christine siente que se acerca el momento de  integrarse de lleno en el mundo de los mayores, algo que anhela tanto como teme.

Cuando ve cumplido su deseo de huida de todo lo conocido, y experimenta esa libertad tan buscada e idealizada, de pronto se encuentra con que añora su hogar, echa de menos discutir con su hermano, extraña a su padre y, sobre todo, se da cuenta de lo orgullosa que se siente de su madre, de cuánto se parece a ella y de lo estúpida que ha sido por ser incapaz de decirle cuanto la quiere y admira.

No es una gran historia pero, por su cercanía y cotidianidad, resulta tremendamente conmovedora.

CARTEL LADY BIRD

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