lunes 21.10.2019

La favorita

Canino (2009) me abrió la puerta al universo de Yorgos Lanthimos, de quién no había oído hablar hasta entonces, y lo que encontré, como le ocurrió a otros muchos espectadores, me descuadró completamente.

En dicha película este director griego narra, de manera sorprendente y no exenta de un humor caustico, como unos padres que se oponen a que sus hijos reciban cualquier influencia exterior, manipulan la vida de su progenie mediante mentiras y el uso arbitrario del lenguaje. Al cambiar a su antojo el significado de las palabras consiguen mermar su capacidad para comunicarse con otros seres humanos. El resultado son unas escenas hilarantes que te producen, al mismo tiempo, estupor y claustrofobia por lo que implican.

Al eliminar de la vida de sus hijos la influencia de los otros dos grandes agentes de socialización, la escuela y el grupo de pares, queda en manos de la familia, tercer agente, la educación de los menores. Así esos padres irresponsables, decididos a ser la única referencia de comportamiento y fuente de información para sus descendientes, montan un sistema de normas y valores que los adolescentes no pueden cuestionarse porque carecen de referencias para comparar. Ellos deciden la diversión, la comida, el castigo…

La labor de control y aislamiento alcanza su máxima expresión en el código férreo que el padre inventa y que supone una condición indispensable para poder abandonar el domicilio familiar. Y aquí, demostrando un extraordinario conocimiento del comportamiento humano y de los dilemas a los que nos enfrentamos a lo largo de nuestra existencia, Lanthimos muestra como lo que somos no solo es fruto del proceso de socialización al que nos vemos sometidos nada más nacer, sino que es la suma de éste, de nuestra experiencia vital y de las características personales.

Así que cuando la hija mayor, cuya curiosidad y ansia de saber no pueden domeñar los padres ni con mentiras ni con golpes, decide que ha llegado el momento de conocer mundo, cumple a rajatabla el código establecido por el padre para poder salir, aunque ello suponga lesionarse físicamente de manera brutal.

Canino es tan original, tan sorprendente, tan divertida a la par que trágica, que aunque al principio ejerces como un espectador neutro porque no acabas de entender lo que estás viendo en pantalla, terminas totalmente rendido y entregado al buen hacer de Lanthimos.

Por eso aunque Langosta, la segunda película que vi de este director, me aburrió sobremanera, fue tanto el impacto de la primera que tenía claro que ambos volveríamos a encontrarnos en la oscuridad de una sala de cine.

Y aquí está La favorita.

A principios del S. XVIII, Inglaterra está en guerra con Francia. La débil y enfermiza reina Anne (última de la dinastía de los Estuardo) ocupa el trono pero, debido a su estado de salud y su carácter caprichoso e inestable, es la carismática, atractiva e inteligente Lady Sarah Churchill, confidente e íntima amiga de la monarca desde la infancia, quien gobierna el país. Cuando Abigail, aristócrata caída en desgracia y pariente de Lady Sarah, llega al palacio para trabajar como sirvienta no tarda en ganarse la confianza de su prima. A fuerza de observación, mucha astucia y falso encanto, la discípula termina superando a la maestra.

La favorita desembarca en nuestras pantallas precedida de un aluvión de buenas críticas y merecidísimos premios.

Al tratarse de un drama de época, casi resulta inevitable pensar que el director intenta dar un giro de ciento ochenta grados a su carrera. Pronto te das cuenta de que no es así, porque los elementos más característicos del cine de Yorgos no tardan en hacer acto de presencia.

Las escenas surrealistas, marca de la casa, abundan. Como esa en la que los nobles se entretienen celebrando una tomatina, al más puro estilo buñolense, pero teniendo como blanco único a un seboso miembro de su clase ataviado, tan solo, con una de esas ridículas pelucas de la época (me pregunto si en lo absurdo del comportamiento de la clase alta influía el hecho de que, en ocasiones, esas pelucas estaban hechas de pelo de cabra).

Tampoco escasea el humor (en ocasiones grosero) aunque, como le gusta a Lanthimos, no es un humor instantáneo sino de efecto retardado. Sus ocurrencias (como las frases de presentación de los diferentes episodios) anidan en tu cabeza y, tras un breve periodo de incubación, eclosionan cuando menos te lo esperas y nace una sonora carcajada.

Y luego están ellas: Rachel Weisz, Emma Stone y Olivia Colman. Un trío de damas imposible de superar por ninguna otra mano, escalera real incluida.

Tan fuertes como inseguras. Tan insensibles como necesitadas de afecto. Tan insidiosas y crueles como tiernas.

Tres mujeres que movidas por la ambición, el ansia de poder y los celos, se enfrentan en una batalla silenciosa y sin cuartel. En la lucha por ser la más fría y despiadada las tres logran momentos gloriosos pero, al final, las humillaciones a las que unas someten a las otras les serán devueltas en igual o mayor proporción.

Una red de mentiras, manipulaciones y destrucción, que acabará con una en el exilio, otra arrepentida por lo que ha perdido y la otra llorando por haber alcanzado lo que soñaba.

La favorita es una película inteligente, mordaz y absurda. Tan profunda como ligera, aúna tragedia, comedia y unas interpretaciones femeninas de Oscar.

No se la pierdan.

LaFavorita

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