Opinión

Carmen ya no Mola tanto

La concesión del Premio Planeta de novela 2021 a Carmen Mola, ha desvelado que bajo ese nombre no se encuentra una mujer sino tres hombres.

La polvareda que ha generado este descubrimiento recorre tuiter enfrentando a escritores, escritoras, lectores, librerías, editoriales, reseñadores, algún que otro organismo oficial, y, como no, a políticos que, expertos en tergiversar los hechos a conveniencia, nunca pierden la oportunidad de hacer apología de lo suyo.

Como lectora de la trilogía de la inspectora Elena Blanco, y reseñadora de La red purpura primero y La nena después (entre ambas leí La novia gitana), me he sentido envuelta, indirectamente, en una polémica de la cual no comparto la mayoría de las críticas que he leído en las redes sociales, especialmente las opiniones de quienes gustan bajar al barro tuitero, lugar donde se olvidan las formas y el recurso a la mofa y el insulto son el arma más certera:

La envidia, que desenrosca
su cuerpo y muerde con maña;
y en la tela de la araña
a cada paso la mosca...
¿Eres artista? Te afeo.
¿Vales algo? Te crítico.
Te aborrezco si eres rico,
y si pobre te apedreo.
Y de la honra haciendo el robo
e hiriendo cuanto se ve,
sale cierto lo de que
el hombre del hombre es lobo.

(Prólogo II, Rubén Darío)

Ingeniosa promoción, puro marketing o simplemente una broma que, el éxito inesperado de La novia gitana, aconsejó alargar en el tiempo… El motivo por el que Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero decidieron escribir novelas bajo un seudónimo femenino solo lo saben ellos (y su editorial, probablemente).

Sobre esta trinidad literaria (Carmen Mola es una y trina), encuentro tan ridículo decir que la concesión de este premio demuestra que “tres hombres blancos necesitan firmar con nombre de mujer para poder ganar ciertos premios”, como decir que “hacen faltas tres hombres para hacer el trabajo de una mujer”.

Cuando no paran de salir, de debajo de las piedras tuiteras, gente avispada asegurando que siempre supieron que esta Carmen eran, en realidad, tres Carmelos, no me duelen prendas en reconocer que, en mi caso, la mayor parte del tiempo pensé que era una mujer quien escribía. Dado que la campaña publicitaria de sus libros incidía en la identidad oculta de la escritora, comparándola, una y otra vez con Elena Ferrante (sea hombre o mujer, su tetralogía Dos amigas es una auténtica maravilla), era inevitable hacer alguna que otra cábala sobre el tema, pero, la verdad, tampoco es que me importara demasiado.

Descubrir que son hombres, no cambia en nada mi opinión sobre las novelas que han escrito bajo el seudónimo de Carmen Mola.

Saber que se trata de tres guionistas que han participado en algunas de las series españolas de mayor éxito televisivo, como Crematorio, o, más recientemente, La caza: Monteperdido (basada en la novela Monteperdido de Agustín Martínez) y La caza: Tramuntana (el episodio número 6, titulado S’Illa, dirigido por David Ulloa y escrito por Antonio Mercero, es, en mi opinión, el mejor de las dos temporadas), explica algunas de las cosas que recalqué en mi reseña sobre La red púrpura.

Por ejemplo, la forma («No es La Red Púrpura un libro que destaque por un estilo florido. La ¿autora? reniega de cualquier adorno o artificio y se limita a utilizar un lenguaje neutro, claro y directo que no distraiga la atención del fenómeno delictivo, lo verdaderamente importante en La Red Púrpura, y las múltiples caras que éste puede adoptar: secuestro, trata de personas con fines de explotación sexual, apuestas ilegales, tráfico de drogas y asesinato»), o el exhaustivo conocimiento que demuestran tener del trabajo de policías, forenses, tratamiento de las víctimas, recreación de la escena del crimen o funcionamiento del sistema judicial.

Con la saga de la inspectora Blanco, Jorge, Agustín y Antonio, sumergieron a sus lectores, que no son tres sino legión (así lo acreditan las cifras de ventas), en un mundo de criminales y asesinatos que cuanto más rozaban el sadismo, al más puro estilo Pierre Lemaitre, más fervor despertaban.

La novia gitana me resultó entretenida sin más (supongo que influyó el haberla leído en segundo lugar).

Que La red púrpura me fascinó es un hecho: «Lo que sí puedo asegurarles es que esta Carmen, «mi» Carmen desde ahora, escribe con conocimiento de causa, brío, agilidad mental y esa misma pasión de la que hacía gala la Carmen más famosa de nuestro país (al menos hasta el momento), la gitana cigarrera de la Fábrica de Tabacos de Sevilla nacida de la pluma de un gabacho, Prosper Mérimée, y encumbrada por la música de otro, Georges Bizet… ¡tan francesa y sin embargo tan española!»

Pero que La Nena me decepcionó, también lo es: «La insistencia en esto del gender fluid en más de un capitulo me ha resultado bastante cargante (…) Que se recurra a hijos secretos para animar las tramas, típico recurso de telenovela, da un poco de risa, la verdad. En esta tercera entrega, Carmen Mola (sea una mujer, dos, tres o cuatro hombres) cede todo el protagonismo a la TRUCULENCIA (…) La historia de la granja de los horrores, no apta para estómagos delicados, es una digna aspirante a formar parte de Saw, la saga gore más famosa del universo cinematográfico».

Como lectora y reseñadora, ni me siento estafada ni engañada por el hecho de que, quien creía mujer sea un hombre. Bueno tres.

Lo de que gane el Premio Planeta la obra de una “autora” cuya primera novela, La novia gitana, adaptará para la televisión Atresmedia, cuyo mayor accionista (41,7%) es el grupo Planeta de Agostini, eso ya es otro cantar…

Quiénes son los tres guionistas detrás de Carmen Mola

Comentarios