Opinión

Así barría, así, así

Corría el año 1974 cuando Miliki, Emilio Aragón padre, heredero de una larga tradición familiar circense, que triunfó, junto a sus dos hermanos, en la España de esos años con el programa El gran circo de TVE, compuso la canción titulada Los días de la semana que dice así:

Lunes antes de almorzar,

una niña fue a jugar,

pero no pudo jugar

porque tenía que planchar.

Martes antes de almorzar,

una niña fue a jugar,

pero no pudo jugar

porque tenía que coser.

Miércoles antes de almorzar,

una niña fue a jugar,

pero no pudo jugar 

porque tenía que barrer.

Jueves antes de almorzar, 

una niña fue a jugar,

pero no pudo jugar 

porque tenía que cocinar.

Viernes antes de almorzar,

una niña fue a jugar,

pero no pudo jugar

Porque tenía que lavar

Sábado antes de almorzar,

una niña fue a jugar,

pero no pudo jugar

porque tenía que tender.

Domingo antes de almorzar,

una niña fue a jugar,

pero no pudo jugar

porque tenía que rezar.

Frente a los últimos estertores de la dictadura franquista, la sociedad no estaba para valoraciones ni cuestionamientos de canciones infantiles que, por otro lado, lo único que hacían era reflejar la realidad de la mayoría de las mujeres de la época («Las menores de edad, entonces hasta los veintiún años, aunque las hijas no podían abandonar el hogar paterno hasta los veintitrés años, “salvo para tomar estado”, estaban bajo la tutela de los padres y las casadas bajo la tutela de sus maridos. ¿En qué se traducía esta tutela? Por ejemplo, en que las mujeres no podían elegir por sí mismas una profesión y ejercerla, realizar ninguna operación de compraventa, firmar un contrato de trabajo o la apertura de una cuenta bancaria sin la correspondiente “autorización marital”. Por no poder, las mujeres casadas no podían no solamente disponer de sus propios bienes sin la autorización del marido, sino que ni siquiera podían disponer de sí mismas: cualquier cosa que quisieran hacer debía contar con la firma del marido», Mujer y dictadura franquista, Manuel Ortiz Hera, Universidad de CLM).

Estamos en 2023 y El Manifiesto del PCE ante el 8 de marzo, Día internacional de las mujeres trabajadoras, parece gritar que cincuenta años no son nada.

Si, pese a las reivindicaciones, a las manifestaciones, silenciosas unas veces y exaltadas otras pero siempre multitudinarias, al esfuerzo por llegar a la educación superior, a la lucha por el acceso, en condiciones de paridad, a profesiones catalogadas como masculinas, a la batalla, en fin, por la igualdad real y efectiva con los hombres (compartir las tareas domésticas y el cuidado, denunciar el sexismo y el acoso, acabar con la brecha salarial de género, desafiar los estándares de belleza, etc.), la única palabra que se le ha ocurrido al PCE para dignificar la lucha de las mujeres durante todos estos años es “barrer”, acompañada de las imágenes de unos brazos, supuestamente femeninos, levantando una escoba, un mocho, un cepillo y una pancarta, resulta cuando menos, sorprendente.

En términos de satisfacción por la labor realizada, si comparamos el trabajo de la explotada niña de la canción de Miliki con el de la mujer del PCE ésta sale perdiendo, ya que, mientras la primera, es multitarea, la segunda está constreñida a la “barrienda”.

Por eso, si la niña de Miliki hubiera sido la musa que inspirara el cartel del 8 M Comunista de 2023, los diferentes brazos que aparecen en el mismo enarbolarían una plancha, una aguja, la consabida escoba, una sartén, una antigua tabla de lavar la ropa (sujetar una lavadora en vilo seria cosa de machos mazados), las pinzas y, por último, nada de pancartas, sino las manos juntas en señal de oración y AMEN.

Que sí, que, aunque el diccionario de la Real Academia Española, recoja algunas acepciones del verbo “barrer” que enaltecen su significado más prosaico, como, por ejemplo “Acabar con algo o con alguien o destruirlos” o “Vencer de forma contundente a un adversario”, el hecho es que, escogerlo como estandarte del 8M (el 46% de las mujeres se encarga de la mayor parte de las tareas domésticas mientras que solo el 15% de los hombres asume esta responsabilidad), no parece lo más acertado.

Si la elección de las comunistas del PCE solo permite “dar un escobazo al sistema capitalista” o “barrer el patriarcado”, elegir a la niña de Miliki hubiera permitido, además, coser bocas que siguen abogando por la vuelta a los valores del pasado más reaccionario, planchar, estirar y dar brillo a nuevas formas de entender el mundo, lavar conciencias, tender puentes hacia el entendimiento de ambos sexos y, en cuanto a lo de rezar, que cada cual decidiera por qué o quién hacerlo o no hacerlo.

Que no, que Este 8 de marzo, las mujeres unidas #BarriendoAlPatriarcado, no es un lema capaz de unir a las mujeres bajo su paraguas.

De hecho, ha generado tanta polémica, cabreos y, especialmente, burlas, que los del PCE van a tener que emplearse a fondo para limpiar la capa de rancidez que se les ha adherido a la ropa.

¡Suerte con esa tarea domestica!

8 M COMUNISTAS

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