jueves 23/9/21

Violencia porque sí

Existe algo peor que la violencia gratuita: la violencia doblemente gratuita. Esto es, aquella que se ejecuta porque sí, y, encima, sale gratis. Pues bien; tal es la naturaleza de la violencia con cuyas imágenes nos desayunamos últimamente los lunes, protagonizadas por hordas de criaturas de poca edad y menos seso que parecen complacerse inexplicablemente con la destrucción del mobiliario urbano, con el apedreamiento de los guardias, con la tortura acústica del vecindario, con la rotura de escaparates y, si la noche llega al clímax, con el saqueo de los comercios.

A un cirujano español, el doctor Juan José Segura, la reina de Inglaterra le ha concedido la Orden del Imperio Británico por averiguar la razón, llamémosla razón, por la que los jóvenes súbditos de Su Majestad de vacaciones en España sienten una irrefrenable inclinación a hacer "balconing" en sus diferentes modalidades, ora arrojándose desde un cuarto piso a la piscina del hotel, ora trepando de terraza en terraza, en ambas con resultados funestos. Sin intención de desmerecer la investigación de nuestro cirujano, usted, lector, o yo mismo, podíamos habernos hecho acreedores de esa espléndida Orden del Imperio al llegar, y en menos tiempo que el doctor Segura, a la misma conclusión que él: se matan de esa forma, o se lastiman gravemente, porque van borrachos como cubas.

Pues bien; sin ser británicos, a nuestros jóvenes de los aquelarres callejeros que se enredan en peleas tumultuarias o la emprenden a botellazos con los guardias, les pasa lo mismo, que llevan un pedo descomunal, que están tan alcoholizados que la única neurona que les funcionaba se les fundió de súbito y sin regeneración posible. Naturalmente, les pasan más cosas, pero para eso están los psicólogos, los sociólogos, los politólogos, los psiquiatras e incluso los contertulios que lo mismo valen para un roto que para un descosido, para explicar qué más cosas les pasan a esos mequetrefes para ser tan violentos, pero el fulminante, el activador de su conducta no es otro que el alcoholazo que se meten entre pecho y espalda, y de común con el estómago más vacío, si cabe, que sus mentes.

De la normalización del coma etílico juvenil y de las recurrentes reyertas callejeras de los fines de semana no se puede responsabilizar a sus actores, pues son unos perfectos irresponsables, sino a quienes, teniendo el mandato de velar por la convivencia pacífica, los bienes públicos y la seguridad en el trabajo de los curritos del orden, asisten pasivos, como irresponsables también, a ese sindiós de la violencia doblemente gratuita.

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