Opinión

Áquel Torra, éste Feijóo

Mentar una guerra, la de los Balcanes, en estos momentos en que otras, terribles, desvelan a qué simas de iniquidad y depravación puede caer la condición humana, tiene delito, pero mentarla buscando en ella alguna relación con nuestra actualidad política, lo tiene doble.

La "balcanización" a la que aludió Feijóo el otro día queriendo augurar lo que sucederá en España si Pedro Sánchez acepta las condiciones de los separatistas catalanes para obtener su apoyo en la investidura, no fue la causa del fín de la Yugoslavia de Tito, sino que lo fue su inevitable descomposición a la muerte de éste, que se la había inventado y murió, entre horribles convulsiones, con él. Nada que ver con España, y nada que ver, pues, aquella guerra resultante de todos contra todos, de genocidios y "limpiezas" étnicas.

Al reparar en su metedura de pata por el efecto que su malhadada comparación suscitó en la opinión pública, en la medianamente instruida cuando menos, quiso recomponer su desaguisado con explicaciones traídas por los pelos y sustituyendo el concepto de "balcanización" por el de "reinos de Taifas", pero el mal sabor que dejó su inicial analogía permanece, toda vez que a disiparlo no contribuye su feroz y callejera contumacia en debelar la posible amnistía, que sí, que se concedería para pillar el apoyo de los independentistas, pero que también podría cancelar, hasta la próxima ventolera, el tiempo de tristes episodios derivados del "procés" y de aquellas "leyes de desconexión" ideadas por cuatro perturbados.

Uno de aquellos perturbados (no es por faltar, es que perturbaron lo suyo la vida de la nación y la convivencia entre los propios catalanes), el ínclito Torra, ya incurrió en su día en lo mismo que Feijóo, y de una manera, si cabe, más bestia. Él no habló de "balcanización" en general, sino de una de sus partes, Eslovenia. De pronto, el iluminado Torra dejó estupefacto al país con su encendida loa a la "vía eslovena" a la independencia. Cien muertos, los que costó, no debía parecerle elevada tarifa para pagar su grosera ensoñación.

Torra y Feijóo, Feijóo y Torra, se fijaron en los Balcanes, pero debió uno y debería el otro fijarse en otra cosa. Por ejemplo, en la necesidad política de hablar sensatamente. Sólo hablando así se está en disposición, por lo menos en disposición, de entenderse.

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