Opinión

Haciendo amigos

Así, "Haciendo amigos", podría haber titulado Alberto Núñez Feijóo su participación en El Club de la Comedia. Escuchándole, nadie diría que el postulante para dirigir desde el Gobierno de España los destinos de la nación fue al Congreso con el propósito de granjearse la amistad, el voto, de nadie. Sólo para Vox tuvo palabras fraternas.

El que dijo despreciativamente, en una de sus réplicas, que no iba a participar en El Club de la Comedia, calificativo que dio a los debates de su ficticia sesión de investidura, convirtió cada una de sus intervenciones precisamente en eso, en un remedo del mal monologuista que a menudo actúa en dicho espectáculo. Imbuido, no se sabe por qué, de la convicción de ser muy ocurrente y muy gracioso, bien que en la modalidad de la ironía fina, desplegó lo más granado de su repertorio humorístico para solaz de sus pares, que lo acogieron con grandes extremos de entusiasmo e hilaridad. Pero con ello no hizo ni un amigo, que es a lo que supuestamente iba.

Despreciando y ridiculizando, cuando no infamando, a todos y cada uno de los grupos parlamentarios que en el hemiciclo representaban, como el suyo, al pueblo español, pero que a causa de algún gen anómalo en sus seseras no estaban por la labor de alfombrar con pétalos de rosas su quimérico camino a La Moncloa, no puede decirse que el candidato fue allí a hacer amigos. Fue a otra cosa, a hacerse ver y notar, pero el caso es que se le vio y notó demasiado. Tal vez debió reservarse algo por si en un futuro quisiera de verdad hacer nuevos amigos.

Sólo Aitor Esteban se percató, y así lo comentó en la Cámara, de que era Feijóo, y no sus contradictores, quien había convertido la solemne sesión en El Club de la Comedia. En su rosario de chascarrillos, cada vez que soltaba uno, dirigía su mirada a la bancada afecta, esperando, solicitándolo más bien, el aplauso, pero aunque la bancada afecta no se lo escatimó, el líder popular no logró arrancar ningún otro del resto de sus estupefactas señorías.

No, Feijóo no fue al Congreso a hacer amigos, pues con sectarismo, mentiras e insidias no se hacen de veras, y no los hizo. Sólo necesitaba cuatro, siquiera de fortuna o interesados, pero no fue a eso, sino a dejar su mensaje apocalíptico.

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