Opinión

Aquel ministro de Sanidad

El que fuera ministro de Sanidad, Salvador Illa, ha publicado un libro titulado "El año de la pandemia". No lo pienso leer. No porque tenga una inquina personal al socialista catalán, sino porque cuando un ministro escribe sobre sí mismo suele superar a lo que hubiera escrito su propia abuela. Hay un par de excepciones ocurridas en Gran Bretaña y Estados Unidos, pero, en general, los políticos, cuando hablan de ellos, suelen tener una mirada sobre sí mismos, que no es mirada sino ad-miración.

Pero si tenía alguna duda o curiosidad, se me derrumbó al enterarme de quién había escrito el prólogo, nada más y nada menos que don Fernando Simón, el que tranquilizó y sosegó nuestros miedos explicando -desde sus profundos conocimientos- que habría un caso o dos. El que bromeó sobre usar mascarillas, algo completamente inútil; el que dió la cara por el ministro, cuando la realidad y los cadáveres se impusieron a la falta de rigor y a la frivolidad, que comenzó con aquella manifestación masiva -escasamente recomendable dada la situación- y de la que fueron cómplices el autor del libro y el autor del prólogo.

Me imagino que no se explicará nada sobre ese comité de expertos, cuya composición jamás se supo, posiblemente porque nunca existió, y seguirá siendo un enigma que los muertos oficiales fueran unos cuantos miles menos que los muertos reales a causa de la pandemia.

Que conste, que la pandemia no fue culpa de don Salvador -¡paradoja de nombre cuando no había salvación!- ni de su prologuista, pero sí de la gestión, del barullo de las compras, de la gestión gubernamental, con intermitentes responsabilidades entre las autonomías y el Gobierno central, donde el ministerio ponía las reglas y las autonomías ponían los muertos, que no se contaban o se contaban mal.

Lo único que espero es que los derechos de autor del libro vayan destinados a alguna asociación u ONG. Porque sería paradójico que, sobre los cadáveres de más de cien mil personas, sobre el dolor de sus familiares, que ni siquiera se pudieron despedir de ellos, don Salvador Illa obtuviera beneficios por haber escrito un libro, donde cuenta lo buen ministro que fue, bajo su palabra.

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