lunes 29/11/21

Hermano lobo

La ministra del asunto está preparando un decreto para perseguir a los ciudadanos crueles que disparen contra un lobo en la península. El futuro decreto está avalado incluso por el Consejo de Estado, pero en sus largas explicaciones hay un apartado que me llenó de estupefacción: solicitar una partida presupuestaria para poder saber ¡el censo de lobos en España! Es decir, que se recarga de argumentos, supuestamente científicos, la necesidad de proteger a una especie en peligro de extinción, pero sin saber, en absoluto, cuántos lobos hay en España.

Solamente en Cantabria, el gobierno autonómico autorizó este verano abatir a una treintena de lobos, porque se habían registrado cerca de 700 ataques en los que habían muerto 1.200 reses en 9 meses. O sea, que el hermano lobo, únicamente en Cantabria, destroza y mata, cada día, a más de cuatro reses. Las muertes corren a cuenta del ganadero, porque el hermano lobo, como diría Francisco de Asís, de algo tiene que vivir. El ganadero de Cantabria, que se busque la vida.

Naturalmente aquí, como sucede en la Navidad, el punto de vista del cocinero y del pavo son muy diferentes. Los beatos ecologistas, que suelen vivir en grandes urbes, soñando los pobrecitos con poder residir en el campo, defienden los intereses del lobo, mientras los ganaderos —los pocos que quedan en la “España Vacía”— solicitan que les dejen vivir de su medio de vida y que no les compliquen todavía más su economía de mera subsistencia.

El disparate es de tal calibre, que el propio Gobierno aplaza la decisión hasta después de la Navidad, pero podremos asistir al procesamiento de cualquier pastor que haya herido de una pedrada a un lobo, que mordía en el anca a un cordero.

Cuando este Gobierno se dio cuenta de la despoblación de la España rural, y del vaciamiento paulatino de los pueblos, dijo que pondría en marcha un plan. Parece que el plan consiste en aumentar la población de lobos, y obligar a emigrar a los pocos seres humanos que tienen la valentía de resistir en la España agropecuaria, cada vez menos pecuaria, debido a los privilegios del hermano lobo.

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