Opinión

Volver a la casilla de salida

Enredarse en el debate sobre si la Historia es lineal o circular es volver a las andadas. Parece ciertamente un dilema nunca resuelto. ¿Ascendemos hacia una especie de cima histórica o damos vueltas como una peonza?

A pesar de estas dudas con pedigrí, no hace tanto hubo quien lo vio muy claro, quizás demasiado. Por ejemplo Fukuyama, que vino a decir que ni una cosa ni la otra, ni lineal ni circular, sino que la Historia se había parado (literalmente) en una especie de éxtasis contemplativo. Un milagro tan extraño como aquel en que se detuvo el sol.

La Historia, según este pensador, se había detenido para contemplar con arrobamiento y beatitud ensimismada el triunfo unánime de la democracia universal y sobre todo del "mercado" global, entendido este último concepto como sinónimo de una economía desregulada y sin ataduras, al albur de sus propios impulsos, incluidos los delictivos, o sea lo que se venia denominando capitalismo "salvaje" o neoliberalismo.

Caso notable de ceguera no percibir que el triunfo del extremismo neoliberal implica el fracaso asegurado de la democracia, al anteponer aquel extremismo el poder del dinero (plutocracia) a una política representativa guiada por el bien común y el beneficio de la mayoría.

Hoy ya sabemos todos que fruto de esa incompatibilidad, la democracia lejos de triunfar universalmente está en retirada y acechada por sus enemigos de siempre.

Y al contrario, el mercado desregulado y de motosierra, pródigo en daños y desastres, con su cuota anexa y generosa de delitos (también ecológicos), avanza imparable y no deja allí por donde pasa pollo con cabeza, salvo una exigua minoría que se zampa todo el pastel, disputando incluso las migajas que antes caían de la mesa y ya no. Con decirles que algunos magnates (aunque no todos) ya se niegan a pagar impuestos, y con ese objetivo tienen a su disposición toda una legión de operarios dóciles, y entre ellos algunos políticos serviles, luego recompensados con puertas giratorias y demás instrumentos logísticos del cambalache en curso.

La expresión "volver a la casilla de salida", aunque parecida a aquella otra de "volver a empezar", es sin embargo muy diferente.

La primera tiene un aura de fracaso y castigo, y un aliento pesimista. Es algo parecido a "volver a las andadas".

"Volver a empezar" sin embargo contiene un aliento optimista, de constancia y superación.

Yo me inclino por la opinión de que la Historia, que obviamente no se detuvo, como pretendía Fukuyama, está de hecho "volviendo a las andadas", retrocediendo a la casilla de salida. Los múltiples y variados signos que ofrece nuestra realidad presente, tensa y conflictiva, apuntan en esa dirección.

Ocurre también, y esto hay que reconocerlo, que estamos sujetos a una especie de espejismo o deslumbramiento producido por las indudables y muy rápidas innovaciones tecnológicas, cuyo brillo aparente puede distraernos de lo esencial: el retroceso, la pérdida, y la degradación de logros y conquistas que deberían considerarse irrenunciables e indiscutibles, en cuanto que son las que llenan de contenido la expresión "civilización occidental".

No sé si la expresión "fascismo amable" tiene algo que ver o se ajusta a la situación de ceguera que estamos viviendo de forma global: una especie de inquietud tensa y larvada por un lado, y por otro, un atolondramiento inexplicable pero muy extendido frente a disfraces y simulacros bastante toscos. Algunos hablan de infantilización.

Y en medio de esta mascarada atolondrada ¿Quién triunfa?

Pues podríamos poner como ejemplo máximo, en cuanto molde para otras copias siamesas, a Donald Trump, que se hizo famoso por una frase que Marian Martínez-Bascuñan nos recordaba en su último artículo para El País:

“Podría pararme en medio de la Quinta Avenida y disparar a alguien y no perdería votantes”, dijo el expresidente de USA, tierra de rifles.

Comentario: después de esa frase “ingeniosa”, en el asalto al Capitolio, hubo muertos.

Pues bien, el autor de esa frase insigne que pasará a los anales de la Historia de la infamia, sigue arrastrando masas muy parecidas a aquellas otras que en otras latitudes son abducidas por personajes como Bolsonaro, Milei, Abascal, o Díaz Ayuso, las copias siamesas de Donald Trump.

¿Y de donde proceden esas masas atolondradas y frenéticas? ¿Qué se hizo mal y se interpretó peor (por ejemplo Fukuyama) antes de que esas masas, que desprecian la democracia y ansían el látigo, ocuparán el primer plano de la Historia?

Esa es la cuestión.

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