Trump: el hombre bomba
Donald Trump, el hombre bomba, el candidato a premio Nobel de la Paz según el imperio de occidente, ya ha empezado a soltar bombas sobre Venezuela... "en una primera oleada".
Las bombas de los candidatos a premio Nobel de la paz se caracterizan por matar, igual da, a civiles y a inocentes. De ahí la candidatura tan prestigiosa a ese Nobel tan deseado. Es su tradición más reconocible y la estrategia más utilizada. Por ejemplo, durante el genocidio en Gaza, muchas de las bombas que cayeron y mataron civiles a mansalva sin distinguir entre niños, jóvenes y adultos, llevaban la firma de Donald Trump. De ahí que reclamase con todo derecho el prestigioso galardón. Así es nuestro mundo de hoy, perdido el mundo de ayer.
Se solía decir antaño que por donde pasaba Atila no crecía la hierba. Parece que a la tierra de Gaza, por donde han pasado Trump y Netanyahu, le ha pasado lo mismo. No solo ha quedado llena de cadáveres sino contaminada y estéril.
Empieza con mal pie 2026. Entre bengalas letales y bombas imperiales sobre futuras colonias.
Año nuevo del nuevo emperador romano, que es un gánster del siglo XXI y un canalla de los de toda la vida, pero un canalla con poderío militar que acude a las bombas como quien acude al supermercado a por un par de filetes. Con olímpica despreocupación y con indiferencia psicópata.
Los gánsters de antaño usaban metralletas y otras técnicas más o menos rudimentarias. Eso establecía ciertos limites al daño que podían producir. Los de ahora, convertidos en emperadores de nuestro mundo, utilizan todo el arsenal imaginable, y si lo ven factible o excitante no dudarán en echar mano del arsenal atómico.
Nada importa ya. Ni destruir el entorno natural de nuestro mundo, ni acabar con su contenido humano. Lo único que importa es el dinero.
Maquiavelo -un clásico- dijo que el fin justifica los medios. Trump -un posmoderno- dice que si se fabrican bombas es para vendérselas a alguien (a la fuerza) o para utilizarlas contra alguien (también a la fuerza). Que el negocio de la muerte rule.
Como ya se lee por ahí: año nuevo, guerra nueva. O sea, negocio redondo.
De aquel Renacimiento inquietante de Maquiavelo, que leía a los clásicos y elaboraba teorías despiadadas para señores de fortuna, hemos degenerado en nuestro tiempo a un gansterismo de bajos fondos, sin lecturas alternativas posibles, sin reacciones visibles y sin complejos. O sea, que vamos de mal en peor, como rebaño anestesiado, o como rebaño atemorizado.
Y volviendo al caso que nos ocupa, es mala idea discernir entre unas acciones terroristas de Trump y otras acciones terroristas de Trump, según cómo ocurran, de qué manera, y en qué lugar, porque todas ellas son al final eso: acciones terroristas. Vulneran el derecho internacional y acaban con vidas inocentes, convirtiendo sus acciones en un crimen y a él en un criminal.
Es mala idea también confundir el crimen con la cirugía, y a un criminal con un cirujano, otorgando al terrorismo un poder terapéutico. El terrorismo implementado por Trump no cura nada, sienta precedentes. Su objetivo declarado y perseguido es el terror, generar miedo a Estados Unidos, tanto dentro de ese país como en el exterior. Así lo ha confesado en su última rueda de prensa.
Al final lo más importante de estas acciones no es el objetivo y su oportunidad, sino el sujeto que las lleva a cabo y su catadura moral. Y ese sujeto y su catadura moral nos son ya perfectamente conocidos, entre otras cosas por haber colaborado con un genocidio en Gaza, pero también por haber declarado la guerra a los tribunales internacionales de justicia. Nada bueno puede venir de aquel que se ha colocado, mediante un despliegue de violencia prepotente, fuera de la legalidad internacional.
En una rueda de prensa con rasgos de psicopatía grupal sobre al ataque a Venezuela, Trump ha afirmado ya sin pudor que el petróleo venezolano pertenece a Estados Unidos. No es la primera vez que lo dice, pero espera que esa afirmación suya sea ahora obedecida inmediatamente. O sea, que una vez ejecutado el acto de fuerza, ya puede confesar sin tapujos el objetivo que lo ha impulsado: que el petróleo venezolano pase a manos estadounidenses.
No sé si por comparación, Trump estará convencido también de que los territorios que albergan bases americanas son igualmente de su propiedad, y los países concesionarios han perdido de forma irrevocable su soberanía sobre ellos. Dado el personaje y su forma de pensar, esto es más que probable. ¡Atención soberanía española!
En realidad los argumentos que utiliza Trump para justificar esta acción en Venezuela, casi como si fuera una acción policial, valdrían para llevarle a él y a Netanyahu ante los tribunales internacionales de justicia, como criminales de guerra y esposados. Pero nos falta el sheriff que lleve esa misión a cabo porque el propio delincuente a capturar se hace pasar por sheriff.
Tanta barbarie no responde -sobra decirlo- a ninguna clase de ideología, salvo que incluyamos en este concepto al gansterismo geopolítico y al fascismo que grita ahora y siempre ¡Muera la inteligencia!.
Responde más bien a aquello otro más oscuro que Freud denominó el instinto de muerte. El Tánatos que como pulsión destructiva domina nuestro mundo una vez más, que se rearma hasta los dientes y que cabalga ya sin bridas.
O sea: !Muera la inteligencia! y ¡Viva la muerte! Los nuevos lemas del imperio.