Opinión

Tosquedad

Se empieza por la tosquedad normalizada y se acaba en la barbarie impuesta.

Se empieza por una campaña política basada en la telebasura y se acaba en un asalto violento al Capitolio de USA.

Hay un paralelismo claro entre el asalto al Capitolio de USA por las turbas trumpistas y el asalto a las medidas epidemiológicas que determinó la pandemia, por parte de las turbas pseudolibertarias. El elemento común es la tosquedad, que limita con la zafiedad.

La tosquedad está también en el origen de muchas rupturas. Muchas convivencias estables prolongadas en el tiempo se rompen en un instante por la tosquedad.

Lo que la tosquedad rompe, la paciencia y el tacto lo pueden volver a recomponer.

Una de las criaturas posmodernas de la tosquedad es el extremismo neoliberal, cuyas anteojeras para los destrozos que produce son impermeables. Lo que prometía ser uno de los elementos más incontestables de la posmodernidad, y nos referimos al pensamiento único del extremismo neoliberal, donde rige el lema maquiavélico de que todo vale, se ha confirmado como uno de sus elementos más toscos, demostrando que, como era obvio para muchos, no todo vale si queremos controlar una pandemia con criterios epidemiológicos, o queremos frenar un cambio climático con criterios científicos.

También si queremos defender la democracia desde una postura ética y no desde la impostura hipócrita.

En estos días que salen a la luz las maniobras golpistas de Nixon, Kissinger, y la CIA, para derrocar al gobierno legítimo y democrático de Allende (tosquedad en estado puro), queda claro que el impulso antidemocrático y totalitario del neoliberalismo fue muy temprano.

En el embarullamiento progresivo que tras tensar mucho la cuerda acabó en el procés, la tosquedad proverbial del PP ha sido fundamental.

La tosquedad es la virtud especialista en romper cosas, y es virtud que se ejerce frecuentemente desde mentes un tanto obnubiladas, que confunden sus deseos y posverdades con la realidad contrastable.

“Ante una derecha tan tosca y grosera, la izquierda europea tendría que encontrar fácilmente su identidad, reafirmando valores y prioridades infravaloradas por sus adversarios” (Entrevista a Nani Moretti, EL PAIS de 8 de septiembre de 2023).

Esta reflexión del director de cine italiano Nani Moretti es la que desde hace unos años brota espontánea en muchas mentes, y junto a la perplejidad por la situación, una pregunta:

¿Cómo es posible que políticos tan toscos y groseros (no solo como políticos sino incluso como actores) tal que un Trump o una Díaz Ayuso, que parecen vivir del enfrentamiento, y que hace no demasiados años nos habrían parecido unos pésimos vendedores de baratijas en un desierto sin civilizar, puedan obtener un buen número de votos entre ciudadanos del primer mundo, que presumiblemente no son analfabetos y tienen al alcance de la mano toda la información que deseen?

Existen antecedentes -sobre todo en la historia europea- de tosquedades parecidas que primero fueron despreciadas como lo más turbio y grosero del panorama político, y luego fueron aclamadas con entusiasmo hipnótico, o ya más tarde soportadas en un escenario de imposición y terror.

Cierto es que esas experiencias de descenso del nivel de civilización no acabaron bien y se constituyeron como un referente ineludible de cara al futuro, pero la memoria es flaca y nuestro momento crítico, y los momentos críticos -es sabido- reducen nuestro nivel de alerta y nublan nuestra memoria histórica, lo cual puede llevarnos a comprar baratijas como si fueran oro de ley.

Aún así, y precisamente por esos antecedentes históricos, que suponíamos lección permanente de la cultura europea, no es posible liberarse de la perplejidad que causa en muchos el momento actual, que no es otro que el del resurgir de la ultraderecha más tosca y rancia junto a la entronización de la posverdad más grosera.

Mucho nos tememos que dentro de medio siglo este escenario que hoy hemos "normalizado", causará perplejidad aún y dolores de cabeza a los politólogos que seguirán preguntándose qué demonios pasó en Europa en este tiempo para caer en tal sima de estupidez, retroceso, y desorientación.

La tosquedad y grosería de estas propuestas que hoy avanzan como un fantasma por el continente bajo el impulso de la ultraderecha y sus apoyos económicos y políticos, han quedado ampliamente demostradas en cuestiones cruciales como la pandemia, la crisis climática, y la inmigración.

Pero es que el propio concepto de libertad que manejan estos pseudoliberales también es tosco y grosero, más propio de los tiempos feudales que de los tiempos modernos. En su pensamiento único ("no hay alternativa", suelen decir) el humanismo brilla por su ausencia y el economicismo selvático ha convertido al hombre en un mero objeto de usar y tirar.

La mayoría se apunta a un darwinismo social que los aproxima a las fieras y ven en la selva el mejor sustituto del "Estado".

¿Nos reiremos en el futuro de esta eucaristía universal que hoy comulga con el extremismo neoliberal en dúctil alianza con el populismo trumpiano, o más bien lloraremos y lamentaremos no haber reaccionado a tiempo?

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