Opinión

Tiempos complejos

Vivimos tiempos tan complejos como provincianos. Veamos:

“Da igual que las piscinas estén en el ático, está todo previsto”, nos tranquilizaba un portavoz de turismo (El País 01 feb 2024) aclarando que está todo dispuesto para llenar las piscinas, aunque estén en el ático, con agua salada.

No sé, todo esto me suena a Mortadelo y Filemón, pero también a una civilización compleja. Una extraña mezcla.

Hablamos de que "Barcelona se conjura ante la sequía" intentando a la desesperada que no se le mueran los árboles o se le deshidraten los ciudadanos. Claro que si se mueren los árboles siempre se podrá plantar turistas que den sombra.

Perdonen la broma macabra, pero el cambio climático y otros desastres ecológicos que ya tenemos encima son pródigos en paradojas y contrastes que invitan al humor negro.

Y lo que contrasta y mucho son ciertos excesos al lado de muy dolorosas precariedades. Apariencia y realidad, barniz y sustancia. Lo accesorio y más superfluo junto a lo más imprescindible. Espejismos y deslumbramientos que acaban en muchos casos en batacazo.

Nos viene a la memoria el mito del rey Midas, a punto de morir de sed y de hambre porque todo lo que tocaba, incluida el agua, se le convertía en oro, o sea en dividendos no bebibles.

Fue el dios Dioniso el que le concedió ese don (más bien una maldición), y de nuevo tuvo que recurrir a Dioniso, el dios salvaje, para que le liberase de él.

Al parecer la sequía sigue haciendo estragos en esta zona de Cataluña, y las personas y los árboles (estos literalmente) se mueren de sed. A pesar de lo cual el gasto de agua está perfectamente estratificado por estrellas de hotel, y hay quien sigue tirando del jacuzzi y la piscina del ático. Veamos las cifras:

"Las estadísticas de Barcelona Regional (basadas en datos de 2016) sobre el consumo de agua en los hoteles son las que realmente preocupan. Según estas, en los establecimientos de cinco estrellas el consumo diario medio por turista alcanzaba los 545,5 litros diarios; en los de cuatro, 373,3 litros; en los de tres, 232 litros; y los de dos estrellas, 165 litros por pernoctación. El consumo depende, sobre todo, de las piscinas y jacuzzis de la instalaciones hoteleras”. (El País 01 feb 2024).

Sin duda es curiosa esta estratificación tan ajustada al poder adquisitivo, el cual determina el mayor o menor distanciamiento de la realidad: la falta de agua.

Historia de dos ciudades, o de dos realidades distintas y divergentes. Si tienes dinero puedes comprarte un espejismo y darte un baño en el jacuzzi. Si no lo tienes, sufrirás sed.

El cambio climático (con el que hay que relacionar ciertas sequías) y la energía nuclear.

¡Cuestión peliaguda y compleja donde las haya!

Para ser abordada por gente con conocimientos, de varios tipos de conocimiento, multidisciplinar, sería, y a poder ser solidaria, no maleada por intereses económicos espurios.

No nos valen como consejeros los consabidos usuarios de las puertas giratorias, como Felipe González, al que no negamos (faltaría más) algunos conocimientos en materias varias y su derecho de opinión, pero del que no cabe fiarse demasiado por su trayectoria política tan ligada a los intereses de la plutocracia.

No conviene olvidar (seguro que los expertos no lo hacen) todas las caras de esta cuestión. Los residuos que se crean y su duración, los riesgos de accidentes, la designación y ocupación del espacio, el rendimiento en el combate contra el cambio climático, o incluso la velocidad a la que pueden combatir las distintas medidas propuestas ese cambio climático, porque parece que nos hemos dormido en los laureles y ahora no tenemos tiempo.

Conviene señalar también que hay ecologistas, y ecologistas que son también científicos eminentes, que ven en la energía nuclear un instrumento imprescindible (junto a otros) para lograr una solución con la urgencia y velocidad que se precisa. Por ejemplo el autor de "Gaia: una nueva visión de la vida sobre la Tierra", James Lovelock, autor también de "La venganza de la Tierra" y de "Las edades de Gaia".

Este científico ecologista argumenta que él habría apoyado plenamente las energías alternativas como principal y casi única solución al cambio climático si tuviéramos por delante tiempo suficiente para implementarlas, pero considera que nos hemos quedado sin tiempo, y la velocidad a la que hemos de liberarnos de los combustibles fósiles nos lleva a necesitar otras fuentes de energía, como la energía nuclear.

A su vez otros ecologistas protestan que no sabemos que hacer con los residuos de ese tipo de energía, y que tampoco debemos echar en saco roto el riesgo de accidentes.

Y entre tanto, el cambio climático sigue avanzando y una de las claves de este problema es la velocidad con que se nos viene encima.

Porque lo que ya casi nadie niega es el cambio climático y la grave amenaza que supone. Ahora la duda está en qué hacer.

Así como Al Gore hizo un documental de gran resonancia para dar la voz de alarma sobre el cambio climático, ahora Oliver Stone, convencido del cambio climático y del grave peligro que nos acecha, ha hecho otro (“Nuclear Now”) exponiendo los argumentos a favor de la energía nuclear como parte importante de la solución a ese problema.

Otra cosa y casi otro debate es la cuestión o el dogma del “crecimiento" (signifique esto lo que signifique) y si el crecimiento ilimitado es posible o deseable en un planeta limitado, lo cual más bien parece una aberración de la mente humana o un espejismo de nuestra civilización.

Y lo digo porque algunas de las soluciones que se proponen para solucionar el cambio climático, basándose en que el problema es la energía que se necesita para el crecimiento que se prevé, siguen en la idea predatoria de un crecimiento desregulado y sin limites. Un absurdo.

En este debate los dos conceptos enfrentados son "crecimiento" sin límites (¿también de la Humanidad?) o "equilibrio" ecológico.

Yo, aunque aquí divague sobre el asunto, me declaro ignorante de muchas de las claves de su complejidad, y espero que los expertos, siempre guiados por el bien de la Humanidad y del planeta, den con la solución adecuada. Confío que este gobierno, que a diferencia de otros sí cree que existen alternativas, y que sí cree que existe la sociedad, buscará la solución más favorable a la mayoría. Aunque aquí el concepto "mayoría" ya abarca al planeta entero, entendido este como un ente complejo y orgánico, o sea vivo, tal como lo interpretaba el autor de “Gaia”, James Lovelock.

Mientras tanto algunos siguen dando vueltas a la terrible cuestión "amnistía sí o amnistía no". O a aquella otra no menos terrible: ¿Como llenar la piscina del ático?

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