Opinión

Tendencia

A ciertos hechos que se repiten, reforzándose mutuamente, y que abren un cauce nuevo en el flujo del devenir, señalando con su repetición insistente una dirección al futuro (en este caso no muy halagüeño), se le puede llamar tendencia.

Son actos o hechos reiterados que van dibujando una forma y una norma en el curso de los sucesos. Aunque como ocurre en este caso, lo que se dibuja sea una forma bastante infame, y lo que se normaliza sea un síntoma de rupestre anormalidad, aún así supone una impronta en el curso de la Historia, o sea, una tendencia.

Una de estas tendencias ha sido señalada y denunciada estos días a raíz de dos sucesos muy parecidos, separados por un intervalo no muy grande de tiempo e inspirados por la misma irracionalidad de origen, ambos ejecutados de forma similar por el mismo tipo de sujetos, mezcla inextricable de fascistas e idiotas de libro.

De libro, pero de los que no leen.

Nos referimos al asalto del Capitolio de USA, protagonizado por una masa variopinta de lo que ha dado en llamarse "trumpistas", y el asalto a las instituciones democráticas brasileñas por otra masa de consistencia o inconsistencia similar, que ha dado en denominarse de "bolsonaristas".

Por ir directamente al grano diremos que trumpistas y bolsonaristas son lo que en los tiempos clásicos se llamaba "bárbaros". Y es tendencia tan firme, el auge de estos nuevos bárbaros, que incluso entre nosotros hay, y todos los conocemos, políticos y políticas, inspiradas por delirios semejantes, que forman parte de algo así como una Internacional del delirio y del odio, y que podrían impulsar en cualquier momento y en cualquier rincón del planeta, incluido nuestro país, movimientos similares a los que ya hemos visto, cuyos caracteres más pronunciados son dos: la irracionalidad y la violencia, fruto ambas de una ignorancia bastante contrastada.

Como buena parte de esta masa participa, entre otras simplezas, de un antiecologismo histérico, cerril y conspiranoico, predicado desde cátedras bastante obtusas y averiadas, que no se informan, diremos que están huérfanos del primer principio de toda sabiduría: conócete a ti mismo.

Ignorancia que es aprovechada por quienes mueven los hilos de esa tramoya.

En los comentarios de estos días en torno a estos sucesos, no se ha recordado siempre o no suficientemente un tercer eslabón, y sin embargo muy reciente, de esta cadena o desfile de orates, que se va convirtiendo poco a poco en santo y seña de nuestra posmodernidad.

Nos referimos al golpe de Estado abortado nada menos que en Alemania hace pocas semanas, y que estaba planificado por una mezcla de nazis, monárquicos, conspiranoicos, fascistas, y reaccionarios de todo pelaje, algunos relacionados con el grupo ultraderechista QAnon.

Tampoco debemos olvidar todo lo que se movió en nuestro país en torno a un wasap de exmilitares, dónde participaban simpatizantes de Vox, y donde se daba por seguro y próximo un golpe de Estado en el que habría que fusilar a dieciséis millones de españoles, incluidos niños.

America del Norte, América del Sur, y Europa, son ya tres puntos del planeta donde esta realidad ha tomado forma consistente y asaltante, amplitud geográfica que constituye un argumento sólido y preocupante sobre el auge y propagación de una nueva ola de fascismo, más delirante que el de antaño, que ya lo era un rato (no olvidemos a Himmler y sus particulares delirios), y que si seguimos normalizando, nos pasará más de una factura.

No debemos olvidar tampoco que si bien estos sujetos son delirantes, no son delirantes inofensivos, muy al contrario son delirantes peligrosos.

Muchos de ellos participan de un culto a la violencia y las armas, un signo característico del fascismo eterno.

En el asalto al Capitolio hubo cinco muertos.

A una de las investigadoras que posibilitó que tuviéramos vacunas contra la COVID, la amenazaron de muerte, etcétera.

En este culto a la violencia no hacen otra cosa que seguir el ideario del fascismo de siempre.

El fenómeno es cualquier cosa menos una broma y desde luego bastante más que una simple extravagancia. Detrás de los asaltantes hay ideólogos, políticos, y fabricantes de mentiras, que animan al asalto y la violencia. Y el impulso que mueve todo esto es claramente totalitario y fascista.

Por supuesto algunos "vigías" de Occidente, nostálgicos de otros tiempos, otean el horizonte mirando para otro lado, más ciegos que topos. Aunque eso sí, muchos de ellos son ciegos voluntarios.

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