Opinión

Signos de alarma

"Fomentar el cáncer de garganta y de pulmón es un negocio tan rentable como envenenar la atmósfera y arruinar la biosfera" (Antonio Muñoz Molina).

Lo primero y antes de nada: si quieren conocer los engranajes del actual imperio de la mentira y la posverdad, y su relación con los intereses de un capitalismo desregulado que otros dicen neoliberal, no se pierdan el documental "Merchants of Doubt" (Mercaderes de la duda), del año 2014, y del director Robert Kenner.

En su resumen o reseña se lee:

"Especialistas en diversos campos propagan noticias falsas entre los ciudadanos estadounidenses para crear confusión y retrasar el progreso en temas tan importantes como el cambio climático global".

Del visionado del documental se desprende que esa promoción de la mentira (una auténtica estrategia del engaño) se hace no solo por motivos mercenarios, a cambio de jugosas cantidades de dinero, sino por motivos ideológicos muy escorados a la ultraderecha.

En este documental vemos a uno de los vendedores expertos (de hecho previamente fue vendedor puerta por puerta) contratados para desarrollar e implementar la estrategia del engaño, afirmar que las amenazas de muerte dirigidas a los científicos climáticos, que él favoreció, estrategia en la que se ha empleado a fondo, es lo más "refrescante" y "sano" que ha ocurrido en el debate del clima.

Ustedes han observado un cambio muy llamativo en su entorno, un crecimiento explosivo del odio y la agresividad, junto a una promoción de la irracionalidad y la mentira, pero este fenómeno, sin duda anómalo, ha sido tan rápido y tan extenso que ni se preguntan de donde procede, al contrario, se acostumbran a ello. Pues bien, si quieren saber más y conocer las claves, no dejen de ver este documental. Empezarán a entender.

Les sorprenderá comprobar cómo todo este despliegue que entre nosotros parece caído del cielo o surgido de la nada (irracionalidad, conspiranoias, odio político, ataques a la ciencia, amenazas a los científicos, recuperación del lenguaje de la guerra fría, que es el que utiliza Díaz Ayuso), ya había hecho su aparición antes en USA.

Cuando no tenemos demasiado tiempo para percibir una amenaza inminente, nuestra capacidad de percepción se transforma impulsada por un instinto de supervivencia: se hace más ágil y más concreta, y enfocamos a toda prisa aquellos signos que pueden encerrar un significado más amplio y trascendente. Es decir, aquellos núcleos de percepción que aunque concentrados en una fracción minúscula de espacio y tiempo, al pulsarlos pueden desplegar el panorama completo y hacernos visible de un solo golpe todo el rostro de la amenaza.

Son impresiones rápidas, como flashes, destellos fugaces que con suerte y un poco de atención herirán nuestra mente y nos dejarán su huella, pero que si se desatienden o pasan desapercibidas, nos puede costar muy caro y hacer que perdamos todas las ventajas que la anticipación y la prudencia nos otorgan frente a dichos peligros.

Probablemente también se requiere una percepción entrenada para no desaprovechar esos avisos, y aquí los ejemplos del pasado pueden sernos de gran ayuda.

Hay un cierto empecinamiento en declarar que cada tiempo histórico es único e irrepetible, de manera que nuestro presente nada tiene que ver con el pasado. Por eso aconsejan algunos (Enzo Traverso, por ejemplo) hablar de "posfascismo" y no de "neofascismo".

Si bien esto es cierto en parte, también lo es que la Historia en no pocas ocasiones se repite o produce fenómenos tan parecidos que parecen siameses. La Historia con sus ejemplos, imitando a la evolución, puede contribuir a generar en nosotros reflejos vivaces, útiles para la supervivencia. Una de las funciones de la Historia es hacernos escarmentar.

El recurso populista y demagógico de los mayores rufianes que ha producido la Historia a señalar un "chivo expiatorio" sobre el que cargar todas las culpas (sobre todo las propias), se ha repetido desde tiempos inmemoriales y repetidas veces.

En el Occidente cristiano, los judíos fueron el objetivo preferente de esa táctica que hoy practica VOX mediante la etiqueta más amplia de "emigrantes", aunque de vez en cuando se les escape un impulso mal controlado de su antisemitismo primordial o alguna declaración favorable al nazismo o al fascismo, de los que al fin y al cabo son tristes émulos y directos herederos.

El método de silenciar o negar, mediante la mentira sistemática o mediante la amenaza y la fuerza, la realidad que no concuerda con sus delirios o que contradice sus intereses, es también un fenómeno repetido en la Historia. Con inusitada frecuencia lo que se niega en nuestros días, por parte de estos intolerantes de libro, es un resultado electoral que no les agrada.

Otras veces lo que se niega, con la retórica y el adorno de una supuesta rebeldía, es (por poner un ejemplo) el efecto nocivo del tabaco o la realidad del cambio climático. Estas negaciones de la evidencia científica, que tienen muy poco de rebeldías libertarias y que utilizan al tonto útil como portador de la posverdad, están promovidas y financiadas las más de las veces, por poderosos y muy concretos intereses económicos. El negacionismo o los negacionismos que hoy vemos proliferar no son otra cosa que la máscara y la tapadera de los intereses de un capitalismo cortoplacista y desregulado.

Pero como decimos, todo va muy deprisa y lo que es indispensable captar con el ánimo despierto son los signos de alarma que pueden pasar desapercibidos. Conviene pues estar atentos a esos avisos fugaces que vienen cargados de futuro.

Paso a mencionar dos de estos flashes que mi mente retuvo en su momento como núcleos de un significado más amplio.

La primera de estas impresiones tiene su origen en la lectura de una entrevista a Katalin Karikó, una de las investigadoras que propició con su trabajo una más rápida disponibilidad de vacunas contra la COVID, salvando así miles de vidas, entrevista publIcada en el País.

En esa entrevista la insigne investigadora, a la que debemos un arma eficaz contra la pandemia, revelaba las amenazas de muerte que ha recibido por parte de negacionistas conspiranoicos de ultraderecha, de los que en nuestro país tenemos abundante copia, jaleados y animados hasta por filósofos famosos.

El otro destello, a modo de aviso de un turbio futuro, me llegó al ver en RTVE Play el documental titulado: "Humos y gases: la tapadera", donde se desvela el conocimiento del cambio climático que ya tenían las empresas petroleras desde hace décadas, y las estrategias implementadas para tapar los hechos, confundir, y engañar. Una estrategia idéntica a la que ya utilizaron en su día las empresas tabacaleras, y por las cuales luego, mal que les pese, han tenido que pagar cuantiosas indemnizaciones. La muerte es para ellas (mientras la mentira fabricada se imponga y se mantenga) un negocio muy rentable. Probablemente lo sea incluso pagando indemnizaciones.

En este documental, uno de los investigadores que puso al descubierto ese engaño por parte de las petroleras, también desvela que ha recibido, como Katalin Karikó, amenazas de muerte dirigidas a él y su familia. Coincidencias que no son casuales, y que al contrario son todo un aviso a navegantes.

Ben Santer, otro de los científicos expertos que contribuyó al actual consenso sobre el cambio climático, también recibió a través de su correo electrónico amenazas de lo más siniestras, y que el mismo nos lee en el documental "Merchants of Doubt".

Naomi Oreskes, historiadora de la ciencia, que público en Science un importante articulo sobre el consenso científico logrado en torno al cambio climático, también empezó a recibir amenazas del mismo tipo, a ser tildada de "comunista" por los mismos extremistas que pedían que se la expulsara de su trabajo, precisamente porque lo hacía bien. Como ven, el lenguaje y las etiquetas que manejan estos extremistas de ultraderecha, nos recuerdan mucho a la demagogia y los términos que emplea Díaz Ayuso, recuperados del tiempo viejuno de la guerra fría. Naomi Oreskes es también autora en colaboración con Erik M. Conway de un libro publicado en 2010 y titulado "Mercaderes de la duda", obra de singular mérito y que inspira el documental que en este artículo estamos comentando.

Debemos encuadrar también en este marco estratégico donde prima el embuste y la amenaza, el intento de censura que el gobierno PPVOX de Andalucía aplicó a Miguel Delibes de Castro, hijo de nuestro gran literato e insigne científico, a la hora de opinar sobre Doñana.

Todo un estado de cosas que en su evolución natural ha conducido a que "terraplanistas" y negacionistas conocidos por sus manifestaciones en las redes borren a toda prisa twits que les comprometen como promotores de ese delirio y de ese odio, para acto seguido ocupar cargos institucionales en España gracias al PP. Y ojo, que son ellos los que se borran a sí mismos y se autocensuran, como si ahora no lo tuvieran claro, pero sí cuando implementaban la estrategia del engaño y la intoxicación en redes.

Es propio de la derecha (y aún más de la extrema derecha, que hoy impone su programa a ese sector político) centrarse en el acoso a determinadas personas. Esa es su tradición.

Es propio de la izquierda, o debería serlo, centrarse en el debate de ideas y en propuestas de mejora. Esa es también su tradición.

Todo esto nos trae resonancias de otros tiempos, también oscuros y amenazantes, como fueron aquellos en los que Galileo recibía amenazas para obligarle a callar y encubrir así, tras un velo de silencio forzado, la realidad de los hechos.

¿Seremos tan torpes que regresemos a todo aquello que, guiados por la razón y la sensatez, ya habíamos logrado dejar atrás?

Al respecto conviene recordar que el asalto al Capitolio de USA, que forma parte de esa dinámica global delirante y teledirigida por el engaño, produjo muertos muy reales, y entre nosotros, los negacionistas, apenas han tocado poder (gracias al PP), ya han intentado el asalto de algunas instituciones públicas. Mediten sobre lo siguiente:

¿A quiénes está normalizando y colocando en puestos institucionales el PP y sus colaboradores? Respuesta: a "los terraplanistas de los tuist borrados". Amenazar, borrar, y mentir. Todo un programa político.

Hay desafíos intelectuales que marcan con su impronta toda una época. Uno de estos desafíos fue el origen de las especies, que aunque tenía implicaciones profundas, por ejemplo sobre el origen del hombre y su naturaleza, básicamente era un desafío intelectual.

El desafío que marca nuestra época es el cambio climático. Pero ya no es sólo ni principalmente un desafío intelectual con sus derivadas ideológicas. El problema, lo serio de este asunto, es que ahora estamos ante un desafío existencial, que no consiste solo en elegir un tipo de civilización, un tipo de cultura, o un tipo de economía, entre varias alternativas, lo que se decide es entre seguir existiendo y habitando la Tierra o no.

Así lo han entendido algunos de los conservadores que aparecen en el documental Merchants of Doubt, que de negar el cambio climático han pasado a realizar una labor muy activa para advertir sobre su realidad y sus riesgos.

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