Opinión

Salud

No es que las movilizaciones para la defensa de la sanidad pública en Madrid estén mal enfocadas porque sean "políticas", al contrario, incluso se quedan cortas y deberían ser apoyadas por todos los ciudadanos de la “polis”, de forma masiva, enérgica, y continuada, hasta conseguir que un derecho tan básico y fundamental como el derecho a la salud no dependa del nivel económico del ciudadano y no se le sustraiga, con nocturnidad y alevosía, por una banda de negociantes y políticos irresponsables que, por lo general, y como ha ocurrido con el saqueo y hundimiento de otros servicios públicos, acostumbran a ser usuarios de las “puertas giratorias”, es decir, que tienen parte en el negocio (los negocios) de la privatización (las privatizaciones).

Sospechamos que cuando Ruiz Escudero, el consejero de sanidad de Ayuso, tras hacer una interpretación desinformada de los modelos de salud, pone por norte de su acción el modelo británico, tiene en mente el destartalado sistema de salud británico que queda aún en pie tras pasar sobre él las hordas thatcherianas. Por donde pasan esas hordas ni crece la hierba ni queda servicio público en pie.

Aprovechemos para recordar que esas hordas del thatcherismo, que arrasan con todo lo que es público o que beneficie a la mayoría de los ciudadanos, son el modelo preferido tanto por Díaz Ayuso como por Felipe González, discípulo declarado y entusiasta de Margaret Thatcher, la “dama de hierro” que nos dejó una herencia de “óxido”.

Como sabemos todos a estas alturas de la Historia, el catecismo neoliberal, sus dogmas tóxicos, y sus prebendas infames, en forma de puertas giratorias y otros beneficios, han hecho mella en distintos ámbitos de nuestro espectro político, si es que consentimos llamar "espectro" la mascarada sin ninguna variación que el lucido 15M designó con el anagrama de PPSOE. Término referido a un periodo y a un modo de hacer política en nuestro país, articulado en torno a la farsa bipartidista y en el que la corrupción es el elemento predominante. Término por cierto de lo más acertado y que debería figurar registrado en todos los diccionarios y en todos los manuales de Historia que aspiren a entender el pasado reciente y el momento actual.

Pero entendiendo que las movilizaciones en Madrid en defensa de la sanidad pública están más que justificadas o incluso se quedan cortas, si es que tenemos en aprecio nuestra salud, tenemos que denunciar que las movilizaciones en otras comunidades autónomas, como por ejemplo esta de Castilla-La Mancha, se quedan no cortas sino cortísimas.

Y no nos sirve que Madrid y su presidenta sean abanderados del dogma neoliberal y todo se proyecte y ejecute -sin complejos- para beneficio de unos pocos (cada vez menos), porque esa contracción del objetivo político volcado en el beneficio y el interés de esos "muy pocos", que en último término persigue la disolución de la sociedad y del Estado, se hace a cara descubierta, sin importarles nada que desde la política de impuestos que ejecutan (a favor de los muy ricos), hasta la política de recortes y hundimiento de los servicios públicos en que insisten (haya o no pandemias), "rompa España".

No nos sirve esa asimetría en las movilizaciones en defensa de la sanidad pública porque todos sabemos y vamos comprobando que otros presidentes y otras presidentas, en otras Comunidades autónomas, ejercen la misma política, con el mismo ideario, de forma encubierta, pero con los mismos resultados: entre otros el aumento de la desigualdad y la desaparición de los servicios públicos.

Y así, si nos referimos al escamoteo de nuestra atención primaria, vemos que "allí" todo se fía a las video consultas (que salen más baratas que los médicos presenciales) y en poner a los enfermeros a hacer el trabajo de los médicos (que también es ahorrar y recortar con desparpajo), mientras que "aquí", la valoración clínica de la asistencia denegada se delega y se carga sobre la espalda del personal administrativo del centro de salud (al que se le pone el mote de "administrativo clínico avanzado"), y todo se fía a una centralita que no contesta por más que insistas en llamar. O sea, más o menos el mismo esquema de acción que las demás empresas privatizadas. Esperando, unos y otros, los de "allí" y los de "aquí", que unos servicios de "urgencias", a los que no dotan de personal suficiente, que mantienen condiciones de precariedad laboral, y que siempre tienen las puertas abiertas, sirvan para camuflar la situación y la jugada.

Pues va a ser que no, porque esas salas de espera de los servicios de urgencias llenas hasta los topes de consulta ordinaria “no urgente”, lo único que consiguen es que estos servicios tampoco puedan hacer bien su trabajo y sus profesionales acaben desgastados.

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