Opinión

El PSOE de ayer y el de hoy

El PSOE de hoy resulta un poco más atractivo y sensato que el de este tiempo de atrás (descaradamente neoliberal) gracias a las propuestas políticas inspiradas por PODEMOS, que ya son atractivas y sensatas incluso para la presidenta de la Comisión europea, Ursula Von der Leyen, la cual más allá de su ideario político, parece que no ha perdido el sentido común, el más pragmático de los sentidos.

La lógica y la razón se imponen.

Quiénes sean los que inspiren la acción y quiénes sean los que la ejecuten, quizás sea lo de menos, lo importante es que se lleve a cabo.

No cabe descartar que Pedro Sánchez, que es un político que ha demostrado tener cintura y saber adaptarse a la realidad de los hechos para intentar mejorarlos, se haya convencido en parte de que la única solución posible a las graves crisis que enfrentamos es la solución socialdemócrata, y entierre definitivamente al PSOE neoliberal de Felipe González, gran admirador de Margareth Thatcher y ejecutor sin complejos de su doctrina, que tanto daño ha hecho.

Tanto Pedro Sánchez como la militancia que le dio su apoyo (y la militancia sí palpa el latido de la calle) supieron desde el principio que ese PSOE, el PSOE neoliberal de Felipe González, en ese momento representado por Susana Díaz, era el que había que dejar atrás para retomar la ruta pérdida.

Cierto es que muchos barones autonómicos del PSOE aún no se han enterado o no quieren enterarse de cuál es la situación real en este momento y para un futuro cuyo horizonte no se alcanza a ver.

Con todo, y para calibrar adecuadamente el contexto, no debemos olvidar (ya ha quedado registrado para la Historia) la guerra sucia, claramente delictiva y antidemocrática, ejercida contra PODEMOS y sus dirigentes por parte de la policía política del PP y otros centros de poder.

Sin embargo, esta vuelta a la socialdemocracia del PSOE arrastra aún puntos débiles de cara a su electorado natural, que no es otro que el electorado socialdemócrata y progresista.

Muchos de esos electores no van a entender ni a admitir la reforma recortista de las pensiones inspirada por el actual ministro, que es el que más desentona dentro de ese proyecto de vuelta a la vía socialdemócrata. Y tampoco van a aceptar fácilmente que la Ley de estabilización de los interinos de los servicios públicos estafados durante decenios por la Administración, acabe en una pantomima y en un fraude (como de hecho ya ocurre en algunas autonomías del PSOE), y que estos interinos, que lo han dado todo durante una prolongada y sacrificada vida laboral, incluida la pandemia, discriminados siempre (y ese era el motivo para la estafa) en condiciones y retribuciones, acaben en la calle, cuando quienes tenían que acabar en la calle (además de en los tribunales) son los gestores que les han estafado.

Como todo esto va de defensa de derechos conquistados con esfuerzo y de soluciones públicas y solidarias a los problemas comunes, queremos hacernos eco de la queja de un anciano que a su vez se hace eco de la queja que otros ancianos, sus compañeros, por sus circunstancias, no pueden expresar. Nos referimos a la queja de Mariano Turégano ante los representantes de los ciudadanos.

Este anciano que nos da a los más jóvenes lecciones de lucidez y responsabilidad, se queja (con razón) de: "esa fórmula torticera donde lo público y privado se mezcla y la gestión de nuestro dinero se vuelve opaca". Y se queja de unas condiciones de vida que como poco resultan tenebrosas.

Hay una indiferencia notable por las condiciones y el abandono que sufren las personas de más edad, resignados como estamos y descerebrados por una ideología (más bien catecismo) que se ha vuelto omnipresente.

Está tan justificada y es tan noble su queja que hasta se hace eco, este anciano que no se resigna, de las condiciones precarias que sufren los trabajadores de su residencia, y sabe que esa es una de las causas de su propio malestar. Entrar de noche en una residencia y comprobar que todos los ancianos y todas las tareas están a cargo de una sola persona, auxiliar pues no hay enfermera, es algo que acongoja.

Vemos a esa persona explotada, corriendo de un lado para otro, intentando llegar a todo, angustiada y a punto de reventar, y esto es casi la norma en nuestro país, donde la precariedad bate récords.

Otros ingresan los beneficios de esa precariedad y de ese catecismo económico tan explotador como lucrativo... para algunos.

Vean la exposición de hechos y argumentos de este anciano en este video: (https://youtu.be/YjoRPSzF_Mk) No tiene desperdicio y es educativo. La voz de la experiencia, que nos pone delante un espejo.

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