Opinión

Política no idéntica

El 15M constituyó un punto de inflexión en nuestra evolución política, aquel en que un sistema, el que nace con la Transición, apura las heces de su corrupción y venalidad. Tanta corrupción y tanta venalidad acumulada que aún estamos pagando su factura.

Basilio Martín Patino rodó "Libre te quiero" intentando registrar para la Historia y dar visibilidad a una revuelta pacífica impulsada por el hartazgo y guiada por la esperanza. Fue el momento crítico para reconquistar un sistema digno y decente.

Hoy ya es hoy. Volvemos a la casilla de salida. Leo esta mañana en la prensa el artículo de Luis García Montero: "El mañana".

Amanece, que no es poco.

Ahora que el espíritu del 15M ofrece señales de fatiga, conviene subrayar lo urgente y necesario de aquel movimiento, y la actualidad no caducada de aquella aspiración.

El pensamiento único como avance posmoderno sobre la ruina de las ideologías, es sin duda un mito y un camelo, pero bien envuelto y bien vendido, ha sido comprado por muchos.

Esta promoción de lo intelectual plano y unívoco fue paralela a la entronización del "centro" político (centro, pero neoliberal) como la única opción política posible, porque como predicaba Margaret Thatcher: "no hay alternativa".

Ahora bien, si no hay alternativa ¿Para qué votar? De momento algunos seguimos votando.

Como es obvio, la alternativa, las alternativas, al extremismo e insensatez de esta señora, llamada "de hierro", que no creía “legítimas” y viables mas alternativas que la que ella representaba, son múltiples e imprescindibles.

Leo el artículo de Fernando Vallespín en El País. Se dice en este artículo -y es opinión extendida- que el voto: "queda ya solo como mero instrumento expresivo de nuestra identidad política, construida cada vez más en contra del otro".

Opinamos que sí y no. Es obvio que hay quien hace girar el debate político en torno a los conceptos de "enemigo" e "ilegítimo", refiriéndose con esto último al gobierno actual, que a todas luces es "legítimo" y tuvo que afrontar desafíos enormes, y entre ellos la pandemia, algunos avances ya notables del cambio climático, y una nueva guerra en Europa.

También serán legítimos los representantes que ahora salgan de las urnas y los pactos.

No es comprensible, en un marco democrático, echar mano fácil y repetitiva de esos conceptos, "enemigos", "ilegítimo", añadiendo a última hora también el de "pucherazo", en la línea del trumpismo más descocado, contribuyendo así a la descalificación de los españoles como idiotas.

El enemigo es, como mucho, adversario o contrincante político (dicho esto con espíritu deportivo), además de conciudadano con iguales derechos que los nuestros. El gobierno que sale de las urnas y los pactos es legítimo.

Sin embargo no deberíamos menospreciar ni menoscabar el concepto de "identidad política", como parece que se hace en el artículo citado, arrastrados a ese menosprecio y menoscabo por el mito falso e interesado del "fin de las ideologías", igual de falso e interesado que el mito del "fin de la Historia".

La "identidad política", que no debemos confundir con la identidad nacionalista, étnica, o racista, no es cualquier cosa, sino que es consustancial a la política y tan antigua como ella.

Ciertamente en una democracia a pleno rendimiento, el conocimiento y el debate sobre los programas, es signo de buen desarrollo, y a veces implica o requiere de ciertos conocimientos técnicos, pero la "identidad política" se construye y se consolida (sin que sea recomendable llegar a la esclerosis) en base a problemas fundamentales y temas claves, y las correspondientes respuestas a esos desafíos.

¿Cuál es la actitud de los diferentes partidos respecto a la pasada pandemia (que se puede repetir), respecto al cambio climático (que es ya una realidad presente), respecto a los servicios públicos (que se están dinamitando), respecto a las relaciones del capitalismo y la conservación del medio natural, respecto a la corrupción institucional (empezando por la jefatura del Estado y siguiendo por la justicia) y la corrupción económica, en la que somos campeones, respecto a la reducción del tiempo de trabajo o el retraso de la edad de jubilación, etcétera?

Todo eso puede constituir un núcleo sólido y ser la base de lo que llamamos la "identidad política". Y ciertamente hay elementos suficientes para que esa "identidad" quede perfilada y asociada diferencialmente a las distintas alternativas políticas, de manera que el votante no se lleve a engaño sobre lo que vota y a quien vota.

Además, suele haber cierta coherencia y relación interna entre los distintos elementos que constituyen una determinada "identidad política", de manera que el partido o los partidos que durante la pandemia adoptaron el rol conspiranoico y negacionista, siguiendo el ejemplo del mentiroso compulsivo Donald Trump, que

tantos muertos favoreció, serán muy probablemente negacionistas del cambio climático, sin importarles tampoco sus consecuencias ya en marcha, despreciarán la ecología como ciencia, y perseguirán como objetivo irrenunciable la desaparición de los servicios públicos, de manera que tenga sanidad y educación solo quién se la pueda pagar.

Tales tramas de coherencia, sentido, y objetivos, desde luego no pasan desapercibidas y son conocidas por los votantes (al menos por la mayoría) cuando van a depositar su voto.

Una vez emitido el voto hay que respetarlo y esperar las consecuencias.

El trumpismo, epígono del thatcherismo, ha ganado las últimas elecciones en España. ¿Volverá a tomar las riendas del poder en Estados Unidos?

Sí de muestra basta un botón, este vídeo describe y da las claves del tipo de política que ha ganado las últimas elecciones en nuestro país: "Ruta sanitaria".

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