Opinión

Okupas

Los más sensatos de los opinantes o analistas políticos no utilizarán el fenómeno de la okupación de viviendas (siempre indeseable y anómalo) como arsenal demagógico, sino que lo cuantificarán, lo analizarán a fondo, y sobre todo buscarán críticamente sus causas para ponerles remedio.

Entre estos analistas, que no tratan a los ciudadanos como idiotas manipulables, veremos establecer vínculos y relaciones lógicas, entre -por ejemplo- la estafa financiera de 2008, hija del neoliberalismo descontrolado, y el fenómeno que nos ocupa. Entre otras cosas porque como resultado de esa estafa, la factura de la misma la pagaron sus víctimas, los ciudadanos de a pie que aspiran a llevar una vida normal y entre otras cosas comprar una vivienda, y se la ahorraron (la factura de la estafa) sus autores corruptos y confesos, los bancos.

Esta estafa financiera de alcance global es uno de los hitos de nuestra posmodernidad (conviene poner el foco sobre ella una y otra vez) y guarda grandes semejanzas, en sus causas ideológicas y efectos nocivos, con aquel otro crack económico de los años treinta, que llevó en última instancia a un descrédito del liberalismo económico sin control (lo que hoy se llama neoliberalismo) y como consecuencia de ese descrédito, no solo teórico sino palpable en la realidad del desastre, llevó también a la búsqueda de soluciones y progresos duraderos en la socialdemocracia.

Pero para llegar a eso antes hubo que penar con aquellos efectos nocivos en forma de miseria y apurar el trago amargo de una guerra mundial (la segunda) que acabó con el fascismo, pero también con el pensamiento único de la desregulación económica (hablamos de los años treinta).

Y es que ya entonces, el liberalismo económico desregulado y sin control y el fascismo fueron dos jinetes del apocalipsis bien avenidos, compañeros de fatigas y de desastres. Pero la memoria, ya saben, es débil.

También fijarán su atención estos analistas en las turbias y corruptas relaciones que, no solo en nuestro país pero con preocupante incidencia en él, existen y se establecen desde hace tiempo entre el mundo de la construcción y la política, las mordidas, la financiación ilegal de los partidos, las puertas giratorias, etcétera, de manera que el rostro del okupa que okupa y detrae ilegalmente nuestra riqueza y patrimonio público, empieza a perfilarse, pero en otros jetas.

No es necesario estar "ideologizado" (aunque siempre es conveniente tener ideas propias) ni ser un extremista radical, para percatarse de lo mucho que hemos perdido en materia de derechos laborales y sociales durante las últimas décadas, merced todo ello a un catecismo ideológico, este sí radical, que reniega de la sociedad y alaba el individualismo feroz, la desaparición de los servicios públicos (que tanto unen a una sociedad), o incluso el establecimiento de fronteras fiscales dentro de una misma nación, que es el disparate definitivo que todo lo rompe y atomiza.

Su modelo es la selva como criadero de bichos salvajes y enloquecidos, que si seguimos imitando lo foráneo peor, acabarán poniendo en un altar el rifle.

El problema es que este catecismo ha ganado para sus filas, vía compra-venta de favores, mordidas, puertas giratorias, y demás instrumentos conocidos de la corrupción reinante e institucionalizada, incluso a la disidencia en otro tiempo constituida, de tal manera que la socialdemocracia como orientación política, tan importante para el resurgimiento y el progreso de Europa y Occidente tras la segunda guerra mundial y la victoria contra el fascismo, va quedando reducida a un nombre vacuo.

El pensamiento único ha vuelto unidimensionales y reaccionarios incluso a los que en otro tiempo fueron impulsores de avances sociales, aquellos que defendían y promovían precisamente la justicia y los equilibrios sociales junto a la libertad individual.

Hoy impera en la sociedad, y por extensión en este mundo global, la selva como modelo de “convivencia”, la agresividad y la violencia que el neoliberalismo deseaba y quería. Putin es neoliberal, China es neoliberal, y Occidente es neoliberal. Todos aspiran a lo mismo: ser dueños de un mundo que se recalienta y se va al garete.

Quizás merced a esa coincidencia histórica, no nos privamos ni de una nueva guerra "caliente" en Europa, y nos animan a criar espíritu bélico para no quedarnos rezagados en estos avances pos históricos y pos verdaderos, aunque muchos de estos nuevos reclutas a la fuerza no lleguen a fin de mes o incluso les cueste estar alimentados de forma equilibrada, económica, y sana.

Renace la amenaza nuclear que viene a hacer compañía al siniestro climático en marcha, que la desregulación ha favorecido y no tiene (esto parece evidente) intención de evitar.

Pongamos un rostro distinto al fenómeno de la okupación, porque no solo se han okupado y han okupado nuestros derechos laborales y sociales, sino que también han okupado como okupas ilegales, una buena parte de nuestro patrimonio público (vía privatizaciones), de nuestro patrimonio democrático (vía usurpación del patriotismo y de los símbolos nacionales, junto a la esclerosis deliberada de una Constitución inamovible), o incluso el patrimonio natural que pertenece a todos.

Algunos de los políticos que hoy claman contra la okupación de viviendas, sin perder un minuto de su precioso tiempo en analizar las causas y buscar soluciones, son conocidos por la okupación ilegal de un poder independiente, la justicia, incluido el toqueteo por detrás a los jueces que se dejan.

Hablemos por ejemplo de Doñana, que sigue el esquema de la Ley de la selva y de la apropiación indebida, declarando el gobierno Andaluz legales (sin atender a los intereses generales de la nación, sino solo a sus intereses electorales) las okupaciones ilegales de un patrimonio público y natural, Doñana, que a todos pertenece y debemos defender.

Esperemos que la legalidad europea les pare los pies a estos okupas de lo público y del concepto de lo que es "legítimo" o no, eso sí, vía toqueteo de los jueces.

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