martes 24/11/20

Nueva Atención primaria: ¿Y ahora qué?

En comunicación reciente el Consejo autonómico de colegios de médicos de Castilla-La Mancha ha reconocido que el modelo “Nueva Atención primaria” basado en el teléfono y que ha reducido al mínimo la consulta presencial ha sido un fiasco.

En esa comunicación señalan que tras “cinco meses de desarrollo del nuevo modelo, ha quedado de manifiesto que ni la estructura de la atención primaria, ni sus profesionales, ni la población, estaban suficientemente preparados para el cambio”.

Lógico que no estuvieran preparados para el cambio porque ya antes de la pandemia y de introducir el modelo TELEMÁTICO, se observaban listas de espera en nuestra atención primaria de hasta dos semanas, que ahora han empeorado. Es decir, el cambio ha sido a peor.

Por su mismo diseño, ya desde el principio, muchos desde dentro calcularon que el modelo no se sostenía, y que por tanto su duración sería breve, quizás pocas semanas. Sin embargo ya arrastra una historia de varios meses plagados de continuas quejas a todo lo largo y ancho de la geografía nacional.

Dichas quejas, que han proliferado como hongos y casi siempre con el mismo contenido, han sido protagonizadas sobre todo por los pacientes, que se han encontrado ante barreras infranqueables y muros compactos, no solo para obtener una consulta presencial, sino para lograr siquiera un contacto telefónico con su médico de cabecera.

Pero también han partido dichas quejas y análisis críticos de otros profesionales, tanto de atención primaria como del medio hospitalario, que veían como les tocaba apechugar con los efectos secundarios del modelo, que no han sido pocos, y algunos bastante desagradables.

Ha habido casos incluso de “objeción de conciencia”, es decir una negativa de algunos profesionales a aplicar el modelo, desobedeciendo al gestor y en cumplimiento de ciertos principios profesionales básicos, al menos en otros países, como se desprende del Artículo de Helen Salisbury, que remata con la frase dirigida al gestor: “Por qué no haré el cambio que sugiere”.

¿Sería posible una objeción de conciencia así en nuestro medio, o esos objetores estarían presos de una estructura de gestión informática?

En el otro extremo ha habido un exceso de corporativismo y cerrazón, un negarse a reconocer la evidencia de las hechos que motivaron las quejas, y se ha achacado todo a invenciones sin base real, o a casos aislados. Se ha entrado incluso en una actitud conspiranoica y se ha achacado todo a una confabulación contra la Atención primaria.

Lo cierto es que las quejas eran unánimes, repartidas por toda la geografía nacional, y siempre con el mismo contenido. Más que una estrategia orquestada contra la atención primaria, han sido la expresión espontánea y coincidente de los perjudicados, que han sido no solo muchos, sino casi todos.

Parecen por tanto fruto de un modelo organizativo mal diseñado y no de un comportamiento individual. No son los profesionales los que han fallado, es el modelo.

Aquella cerrazón aplicada con anteojeras dogmáticas durante tantos meses en defensa cerrada del modelo, poco a poco ha ido cediendo el paso a la realidad.

La medicina es una ciencia, además de un arte, y como toda ciencia está orientada y alimentada por la duda, la crítica, y el escepticismo. Y esta es la actitud en la que cabe enmarcar la comunicación del Consejo de colegios de médicos de Castilla-La Mancha, que informa que el modelo ha fracasado.

¿Y ahora qué?

Se ha dicho que el modelo no funciona, pero el modelo sigue en vigor. No se ha propuesto ni se ha puesto en marcha una alternativa.

De no buscarla o encontrarla pronto, los efectos secundarios del modelo fracasado se irán acumulando cual bola de nieve.

En toda esta crisis se observa un gran vacío: el modelo cayó del cielo cual paracaidista en lista electoral, y la opinión de la Comunidad a través de Consejos de salud y otros órganos de participación no ha sido consultada.

Esperemos que tanto en la búsqueda de un nuevo modelo de atención primaria que sustituya al modelo fracasado, como en la verificación de la realidad que subyace a las quejas (las de antes de COVID y las de después de COVID), estas vías de participación sean a partir de ahora más frecuentes y más permeables.

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