No sabemos

No sabemos por qué Díaz Ayuso ha concedido la medalla de Madrid (la de los madrileños, no la suya) a los Estados Unidos de Donald Trump.

Si será por ser el faro de la Ilustración oscura, que está echando allí raíces potentes y bastante siniestras. Si puede ser porque unas milicias paramilitares y fascistas, que se ha sacado de la manga el presidente gánster, asesinan allí a ciudadanos de bien para aterrorizar al pueblo estadounidense. O porque estos mismos arrestan, en los Estados Desunidos, a niños de 5 años. Si es porque la desigualdad allí es obscena y las matanzas con rifle (sobre todo en escuelas) abundan. Si es porque el presidente de ese desnortado país intentó dar un golpe de Estado y animó a sus admiradores (que los tiene) a darlo también en sus respectivos países. O quizás por el indulto amplio a los autores materiales de ese asalto golpista al Capitolio, donde hubo muertos.

Quizás sea el premio (madrileño de Ayuso) por haber presionado Trump, de forma infame, a los jueces de Brasil para que perdonasen y dejasen libre al golpista Bolsonaro, como él dejó libres a sus propios mamporreros, en previsión de que tenga que volver a utilizarlos en el futuro, por ejemplo si pierde las elecciones.

Dudamos si el mérito radica quizás en que Donald Trump insulta y amenaza a diario a presidentes europeos, incluido el nuestro, o el mérito recae en amenazar con anexionarse por la fuerza de las armas Groenlandia y por ciscarse de paso en los Tribunales internacionales de justicia.

Quizás sea por la extorsión comercial a Europa y el apoyo generoso a grupos fascistas, habiendo declarado previamente y a las claras el premiado, o sea Trump, el objetivo de destruir Europa. Todo eso bien merece a juicio de Ayuso, que mucho juicio no parece tener, una medallita de las suyas.

Sin poder descartar que el mérito para tan ilustre medalla, que también ha recibido Milei, nada menos, radique en el apoyo determinante que los Estados Unidos de Trump han dado y siguen dando al genocidio en Gaza.

O puede que el premio en forma de medalla sea porque Trump es un enemigo mortal de la ciencia y -como dice Bannon- un "instrumento de la divina providencia". De forma que al final a quien se premia con la medalla madrileña de Ayuso es a Dios y a la divina providencia, para que siga tirando bombas desde las alturas.

Esperemos que Dios no se entere que ha sido premiado en un lugar muy céntrico de España. Más que nada para ahorrarse el sofocón.

Ignoramos también si a los ojos de Ayuso tiene mucho mérito recomendar a los ciudadanos beber lejía para evitar el COVID, como hizo Trump, o negar el cambio climático para seguir haciendo negocio con la muerte del planeta. Pero parece que sí, que tiene mucho mérito, al menos para Ayuso.

Puede que haya pesado en la concesión de este galardón honorífico el hecho de que no hace mucho los Estados Unidos han secuestrado en su propio país al presidente de Venezuela, para dejar claro a los demás presidentes y a sus respectivos países que puede hacerlo con cualquiera que no le obedezca y en cualquier sitio interesante por sus recursos.

Si el motivo será, de forma más banal y veleidosa, porque a cierta derecha española bastante cateta le encanta apoyar los pies en la mesa de los criminales de guerra y hablar con acento tejano. O porque le mola a la presidenta madrileña que en Estados Unidos se persiga el idioma español y se acose a todo ciudadano con rasgos hispánicos. O simplemente porque todo lo que toca y mangonea esta presidenta autonómica tiene que ver con el negocio, preferiblemente sucio, cosa que también le ocurre a Trump.

A mí todo esto me resulta incomprensible, tanto como lo que dijo recientemente en una entrevista Felipe González respecto a la operación Venezuela. Sustituyamos Venezuela por cualquier otro nombre ya que Díaz Ayuso ha "nominado" recientemente a México, señalando quizás el próximo objetivo a bombardear por su patrón, Donald Trump, si antes no le apetece a este energúmeno bombardear Groenlandia o España. Así se manifestó González hace unos días, según refiere El País: "...y elogió la función y el control del secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio, sobre la presidenta encargada…”.

Parece claro por estas palabras que González está entusiasmado con la política imperialista de Trump, con sus bombas, y con alguno de sus ministros bombarderos.

Paco Umbral, que caló muy pronto a este personaje, dejó de llamarlo Felipe para empezar a llamarlo González. Sabía muy bien que sus intereses no eran los del resto de ciudadanos de a pie.

Así como tengo la sospecha de que Mark Rutte (el que llama "papi" a Trump) es un agente encubierto de la CIA y un caballo de Troya del trumpismo (otro que tal), siempre tuve la certeza de que Felipe González (el presidente encargado) es un infiltrado de la derecha neoliberal, debidamente recompensado por el poder plutócrata.

Estando tan enterado de todo como dice estar, no supo (o no quiso) ver el hundimiento en la corrupción de su partido, el descrédito de sus siglas entre los más desfavorecidos, como tampoco la estafa financiera del neoliberalismo. Ni se animó a criticar el austericidio de su amiga Merkel, aunque Merkel al final sí lo hizo. De la misma forma que ahora no sabe ver (o no le importa) el auge del fascismo.

Él a lo suyo.

Que figurase como vicepresidente en una lista del golpismo patrio, confirmó mucho de lo ya intuido.

Y volviendo a la famosa y malbaratada medalla, lo único que sí sabemos ahora a raíz de este y otros disparates, que ya hacen montón, es que la señora Ayuso hace todo el daño que puede y le dejan. Eso sí lo sabemos a ciencia cierta.

Es muy probable que lo aparentemente incomprensible no sea tan misterioso. El dinero tiene mucho poder pero poco misterio. Cuando se levanta el velo, como han demostrado sobradamente los papeles volanderos de Epstein, todo es bastante grosero y primitivo.