Opinión

Memoria y lenguaje

El tiempo (este tiempo acelerado que vivimos) nos hace perder rápido las referencias compartidas y los "lugares comunes". Y esto lo saben bien los manipuladores del lenguaje que trastocan un poco todo en función de la neolengua que les interesa imponer.

A un tiempo acelerado y trufado de crisis, corresponde una desmemoria también muy veloz. Y todo ello (mentes en blanco, desmemoriadas y sin historia) constituye un magnífico caldo de cultivo para los asaltantes de caminos, que empiezan siendo antes que nada asaltantes del lenguaje.

Lo primero que cabe decir respecto al momento actual en el que sobresalen términos como "polarización", "populismo", "postverdad" y "dictadura", es que siempre serán dignos de respeto aquellos que intentan comprender el mundo que les rodea y ponen al servicio de ese intento las palabras correctas, las palabras compartidas. Aquellas mismas con las que escuchan e intentan comprender las ideas contrarias. Esa es la virtud del lenguaje común y compartido: entenderse, aunque sea para contradecirse.

Todo lo cual es, por tradición occidental heredada de los griegos, base y fundamento de cualquier debate.

Y esto, el debate, bien sea considerado como ejercicio natural de ciudadanos adultos, bien sea considerado como último refugio de la razón en tiempos de crisis, es en cualquier caso la única tabla de salvación que nos queda ante tanto naufragio: palabra y reflexión frente a mentiras, bulos, y gritos.

"Vencer no es convencer", decía Unamuno.

El ensayo o el intento de convencer, o si se prefiere, el intento de mantener una coherencia entre las ideas que se desarrollan y la realidad que se percibe, es una demostración de respeto al prójimo y también a uno mismo.

Y es que lo que procede entre gente civilizada y libre cuando se discuten ideas contrarias o distintas visiones del mundo, es convencer con argumentos. Y no es de recibo en ningún caso el empeño de vencer a cualquier precio, si fuera preciso incluso con engaño, violencia, o amenazas (la ultraderecha, por definición, vive de esto último).

Sí es que no se recurre a reclamar la intervención divina en apoyo de nuestras tesis, que todo puede ser dado el grado de nuestro retroceso.

Aquel término de "neofeudalismo" no era una expresión gratuita, sino muy exacta, y hace referencia a una especie de neobarbarie rebozada de confeti. La neobarbarie la ponen gente como Milei, Trump, Bolsonaro, Abascal, etcétera, y el confeti posmoderno que disfraza esa barbarie lo ponen otros.

Digamos que aquellas normas que echamos de menos en este tiempo agitado son las leyes caballerescas de la razón, que al parecer se respetan un poco mejor en el ámbito científico (aunque no siempre), y muy poco en el ámbito de la discusión política, contaminada de una cierta ferocidad teológica.

¿Cuánto puede durar en el tiempo histórico la victoria (siempre transitoria) del error o la violencia?

Muy poco, porque la realidad es lo que tiene, que no se deja convencer por el error ni se deja vencer por la violencia, sino por un tiempo breve tras el cual la realidad se impone.

Se puede negar una pandemia, pero si al mismo tiempo se abren fosas comunes para enterrar a sus víctimas, se queda como mentiroso y falaz. Se puede clamar por el respeto y la igualdad ante la Ley pero si al mismo tiempo se mira para otro lado ante las fechorías del jefe del Estado, se incurre en incoherencia hipócrita.

Conviene sin embargo no pasarnos de susceptibles y llamar a cualquier "debate" o confrontación de ideas, "polarización", sobre todo si utilizamos este último término siempre en sentido peyorativo y solo como anomalía. Son términos que como el de "populismo", más que aclarar, ocultan y confunden. Y confunden muy frecuentemente las consecuencias con las causas (en orden a ocultar las causas), con lo cual es muy difícil abordar el origen real de los problemas.

El término "extremismo" también peca de ambiguo y sesgado, porque venimos de un "extremo centro" neoliberal (o sea, anarcocapitalista) que introdujo un desequilibrio máximo y una desigualdad extrema en nuestra sociedad, hasta casi acabar con la clase media.

Si desde un "centro" extremista se pontifica sobre los males del extremismo, no avanzamos mucho.

Se intenta igualmente promover el término "centralidad" asociado al de "gran coalición" como aspiración loable y como sinónimo de "interés general". Permítanme dudar de ese silogismo tan simple porque precisamente venimos de esa "centralidad" falsa (nada que ver con la socialdemocracia y sí con el extremismo neoliberal) y el resultado obtenido tras unas décadas de ese pensamiento único y "centrista", tiene muy poco que ver con el interés general.

Y no menos ambiguo es el término "constitucionalista" (entendido como defensor de la Constitución o de la legalidad) porque no pocos de los que así se definen, son conocidos por incumplir la Constitución y saltarse la legalidad con inusitada frecuencia.

Ese falso centro, la gran coalición, y el turnismo corrupto que ha propiciado (que para el caso son la misma cosa), se han demostrado como los principales instrumentos en defensa de unos intereses minoritarios muy alejados del interés general.

Es lo que tiene la contundencia de los hechos frente a la vanidad de las palabras y la falsedad de las etiquetas.

Ese abuso del lenguaje ha llevado también a llamar de forma irresponsable "dictadura" a lo que no tiene ningún asomo de semejanza con esa práctica siniestra. Como ocurre actualmente en nuestro país, donde se da una inflación bastante estrambótica y delirante de este y otros términos. Se empezó falseando el concepto "centro", y se ha acabado falseando los términos "dictadura" y "libertad".

Propongo como palabras maltratadas del año dos: "dictadura" y "libertad". Aunque esta última va a tener peor convalecencia y más prolongada porque el maltrato propinado por sus supuestos defensores (los de la motosierra) ha sido de campeonato.

Que los que a sí mismos se llaman "liberales" sean en realidad autoritarios excluyentes, y los "neoliberales" sean totalitarios que no consienten "alternativa", no es ninguna novedad.

Existe una amplia casuística al respecto tanto en el pasado como en el momento presente. Y es que las manipulaciones del lenguaje no se han inventado en nuestro tiempo.

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