viernes 10.07.2020

La institución como insulto

Siempre es triste ver como el discurso racional se rompe y se desciende de nivel para entrar en otra categoría de la comunicación humana donde los argumentos pesan menos que las ofensas.

Como quiera que nada humano nos es ajeno, entendemos la dificultad de ciertas situaciones y no nos consideramos inmunes a tropezar en esa piedra. 
El que esté libre de pecado... ya saben.

La flexibilidad es uno de los dones de la inteligencia cuya máxima virtud es manejar múltiples variables, y se hace imprescindible para acometer y frenar a tiempo ciertas situaciones límites. Pero la flexibilidad solo funciona cuando incumbe y exige a todas las partes en conflicto. Es la única forma de que el conflicto se transforme en diálogo.

Cuando derribadas ciertas barreras y regulaciones, o llevados de nuestra posición de poder, consideramos que todo el campo es orégano e insistimos machaconamente en imponer nuestro ideario como catecismo único -como hace el neoliberalismo o incluso el establishment de esta desastrada Europa, llena de grietas- la catástrofe está asegurada, como la realidad nos va confirmando.

En este tipo de encrucijadas, donde toda solución parece opaca y se llega inadvertidamente al insulto, podríamos empezar apartando del foco una cuestión que a primera vista es primordial: ¿quién o qué empezó todo esto?, que aunque sea una pregunta pertinente, amenaza con una respuesta inagotable y poco resolutiva, si no está guiada por un espíritu crítico equitativamente repartido entre las partes.

Pero aunque sea conveniente postergar, en una primera fase de apaciguamiento, esta cuestión, no nos va a liberar de un cierto análisis "histórico" de los hechos. La memoria (tan denostada), como instrumento clave de la inteligencia, y la historia como exigencia de la verdad de los hechos sobre la que opera la inteligencia, son imprescindibles . Por lo pronto se necesita un consenso para iniciar ese análisis.

Sin duda hay determinados acontecimientos "históricos"" que preceden y construyen el momento actual, y como en toda realidad sujeta a la dinámica causa-efecto, el análisis racional y critico de esa secuencia, es el fundamento firme de toda reflexión sobre el presente y el futuro.

De ahí que no esté fuera de lugar hacerse la siguiente pregunta:

¿El actual deterioro de nuestra vida política y socio-laboral, que incide ya tan penosamente en las formas, le sorprende a alguien? ¿No era esperable?

¿Acaso no nos sorprendíamos a diario y en voz alta de la extraña calma con que la sociedad española encajaba el deterioro impuesto, la corrupción reinante, y los recortes masivos? ¿No hablábamos incluso de un elogiado y oportuno colchón familiar, como último refugio de la desesperanza, que explicaba esa calma ante la ruptura deliberada (ideológica) del pacto social y la demolición insensata del equilibrio previo?

Según una versión distorsionada de los hechos, el insulto se cría en la marginalidad y la falta de educación, por una real gana de ofender que surge de la nada. Según esta misma versión interesada y distorsionada de los hechos, las formas son lo importante y el contenido lo insustancial, hasta el punto de que las instituciones, como representantes de esas formas (puras) a preservar, son libres de implementar cualquier contenido (por tóxico e insultante que sea), al amparo de las buenas formas.

Si las formas de que hablamos se refieren al régimen democrático y al Estado de derecho como instrumento para defender esa democracia, efectivamente la "forma" adquiere una dimensión "sustancial".

Si las formas de que hablamos se refieren a un modelo económico y de poder (plutocracia) que queremos único e indiscutido, las "instituciones" que imponen ese modelo único (tan antidemocrático), pueden ser el auténtico insulto que nos ofende y amenaza nuestra convivencia.

La estafa financiera en que toma origen este momento histórico lleno de conflictos, es un auténtico insulto.

Las instituciones que dan por buena esa estafa (llamándola crisis), no introducen ningún elemento de corrección, y la articulan como motor de una "nueva sociedad", son un auténtico insulto. Por medio de ellas se ha institucionalizado la estafa y la ofensa.

Las amistades peligrosas entre el poder político y el poder financiero, ligados por puertas giratorias y favores mutuos, y por ello mismo menos obligados por el interés general, constituyen un auténtico insulto y una continua ofensa a la ciudadanía a la que dicen servir y representar.

Los organismos internacionales (OCDE, FMI…) que confunden deliberadamente, al amparo de las buenas formas y su doble lenguaje, los términos "reformas estructurales" y "recortes de derechos", son un auténtico insulto y una continua amenaza.

Declarar a una persona de carne y hueso (rey, príncipe, o mendigo) como inviolable e impune ante la ley, es un auténtico insulto a la inteligencia y la dignidad humana. Institucionalizar ese insulto es institucionalizar la indignidad.

El abuso y la explotación de los trabajadores al amparo de "reformas laborales" repetidas que solo son "recortes de derechos", son un insulto y han institucionalizado la ofensa y la pobreza.

El abuso y el maltrato perpetrado durante décadas contra los interinos de los servicios públicos españoles, es un auténtico insulto que incide e insiste en esa ofensa generalizada e institucionalizada.

Jactarse de que las más altas instancias judiciales de nuestro país están al servicio de nuestros poderosos intereses corruptos, coincidiendo con hechos que al parecer así lo atestiguan (hipotecas, elección del CGPJ), es un auténtico insulto a la ciudadanía, y de los más graves.

Sin fe en la justicia, se rompe el fundamento de toda forma y de toda convivencia.

Cuando las instituciones son o ejercen el insulto de forma tan cruel, el futuro y la paz solo pueden nacer de la reforma de esas Instituciones.

Y para ello se necesita el diálogo y las buenas formas, pero sin distorsionar los hechos.

Intentemos que la contradicción entre las formas y el contenido, no sea tan estrepitosa ni tan hipócrita.

Es muy improbable que se estimen como loables o deseables aquellas instituciones que solo vierten ofensas.

Posdata: El rap de las “reformas estructurales”

https://elpais.com/elpais/2018/11/23/opinion/1542997681_946083.html

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