Influencias

Partamos de un hecho contrastado: hay influencias benéficas e influencias nocivas.

Vemos por ejemplo que cuando al PSOE, que es un partido que degeneró hasta convertirse en instrumento del neoliberalismo, se le presiona desde los partidos a su izquierda (que algunos dicen la ultraizquierda y en realidad son los restos de la socialdemocracia), verdaderamente hace política socialdemócrata, que es la política más humana y conveniente. He ahí una influencia benéfica.

Bienvenida sea por tanto la reciente regularización de inmigrantes que ha decidido este gobierno presionado desde el flanco izquierdo (PODEMOS), porque no solo es justa y le honra, sino que nos beneficia a todos y además contrasta con los malos humos y los malos vientos que soplan por ahí.

Si alguien cree que nuestra civilización alberga aún restos de esperanza, de un humanismo clásico o de un cristianismo primigenio, debería estar contento y satisfecho con esta medida.

Sin duda la influencia del flanco izquierdo (ese resto de la socialdemocracia) ha sido determinante para muchas de las mejores acciones de este gobierno.

Acciones que pasarán a la Historia de nuestra democracia.

Mientras algunos se dedicaron a meternos en guerras ilegales, apoyar los pies con confianza en la mesa de criminales de guerra, o recibir paquetes de Epstein, otros se han dedicado a regularizar inmigrantes y a proteger derechos humanos.

Vayamos ahora a otro ángulo de este asunto.

Desconocemos en este momento -porque intentan ocultarlo- qué piensan Díaz Ayuso, Abascal, y otros dirigentes de nuestra derecha extrema respecto a esta noticia:

"Un juez ordena la liberación de Liam Conejo Ramos, el niño de 5 años arrestado por el ICE en Minneapolis”.

Si Díaz Ayuso o Abascal, como seguidores fanáticos de los postulados de Trump, sienten alegría por esta magnífica noticia o pesar y rabia como forofos confesos de un gánster, quizás no lo sabremos nunca. Como no sabemos qué piensan sobre las amenazas continuadas de su ídolo contra Groenlandia y por extensión contra Europa. Lo que sí sabemos es que la libertad que dicen defender, no es la libertad de verdad, la libertad auténtica, la libertad clásica, humanista y cervantina, derivada de la dignidad humana, sino que la libertad que defienden es la libertad neoliberal de hacer trampas en los negocios y evadir impuestos; además de la libertad geopolítica (o sea, la opresión) que se desprende de la Ley del más fuerte. A esa libertad "mercantil" y gansteril de los tramposos y matones es a la que se refieren y la que defienden.

Toda su firmeza "desacomplejada" se reduce a ser buenos y dóciles vasallos de Trump y un reflejo feble de su época en su vertiente más oscura, comportándose

como marionetas en la poderosa trama de hilos que ha tejido el poder de los oligarcas. ¡Vaya mérito!

He ahí por tanto una influencia nociva. La de los oligarcas hacia los políticos que les rinden pleitesía como buenos vasallos, independientemente del país donde se ubiquen. Ayuso y Abascal, o Abascal y Ayuso, tanto monta, monta tanto, son hijos de esa servidumbre e instrumentos dóciles de ese poder que ve con normalidad no solo el encarcelamiento de un niño de 5 años, sino también -por ejemplo- que dentro de Europa haya paraísos fiscales y que a los muy ricos o a las grandes corporaciones no se les cobren impuestos, con el resultado lógico y esperable de que los servicios públicos que unen a la comunidad y que deberíamos pagar todos en justa proporción, desaparezcan.

Ahora bien, si esa base firme -los servicios públicos- que sostiene y da forma a un Estado se deshace, la sociedad que unía se disuelve. Por eso el hecho de que en el seno de Europa haya paraísos fiscales, que propician que unos países sean parasitarios de otros, como vienen denunciando desde hace tiempo muchos analistas, convierte a Europa en una farsa, al menos mientras esos agujeros no se corrijan.

Pero volviendo a la peripecia hasta hace poco impensable del niño Liam, arrestado por los ICE de Donald Trump. Es ahora noticia que un juez, justo y humano, ha ordenado su liberación. Pero si lo pensamos bien, la noticia del siglo, la que nos debió y nos debe alarmar y nos dice dónde estamos y hacia dónde vamos si los Trump, Ayuso, Abascal, Milei y demás tropa fanática sigue adquiriendo poder, es que un niño de 5 años fuera arrestado en los Estados Unidos del Occidente liberal y cristiano.

Coincidirán conmigo que ese hito es digno de figurar -por su indignidad- en los anales de la infamia.

Recuerda bastante a aquella famosa foto de un niño judío, de edad parecida a la de Liam, con cara de miedo y angustia, con las manos levantadas ante los soldados de Hitler, en una redada de entonces que no se distingue demasiado de las que ahora ejecuta en Estados Unidos Donald Trump, el nuevo führer.

Y ya que hablamos de niños: bienvenidas sean las medidas anunciadas estos días por el presidente de gobierno Pedro Sánchez para proteger a los niños españoles de la influencia nociva de estos delincuentes a través de sus redes sociales, como están haciendo ya otros países europeos. Otro punto a favor de este gobierno.