Opinión

Incoherencias

Si consideramos que los que impulsaron y promovieron la guerra de Irak (utilizando para ello mentiras) todavía no han sido juzgados como criminales de guerra, lo raro seria que el mundo discurriera en sus cabales o la política internacional se ajustase a algún marco legal o a algún fundamento ético.

Es lo mismo, refiriéndonos a España, que dar por bueno que el rey (demérito o el actual) pueda cometer delitos impunemente porque así está en nuestra Constitución -dicen- y luego intentar mantener un debate serio sobre la igualdad ante la Ley y la calidad de nuestra democracia.

Las incoherencias, como los pecados, pueden ser veniales o mortales. Las incoherencias arriba señaladas son mortales de necesidad.

En nuestro caso, la incoherencia indicada es mortal de necesidad para una sociedad, la nuestra, que se pretende democrática y de Derecho, pero que rompe con total descaro y a favor del privilegio real el principio democrático de igualdad ante la Ley.

En el ámbito de la Comunidad Internacional, el caso de Irak y los crímenes de guerra promovidos por algunos líderes occidentales, sobradamente conocidos, con total impunidad y desprecio de las víctimas inocentes que provocaron, deja sin fuelle y a merced del puro capricho cualquier exigencia futura de respeto a una legalidad internacional o a un marco legal común.

Las incoherencias de este tipo, cuando se hacen evidentes y son conocidas por todos, dejan descendencia y hacen bueno el refrán: "De aquellos polvos estos lodos".

Tales incoherencias mayúsculas, a la vista de todos, cada vez más frecuentes en el ámbito internacional, intentan normalizar una “doble vara de medir” muy parecida a la que se estila en España.

Si una amnistía la ha decidido la derecha, es legitima. Si la ha decidido la izquierda o un gobierno progresista, es ilegítima.

Y ya en términos más amplios y por supuesto más rudimentarios, si en España ocurre que hay un gobierno de derechas, es totalmente legítimo. Si ocurre que no es de derechas (porque así lo han decidido los ciudadanos democráticamente) entonces seguro que es ilegítimo.

Y es que al concepto de “legitimidad” que maneja nuestra derecha más rancia, no solo le sobra sino que le estorba la democracia.

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