lunes 6/12/21

Homo sapiens

"A pesar de ello, resulta ser cuando menos no poco significativo que, en una época en que los Arzobispos toledanos están dedicando sus esfuerzos a consolidar la defensa de la fe cristiana, la Iglesia toledana viera con buenos ojos que se dieran a conocer los tesoros de la ciencia y de la filosofía árabes y que Toledo se convirtiera igualmente en un importante catalizador de la difusión de las obras más notables del pensamiento de la Grecia pagana".

(La Escuela de traductores de Toledo en la Historia del pensamiento / Serafín Vegas González).

El problema de muestra derecha más ultramontana es que nunca ha aceptado que somos primates, emparentados con el mono, mamíferos (hasta el hombre tiene pezones) y seres aerobios que respiramos oxígeno gracias a un alga verde-azulada.

¡Qué se le va a hacer!

Esa es nuestra realidad natural, esculpida por el tiempo para adaptarnos a un entorno cambiante.

Es este un proceso universal y natural que empezó en la fase de moléculas y continua en la fase de seres más complejos. Y se llama evolución.

“El antepasado común de los organismos eucariotes (con células nucleadas) adquirió la capacidad de realizar el metabolismo aerobio integrando a una bacteria aerobia como orgánulo permanente, la mitocondria (teoría de la endosimbiosis)” (La Wikipedia).

Gracias a este proceso evolutivo tenemos mitocondrias en nuestras células y por eso respiramos. Constituye ya un ejemplo de cooperación y simbiosis.

Sin mencionar que mantenemos -por poner un solo ejemplo- un hueso, el coxis, como vestigio de una cola y testigo de nuestra transformación. Aunque vestigio de una cola que ya no tenemos sigue siendo útil.

Esos vestigios y testigos del cambio abundan.

Y luego están los fósiles, tan fascinantes.

Hasta los niños, cuya esencia es la curiosidad, madre de la ciencia, se divierten y aprenden con ellos.

En coherencia con esto, la variedad de razas y culturas es un "seguro de vida" contra cambios imprevistos en el medio. Por eso la obsesión de los supremacistas blancos para que todos seamos rubios, blancos, y de ojos azules, tiene bastante de insensatez alimentada por la ignorancia.

La endogamia no es buena, de hecho, y produce monstruos. Tanto si hablamos de culturas como si hablamos de razas.

Un hito de nuestra cultura es la escuela de traductores de Toledo, experiencia enriquecedora de mestizaje e intercambio cuyos frutos se recogen luego con abundancia en el "Renacimiento". De ahí arranca fundamentalmente el "Occidente" que somos.

En nuestros genes "hispánicos" abundan los genes del norte de África y sefardíes, y esto es resultado de un intercambio y convivencia de siglos.

Nuestro patrimonio y cultura son ricos precisamente por ese intercambio y mestizaje. Eso ha aumentado su valor.

No es necesario decir que racismo y cristianismo no casan, y que por tanto los "supremacistas" blancos que se reivindican cristianos constituyen una contradicción absurda.

Así como en Afganistán los afganos no necesitan para nada que los talibanes defiendan el Islam, nosotros aquí tampoco necesitamos que estos otros “talibanes” defiendan el Occidente cristiano.

Jesús de Nazaret se hacía acompañar de currantes y pescadores, y no de una guardia pretoriana.

Si nos atenemos al criterio xenófobo de los supremacistas blancos, Jesús no era ni supremacista ni blanco. Ni hoy hubiera sido bien recibido en nuestras fronteras.

Esta desconexión primera y fundacional de la realidad natural, que padece nuestra derecha más ultramontana, es la que luego se despliega y degenera en una concepción equivocada del planeta y sus usos.

Por lo pronto, un Hombre dominante y caprichoso, a imagen y semejanza del Dios primitivo y antropomorfo del antiguo Testamento, contemplará al planeta como su propiedad privada y como una realidad ajena a su naturaleza "especial" de hijo predilecto de Dios.

El será el "sujeto" y el resto de la Naturaleza será su "objeto", y casi su juguete. Nada que ver con él, nada que esencialmente le importe, nada que esencialmente comprenda

Será por tanto muy difícil que confraternice con otros seres de este mundo (salvo que sea un San Francisco), ignorará las relaciones de unos seres con otros, y despreciará su existencia sin importarle su extinción masiva a favor de los motores de combustión.

Considerará su ignorancia como un acierto y habitará por tanto una realidad que no existe.

Si por excepción recurre a Darwin (ese hereje materialista) será en forma de "darwinismo social" que justifique el privilegio y la coexistencia de pobreza extrema y riqueza supina, fundamentando la desigualdad real y deseable en la ley del más fuerte, ignorando que en la Naturaleza las fórmulas de cooperación y simbiosis abundan y son las más exitosas.

Corren tiempos difíciles para la ciencia, las luces y el progreso social, y los logros de nuestros padres y abuelos se desvanecen como humo.

La posverdad es preferible a los datos objetivos y mentir con descaro y sin complejos es un signo de lealtad al líder.

En Rusia vuelven los zares (Putin, antiguo agente del KGB, se ha coronado Zar), la democracia es una fantasía frustrada, vuelven los cosacos y las iglesias ortodoxas proliferan como hongos, robando espacio incluso a los parques públicos.

En el sótano de una de estas iglesias se entrenan actualmente matones que nos recuerdan a las fuerzas pardas (las SA) de Hitler (hay un documental sobre todo esto), Maquiavelo triunfa y sobresale en el uso de venenos, y la libertad y la razón ceden terreno.

Es la posmodernidad, se dirá. No, es el feudalismo.

No es un paso hacia un futuro espiritual y romántico, es una vuelta al medievo más retrógrado y cavernícola.

Mencionábamos en un artículo anterior el libro de Carl Sagan: "Una luz en la oscuridad".

Solo diremos una cosa: conviene leerlo o volverlo a leer. Los tiempos que vivimos lo convierten en una lectura muy oportuna y recomendable.

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