Opinión

Hispanidad partidista

¿Es bueno que el día de la Hispanidad sea partidista? ¿Es bueno que ese día de celebración hispana sea indiscutiblemente y por protocolo, de derechas? ¿Es aceptable que por tradición que va arraigando en ese día se insulte -y además de forma macarra- al presidente de gobierno (que a tantos españoles representa), si coincide que en esa legislatura no es de derechas?

Parece que no, que ni es conveniente ni es sano, desde el punto de vista moral y político, ni es aceptable ese sesgo, porque puede ocurrir que por ese vía y por ese mal uso de la celebración, muchos españoles acaben cogiendo tirria a la Hispanidad -que no tiene la culpa- al identificarla con un sector tan extremista y tan retrógrado?

El problema que tiene este sector exaltado es que por mucho que sea su deseo más potente para que no se les desbarate el cuento, no es precisamente Txapote el que ha votado a Pedro Sánchez.

Imaginemos que fuera de nuestro país nos identifican a los "hispanos" con un rey corrupto y ladrón, y piensan que de muestra basta un botón ¡Y qué botón!

O nos identifican con un ministro del interior (con su presidente de gobierno correspondiente, que "lo sabe") que gestiona su servicio de seguridad y protección pública en la oscuridad y fetidez de las cloacas, y al servicio exclusivo de la corrupción de su partido, como en las peores historias de la mafia.

Piratas que de hecho piratean el Estado y de paso piratean la Hispanidad.

¿Nos conviene? Claro que no.

O la Hispanidad es un concepto amplio, flexible, multiforme, y acogedor (tanto como lo es España), o no sirve para nada. Y más en un tiempo en que los virus pandémicos y el cambio climático, junto con las migraciones climáticas, no conocen fronteras, y al menos ciertos problemas y ciertas soluciones dejan anticuados los marcos estrechos y rancios de los nacionalismos varios.

Y es que la Hispanidad, por mucho que algunos se empeñen en teñirla con el color gris y cutre del franquismo, que creíamos periclitado, no es solo el cardenal Cisneros o los Reyes católicos, o Torquemada, sino también Hernando de Talavera, Bartolomé de las Casas, Abraham Zacut, o García Lorca, a todos los cuales nuestra Hispanidad histérica, retrógrada, y estreñida, insultarían sin duda en el día de su celebración mutilada.

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