Opinión

Fiel e infiel

Sabido es que la política en sus peores momentos es un ámbito de infidelidades, o incluso de imposturas, y de mucho teatro.

No pocas veces y con frágil sustento moral se dice que el buen político tiene que ser buen actor, y sin embargo ahí tenemos el ejemplo de Ronald Reagan, que fue un pésimo actor y peor político.

Lo que sí parece comprobado es que el presidente-actor, que consultaba a su astrólogo para casi todo, fue un entregado soplón durante la caza de brujas del senador McCarthy, uno de los momentos más oscuros y vergonzosos de la democracia de USA.

Durante esa etapa de persecución ideológica, en la que tantos estadounidenses con talento fueron considerados enemigos y “antiamericanos”, sufrió acoso y derribo incluso Robert Oppenheimer, el llamado "padre de la bomba atómica", que estos días está de actualidad gracias a una película y algunos documentales.

El fiasco de Feijóo en su objetivo final puede interpretarse como un caso de infidelidad a su propio estilo, una mala actuación inducida por ejemplos ajenos y presiones externas.

Habrá quien diga que la foto de Feijóo manejando el timón del yate del mafioso cuando todo el mundo (incluido él) sabía que lo era, demuestra su doblez y sus dotes de actor. Pero sea como fuere luego se labró una fama de moderado que le ha ayudado a mantenerse en el poder.

Probablemente ese era el estilo (moderado) que se precisaba para lograr el objetivo final, llegar al gobierno, pero infiel a su estilo propio, genuino o fabricado ese es otro tema, y confundido por espejismos estratégicos y mediáticos, hoy de moda y mañana olvidados (principalmente el espejismo histriónico de Díaz Ayuso), confundió el paso y adoptó un papel que no le iba y que además, contradiciendo los malos consejos, no le convenía.

El estilo trumpiano con el que Díaz Ayuso ha medrado en Madrid (vete tú a saber por qué) no acaba de encajar o incluso repugna bastante en el resto de España.

Todo esto queda explicado y descrito en las recientes declaraciones de Esperanza Aguirre pontificando que en la campaña electoral han descalificado poco y tenían que haber descalificado más a esa media España que, para ellos, sigue siendo (a estas alturas) la “Anti-España”.

He ahí un caso de cómo los malos consejos y los malos consejeros pueden llevarte al desastre.

En el otro lado de la palestra política, a Pedro Sánchez hay que reconocerle una muy cierta fidelidad a su propio estilo, que no solo es el que mejor maneja (porque es el suyo), sino que además le rinde buenos frutos y trasluce un convencimiento en lo que hace.

Todo esto para decir que la sobreactuación o la implementación de papeles y roles que uno no ha escogido, quizás no conviene tanto como dicen en política, y probablemente en ningún ámbito de la actividad humana, salvo en el teatro.

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