domingo 23/1/22

Echar cuentas y darse cuenta

No sé si con tantos batacazos como nos hemos dado últimamente, en estos tiempos post-históricos, los ciudadanos hemos aprendido a echar cuentas y a darnos cuenta de lo que nos sucede, y a sacar conclusiones. O por contra la Historia sigue tan acelerada como siempre y no tenemos tiempo de prestar esa atención debida y solo nos da la vida para intentar sobrevivir.

Fue anunciar como un hito que se había acabado la Historia (un anuncio publicitario de la fábrica neoliberal) y tomar carrerilla hacia el desastre. O mejor dicho: hacia los desastres, porque la variedad de los mismos y su sucesión continuada no nos deja un margen de respiro.

Se ve que más que acabarse la Historia, esta cambió de rumbo, y no puede decirse -vistas las consecuencias- que fuera el rumbo acertado.

Mayormente porque se enfiló hacia un extremismo de mercado, libre de todo control y venido a más.

Que si la gran Recesión, consecuencia necesaria de la Estafa financiera (también grande y con mayúsculas); que si el austericidio subsiguiente y falsamente terapéutico, que mató al enfermo y dejó el Estado del bienestar en ruinas; que si la pandemia y su mortandad disparada, sin unos servicios públicos bien dotados que oponerle, consecuencia del austericidio anterior; que si hemos conseguido a fuerza de insistir que algunos cambios del drama climático sean ya irreversibles; que si el "populismo" crece, por poner nombre fácil y despectivo al caos provocado por las propias “élites" financieras; que si algunas empresas atesoran ya más poder y riqueza que los propios Estados soberanos y arrasan con todo y con todos, imponiendo el vasallaje a sus siervos; que si el fascismo avanza y se expande bajo otro nombre y otros ropajes; que si en Estados Unidos hemos visto en directo y pasmados algo parecido a lo nuestro de Tejero, como si también ese país tan nombrado fuera una república (aquí monarquía) bananera; que si la corrupción rampante de nuestras "élites" queda una y otra vez retratada en papeles de nombres exóticos (Panamá, Pandora...), que escandalizan un día y se olvidan al siguiente; que si Europa se rompe o amenaza con romperse por otra de sus grietas, básicamente por empecinarse en un catecismo antisocial e inhumano que al parecer importa más que el bienestar de sus ciudadanos y la democracia, etcétera.

Pareciera que nuestros representantes se hubieran acostumbrado (mala costumbre) a que no prestemos atención a esta concatenación de hechos tan llamativos, ni echemos cuentas, ni nos demos cuenta, y traguemos al final con todo lo que nos echen.

Y quizás en ese convencimiento se fundamenta el hecho paradójico de que habiendo declarado el PSOE en su reciente congreso (declaraciones aún calientes) que aspira a ser de nuevo un partido socialdemócrata, tras largas y oscuras décadas de colaboración con el neoliberalismo, mantenga ahora sin sonrojo su oposición a reformar la reforma neoliberal inspirada e impuesta por la ultraderecha económica.

Tan cortos son ya y tan veloces los tiempos de la impostura y el olvido, que el tiempo que dista de la promesa hecha a la promesa rota se mide en milisegundos.

Para empeorar las cosas y hacernos espabilar con más motivo en la atención de lo que ocurre, resulta que esa negativa del PSOE a reformar la reforma neoliberal, intenta justificarse (o quizás camuflarse) con el argumento de que esa política sectaria y extrema es una imposición de "Bruselas".

Que parece que hubiera interés en que cojamos tirria a "Bruselas", como foco de extremismo radical. Y es que si fuera así, y Bruselas solo fuera efectivamente y al día de hoy un artificio para mejor justificar la explotación de los trabajadores y el expolio a manos de unos pocos, se hace muy poco atractivo como club.

Más probable es que lo que nosotros pensemos sobre "Bruselas" a Bruselas no le importe y resulte al fin y al cabo indiferente.

No sé si esta justificación da más fundamento al embauco y más excusa a la promesa rota, pero si echamos cuentas, resulta que no hace tanto "Bruselas" hizo también una declaración teórica parecida, es decir tan retórica y falsa como la del PSOE en su congreso. Y es que dijo que, arrepentida como estaba de tanta metedura de pata de inspiración neoliberal, se encaminaba ahora, para compensar el daño hecho, a una política nueva, más social, menos austericida, menos extremista, que pusiese coto a los extremos preocupantes de desigualdad y corrupción, y congraciase a los ciudadanos europeos con ese proyecto, que iba a ser suyo, pero que ha acabado siendo exclusivamente de las "fuerzas del mercado" y de los paraísos fiscales. Y todo ello al objeto de evitar más deserciones como la del Brexit.

Y el caso es que esos fondos europeos tras la pandemia (a la fuerza ahorcan) parecían apuntar en esa dirección, pero resulta que para recibirlos hay que reincidir en los mismos errores austericidas de antaño, de los que hasta Merkel quedó arrepentida y asqueada.

¿Pescadilla que se muerde la cola?

¿Puede llamarse novedad a los recortes propuestos ahora en las pensiones y la no reforma de la reforma neoliberal? ¿Puede llamarse a un partido que impulsa esas medidas socialdemócrata?

Hay costumbres malsanas, adocenadas en su vicio, que pueden acabar en sorpresa y desastre.

Lo vimos con la costumbre de la desregulación económica que acabó en estafa financiera y Gran Recesión. Lo hemos visto con la costumbre de la explotación laboral que ha acabado en populismo y deserciones del proyecto europeo. Lo vemos a diario con el desprecio sistemático a la Naturaleza, nuestra casa común, que ha acabado en un cambio climático, en parte ya irreversible. Lo pudimos ver en directo con la temeraria costumbre de la mercantilización y malversación de la política en Estados Unidos, que acabó en un intento de golpe de Estado...

Casi podríamos decir que por cada una de las costumbres añejas que nuestros representantes han incubado en el convencimiento y la costumbre de su impunidad, surge últimamente una sorpresa que nos lleva al desastre.

Pedro Sánchez haría muy bien en pensarlo despacio y agudizar la prudencia (y ojo clínico no le falta) antes de impedir de nuevo la reforma de la reforma laboral, es decir, neoliberal.

Sí tiene olfato de futuro (y por momentos lo ha tenido) más le valdría emprender con paso decidido el camino anunciado con la reciente promesa congresual: el camino socialdemócrata.

Y ese primer paso consiste precisamente en la derogación de la reforma neoliberal. Portugal está muy cerca y últimamente recorremos caminos paralelos.

Si bien está ya comprobado que la Historia no se acaba de un día para otro, las coaliciones de gobierno a veces sí.

A ambos, a Podemos y a PSOE (pero sobre todo a este último), les importa y les trae a cuenta que esa promesa socialdemócrata se cumpla.

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