Opinión

Debates y polarización

Si tuviera que sintetizar en muy pocos hechos aquello que desde el punto de vista político me ha llamado más la atención y define a mí juicio el año que dejamos atrás y el estilo en el que insistiremos el año entrante, serían por ejemplo (como muestra basta un par de botones) el apoyo de Vargas Llosa, una persona inteligente y culta, premio Nobel, a Javier Milei, un energúmeno de libro que simboliza su ideología y su programa político en una motosierra de esas que aparecen en las películas "gore", pródigas en amputaciones, vísceras, y sangre.

Por supuesto nada que objetar a la variedad de opiniones políticas, salsa de la democracia, pero ese contraste entre el culto premio Nobel y el loco Milei, sorprende. Recordemos que Milei dentro de sus excentricidades proto-fascistas ha justificado al asesino Videla y los crímenes de su Junta militar, crímenes que constituyeron una variada e infame panoplia, incluido el secuestro de bebes.

Pero también es definitorio y sintomático del momento que vivimos otro hecho: las posibilidades renovadas de Donald Trump (otro energúmeno de libro) para acceder una vez más a la presidencia de USA, a pesar de haber patrocinado, como mal perdedor y mal demócrata, un asalto fascista al Capitolio, con muertos incluidos. Más "gore".

Enfrente de este extremismo tan "posmoderno" y “liberal”, intento encontrar en el lado opuesto -digamos la izquierda- hechos extremos de igual gravedad, y la verdad no los encuentro, de manera que esa película de la "polarización" se me viene un poco abajo. Su guión no se sostiene.

No veo que hayan proliferado en el año 2023 las nacionalizaciones de servicios esenciales (los energéticos, por ejemplo), ni tampoco se ha visto una defensa a cara de perro de los servicios públicos sino todo lo contrario. Por supuesto no ha habido ninguna revolución "bolchevique" en nuestro entorno inmediato y las privatizaciones ultras que nos colaron con calzador durante el periodo bipartidista no se han revocado, sino que se han mantenido en pie. Por eso cuando se habla de polarización me quedo un tanto perplejo en cuanto que no veo enfrente de un polo, el de la ultraderecha, otro polo similar que le haga frente y se le oponga con hechos rotundos y realidades palpables. Ni siquiera una tímida socialdemocracia tal como esta se entendía no hace tanto.

Claro que en este año 2023 han existido otros muchos hechos políticos de importancia, pero entiendo que esos botones de muestra arriba señalados iluminan por extensión nuestro escenario tenebroso y un tanto demente, a pesar de lo cual, no se rindan. Hay que seguir peleando, democráticamente pero con firmeza, contra ese extremismo del pensamiento único neoliberal que claramente va adquiriendo en nuestros días rasgos proto-fascistas.

Desde hace décadas el único extremismo que existe en nuestro ámbito cultural es el del catecismo de la ultraderecha económica, “sin alternativa”, el cual ha conducido al auge de la ultraderecha política y la proliferación de energúmenos autoritarios y racistas. Hay que pensar que si los ejemplos mencionados más arriba han podido darse, es que cualquier cosa, y no precisamente buena, puede ocurrir en el año que estrenamos. Hay que estar alerta.

Junto a lo ya dicho, conviene señalar otro signo sobresaliente que contribuye a definir nuestro tiempo con rasgos que nos recuerdan a un pasado que creíamos superado: la xenofobia hacia los no ricos o hacia los que profesan otra religión.

¡Qué sería de nosotros sin esta gente humilde que viene de fuera a asumir los trabajos más penosos, los que nadie quiere!

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