jueves 17.10.2019

En busca de la oportunidad perdida

Incluso aunque fuéramos a nuevas elecciones y el PSOE de Sánchez, más allá de los malabarismos increíbles del CIS (siempre a mano para encauzar la opinión política), obtuviera mejores resultados que en las precedentes elecciones inmediatas, no obstante podría estar perdiendo, en medio de una victoria pírrica, una oportunidad histórica. Pan para hoy y hambre para mañana.

Y es que como decíamos ayer (o antes de ayer), se presenta ante el nuevo líder del PSOE, Pedro Sánchez, y desde el mismo momento que accedió al poder de su partido en brazos de la militancia, la oportunidad de reparar los pecados y destrozos de sus mayores, aquellos socialistas posmodernos que desorientados por el dinero fácil y la corrupción ubicua, confundieron el culo con las témporas y la caída del muro de Berlín con la vuelta al siglo XIX.

Esa recuperación inexplicable de un tiempo peor ya superado, siempre fue incomprensible para una parte importante de la ciudadanía europea y española, que interpretó aquella reconversión neoliberal del socialismo oficial como un fraude. También como un error histórico cuyo efecto mas visible ha sido el declive electoral y casi la desaparición de esos partidos. Aquella fue para muchos una apuesta suicida. 

Tiene esto bastante que ver con aquello de "No nos representan", emblema del 15M, movimiento que aunque ha perdido una batalla está muy lejos de estar muerto. Queda partido y si hace falta bajar a tercera división para no perder el contacto con la realidad, se baja.

Y también tuvo que ver aquel fraude, ideológico y político, con el resurgir del neofascismo, que en parte vino a ocupar un espacio huérfano, el que abandonaron los socialdemócratas bajo el espejismo de la nueva fe.

Siendo deseable y predecible la caída de aquel muro vergonzante y el hundimiento del totalitarismo soviético, lo que se esperaba a partir de ese hito histórico, era una avance de la libertad, de la democracia, y de las conquistas sociales, es decir un triunfo del modelo de equilibrio representado por Europa. Pero lo que vino no fue eso sino una nueva opresión liberada de su competencia inmediata, un deslizamiento desacomplejado hacia la derecha, un deterioro de la democracia, y una perdida universal (globalizada) de derechos humanos y sociales. Y todo ello guiado por un pensamiento único, prepotente, carente de matices, y por ello mismo bastante cerril. Su consecuencia más reconocible ha sido el austericidio que no ha resuelto ningún problema.

Enseguida se levantaron nuevos muros, a cual más alto, y se abrieron en la sociedad brechas de desigualdad más profundas, al tiempo que guiados por los principios del mercado desregulado se compitió desde el poder por ganar la carrera del maltrato a los trabajadores (propios y ajenos), liberando las fronteras para que esta práctica fuera universal y cada vez más fácil. 

Ganaba la carrera quien peor tratase a los asalariados, entrando así en un círculo vicioso que al día de hoy explora todas las posibilidades de explotación y alienación del ser humano. La precariedad mata.

Contaminados por el espíritu de los tiempos, hoy vemos normal una indiferencia deshumanizada ante los miles de migrantes muertos en su intento desesperado por encontrar una vida mejor, expulsados de su tierra natal por guerras (muchas veces fabricadas fuera de su país), hambrunas, y las consecuencias letales del cambio climático. 

A lo peor no tardando mucho, los europeos del sur nos unimos a esa migración climática huyendo de la desertificación y el clima extremo, y seguro que aspiramos a recibir de nuestros vecinos del norte un trato más humano. 

Visto lo visto, va a ser poco probable y puede que nos demos de bruces con un muro muy parecido al que hoy levantamos nosotros.

Ese giro involutivo hacia un capitalismo desregulado y fuera de control (para el que el ser humano es simple mercancía), y cuya fuerza supera y vuelve inútil el dictamen de las urnas, inaugurando así una era posdemocrática y por ello mismo "iliberal", contó con el apoyo dócil y bien pagado de ese "socialismo" europeo reconvertido en masa al neoliberalismo radical bajo el apostolado férreo de la dama de hierro. 

Como aliciente para esa conversión a la nueva fe, proliferaron las puertas giratorias, las mordidas jugosas, los puestos en los consejos de administración de las empresas antes favorecidas desde el poder político, el dinero fácil y gratuito para los partidos obedientes, y en suma la corrupción como el mejor lubricante del cambio.

Felipe González no fue más que uno de los discípulos más entusiastas de esa nueva fe, y no es necesario enumerar los hitos y las consecuencias de esa política de hierro en nuestro país. 

Al día de hoy y merced a aquellos entusiasmos ideológicos del socialismo posmoderno, reconvertido en derecha neoliberal, que creyó dar rematado fin al devenir siempre inconstante e impredecible de la Historia, los españoles batimos hoy en Europa récords de desigualdad, pobreza infantil, y precariedad laboral. Y no solo eso sino que somos los mejores a la hora de aumentar el número de trabajadores pobres, y también los más obedientes a la hora de cumplir a rajatabla los postulados irracionales de ese catecismo que tanto nos recuerda por su simpleza y fanatismo al libro rojo de Mao. El austericidio en boga no admite disidentes. Los muros siguen en pie.

Y es este estado de cosas, alimentado por la corrupción, donde sobresalen la desigualdad y la pobreza, y la falta de soluciones ante los problemas planteados, que se perpetúan, lo que la CEOE en unas manifestaciones recientes, llama un "país más tranquilo".

Es decir, la CEOE al parecer no vería con malos ojos acudir a nuevas elecciones ante la perspectiva de que el PSOE obtenga algún escaño más en esa lotería (según predice un CIS a la medida de la ocasión) para que de este modo la tranquilidad y el silencio del país alcance el rango de la del campo santo.

Que una organización empresarial que no se caracteriza por su modernidad precisamente, busque con ahínco tener al PSOE en el gobierno ejerciendo un poder absoluto, sin duda porque lo considera indistinguible en este sentido del PP, su otro pupilo, es todo un síntoma del empantanamiento del juego político en nuestro país, y anuncia un resurgir del bipartidismo al servicio de los poderes fácticos y no de los ciudadanos. PPSOE de nuevo.

Grecia y España son ejemplo de ese socialismo europeo reconvertido al neoliberalismo, y hoy doblan la media europea de paro, rozando en algún caso la consideración de Estado fallido. La unión íntima y fraternal de corrupción y neoliberalismo en estos dos países del sur, ha resultado letal.

Como pago a tan infaustos servicios, el socialismo griego casi ha desaparecido de la consideración electoral de sus ciudadanos. El nuestro sin embargo se apresta a gobernar de nuevo, y quiere hacerlo con poder absoluto. Más madera.

Dar la vuelta a todo esto mediante un pacto de izquierdas era la oportunidad que se abría ante Pedro Sánchez tras las últimas elecciones, y era lo que se esperaba de él tras desbancar del poder del partido a los viejos dinosaurios neoliberales que intentaban perpetuarse a través de Susana Díaz. Para esto último (perpetuar el desastre neoliberal) también habría servido Page.

No parece dispuesto sin embargo Pedro Sánchez a aprovechar esa oportunidad, o no le dejan los poderes que le controlan.

De hecho, ante la eventualidad de nuevas elecciones se abre todo un abanico de posibilidades impredecibles, por mucho que el CIS con sus malabarismos increíbles invite a la jugada e intente presionar así a PODEMOS para que este partido comulgue con ruedas de molino y diga SI a una política neoliberal que solo interesa a sus muy distinguidos y escasos beneficiarios.

Y no se entiende porque el breve periodo de colaboración del PSOE de Sánchez y PODEMOS al frente del gobierno tras la moción de censura dio pasos positivos en la dirección correcta, desde una perspectiva social y progresista. Por ejemplo: se subió el salario mínimo y se abordaron anomalías como la que representa el Valle de los caídos en nuestra democracia. 

También pareció mas fácil, tras aquella moción de censura, encauzar el problema catalán. 

Podría esto considerarse un aperitivo de lo que puede llegar a ser una política más amplia a favor de la mayoría de los ciudadanos y a favor de la regeneración de nuestra democracia. Es decir, una política imbuida de sentido social. 

No se entiende por tanto el desencuentro salvo que el PSOE haya claudicado ante los poderes fácticos que no quieren que se toque la reforma laboral, etcétera, etcétera.

Será él, Pedro Sánchez, el responsable de haber puesto en un brete el resurgir de la socialdemocracia en nuestro país, cegando ese resquicio de esperanza.

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