Opinión

Abortos climáticos

Al final algunos periodistas se hicieron eco de un acontecimiento que, aunque parezca mentira, no ha tenido demasiada repercusión en nuestros medios. Y eso que es una noticia que entra de lleno en el debate actual.

La noticia no era que en un determinado país de Europa se había producido el día anterior una revolución bolchevique, algo tan improbable que efectivamente sería noticia. La noticia era que en Finlandia había salido del gobierno un ministro nazi.

Quizás ese sesgo en la atención prestada a este acontecimiento se deba a que lo primero, la revolución bolchevique en un país de la Unión Europea, sería una auténtica sorpresa, y por tanto sería noticia (antes habría que explicar a los más jóvenes qué significa esa palabra "bolchevique" y de qué tiempos data esa realidad caduca), mientras que el hecho de que en un gobierno o en varios de la Europa posmoderna haya ministros nazis, ya no sorprende a nadie y entra dentro de la normalidad.

Probablemente los más jóvenes tampoco sepan qué es eso del nazismo y qué implica, de ahí que lo vayan incorporando dulcemente, estúpidamente, a su normalidad, incluso a la normalidad de su voto.

O eso, o que el extremismo neoliberal que impusieron sus mayores irresponsablemente, los ha colocado en una situación tan desnortada, que todo les da igual con tal de que explote.

El ministro nazi de Finlandia, Vilhelm Junnila, al parecer no solo no ocultaba que lo era sino que, envalentonado con la normalidad institucionalizada de su extremismo, ya había planteado propuestas y "soluciones" nazis de las que en la Historia europea existen lúgubres precedentes. Una de ellas, como "solución final" al cambio climático, sería promover el "aborto climático"... en África.

En el documental "Mercaderes de la duda" (Merchants of Doubt) que comentamos en un artículo anterior, se describe que la estrategia del engaño en torno al cambio climático impulsada por poderosos intereses económicos y desde la ultraderecha política, se despliega en tres etapas. En una primera etapa se niega el cambio climático. En una segunda etapa se reconoce que hay cambio climático pero se niega que se deba a la actividad humana. En la tercera etapa se reconoce que hay cambio climático y que se debe a la actividad humana, pero se advierte que la única solución es adaptarse a él.

El ministro nazi finlandés ya estaba en la tercera etapa, la de la adaptación, y fiel a su ideario racista y extremista, apuesta por la "solución final" perfectamente nazi y aplicable en África. O sea, sobre gente no perteneciente a la "nación" y que entraría en la consideración, según el esquema clásico hitleriano, de subhumanos.

Nos falta ver que algunos ministros europeos luzcan una calavera en la gorra.

¿Qué otra cosa cabía esperar de estos ministros nazis normalizados por nuestra derecha "civilizada"?

La lona (hay mentes tan cutres, tan precarias, y tan gritonas, que su medio natural es la lona) desplegada en un edificio español por una empresa antiokupas, en que un individuo se desgañita enviando a nuestro presidente de gobierno a África, está en esa línea.

O sea, que el nazismo renaciente no está allí lejos, en Finlandia, sino que está aquí, entre nosotros, logrando puestos institucionales y oficinas siniestras.

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