Opinión

Una medida acertada

Pues si, los ciudadanos de cualquier comunidad autónoma con otra lengua además del español, deben poder dirigirse a la Administración o ser atendidos en el sistema público sanitario en la lengua que deseen.

Y en mi opinión no hay nada que oponer a que el catalán, gallego o vasco, y ya puestos el valenciano y el bable, sean un mérito más a la hora de obtener una plaza en las administraciones locales y autonómicas de las comunidades que otra lengua además del español.

Pero, habida cuenta de que el español es la lengua común, la lengua de todos y la lengua del Estado, lo que no se puede es suprimirla de un plumazo, como hizo en su día Francina Armengol en Baleares, o han hecho en Cataluña donde a los niños se les espía en el recreo para obligar a hablar en catalán.

La señora Armengol, como presidenta que fue de Baleares decidió que no se podía ejercer la Medicina en los hospitales de las islas si no se tenía un título que acreditara un buen nivel de catalán. Eso provocó que en Baleares haya un déficit importante de médicos, entre otras cosas, porque impide que médicos o personal sanitario de otros lugares de España acudan allí a trabajar por su desconocimiento del catalán.

Y no sólo españoles, sino profesionales de países de la UE tampoco puedan hacerlo por el desconocimiento de la lengua local. Y eso lo que hace es empobrecer a esa Comunidad al instalarse en la endogamia cerrando la puerta al talento de fuera.

Por eso me parece acertada la decisión de la nueva presidenta del gobierno autonómico balear, la señora Margalida Prohens, de considerar que el catalán es un mérito a la hora de acceder a un puesto sanitario pero no un requisito imprescindible. La señora Prohens además se compromete poner a disposición de quienes vayan a trabajar a Baleares, la enseñanza de la lengua, pero eso sí, su aprendizaje será voluntario no una obligación.

Los nacionalistas catalanes, y Francina Armengol lo es, tienen una visión pueblerina de su Comunidad. Prefieren vivir ensimismados en ellos mismos que con las puertas abiertas al resto del mundo. Es su manera de "hacer país", de convencerse y convencer que son diferentes, que merecen un Estado propio.

Por eso la señora Armengol es tan del gusto de los nacionalistas independentistas catalanes, porque la consideran una de los suyos, y lo es porque lo ha demostrado con creces.

El catalán, el gallego, el vasco, el valenciano, el bable... son todas lenguas españolas, por tanto son lenguas de todos los españoles, pero la realidad es la que es, son lenguas minoritarias mientras que el español es un idioma que hablan más de trescientos millones de personas en todo el mundo.

Esa es la realidad por más que incomode a algunos políticos independentistas. Como lo es que en el seno de la UE, según se ha ido ampliando, son oficiales 24 lenguas, aunque dentro del espacio europeo se hablan hasta 84, lo que sucede es que esas otras son minoritarias.

La cuestión de fondo no es poner en valor las lenguas que se hablan en España sino el intento reiterado de los independentistas de reafirmar que son un país distinto porque tienen lengua propia. Es decir, utilizan la lengua como caballo de batalla para desunir en vez de para unir.

Pero vuelvo al principio: me parece acertada y prudente la decisión de Margilida Prohens, nueva presidenta de Baleares.

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