Opinión

No es no

Sí, ya sé que la entrevista que Jordi Évole ha hecho a la vicepresidenta Yolanda Díaz ha dado muchos titulares, pero les diré que a mi lo que más me ha llamado la atención es esta frase: "Cuando Pablo Iglesias me designó a dedo, faltó el respeto a Podemos y a mí. Me enfadé muchísimo".

Verán, no he dejado de darle vueltas a esta afirmación de Yolanda Díaz, porque sus palabras me parecen que esconden una actitud impostada, un tanto cínica.

Yolanda Díaz reconoce que le debe el puesto de Vicepresidenta a Pablo Iglesias (como antes le debió el de ministra de Trabajo) pero a continuación asegura que se enfadó y que lo consideró una falta de respeto. ¡Toma ya!

Si de verdad Yolanda Díaz no estaba de acuerdo con que la nombraran a "dedo" lo tenía facilísimo, podía haber dicho alto y claro NO. Un NO rotundo y con consecuencias: negarse a sustituirle en la vicepresidencia del Gobierno y en convertirse en su sucesora. Pero no lo hizo. O sea, que su enfado o fue impostura o fue tan leve que ni se notó.

Y no, no me van a convencer que es que la señora Díaz no tuvo otra opción que "sacrificarse" aceptando ser nombrada vicepresidenta del Gobierno de España porque eso no es un sacrificio sino un privilegio. Por tanto es de suponer que, Yolanda Díaz, aceptó porque el "dedazo" le suponía subir unos cuantos peldaños más en su imparable carrera política hasta situarse en un puesto a la altura de su ambición que la permitiría dar, ya lo ha dado, el salto a convertirse en la líder de una parte importante de la izquierda.

Naturalmente que está en su derecho a luchar por sus ambiciones políticas ¡faltaría más! A mí me parece que no solo tiene ese derecho sino que hace bien en jugar todas las cartas para convertirse en presidenta del Gobierno de España. Pero lo que chirría en ella es esa cierta impostura de que está donde está a pesar del disgusto que para ella supuso que Iglesias la nombrara a dedo. Esto no hay quién se lo crea, porque ya digo podía haberse evitado el disgusto diciendo NO.

Y sí, ya sé que es la política de moda y que el personal parece encantado con sus modales suaves y su perenne sonrisa, que parece que no ha roto un plato en su vida política, que todo en ella son buenas intenciones, buenos deseos, aunque en realidad detrás de todo esto hay una estrategia inteligente en su camino de conquista del poder.

Es tan lista que se da cuenta que los ciudadanos están hartos de broncas y prefieren políticos que no alteren más los ánimos y que parezcan dispuestos a negociar y hablar con quién haga falta. En esto le lleva ventaja tanto a Pedro Sánchez como a Pablo Iglesias. Iglesias es como es y se le ve venir, y Sánchez se ha ganado a pulso fama de que no se le puede creer porque hoy dice una cosa y mañana hace la contraria sin que se le descomponga el gesto.

Saben, los dos se creen muy listos, pero me parece a mí que ella lo es mucho más. Ya digo que hay que tener mucho arte para convencer al personal que se llevó un disgusto el día en que Iglesias la designó su sucesora, pero tan sacrificada ella, decidió llevarse el sofocón. No sé, pero más parece que ha hecho de la impostura un arte.

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