domingo 18.08.2019

La rectificación

Dice el refrán que rectificar es de sabios y la verdad es que coincido con esta apreciación. Solo los fanáticos no rectifican nunca y lo peor es que se creen depositarios de la verdad absoluta.

Me parece a mí que reflexionar sobre los errores es un ejercicio saludable y rectificar desde luego no es un demérito. Por eso me parece que tanto Pablo Casado como Albert Rivera deberían rectificar su posición sobre la investidura de Pedro Sánchez. Ambos han asegurado que no facilitaran que Sánchez sea investido Presidente.

No digo yo que tengan que votar a favor de Sánchez pero una abstención sería más que suficiente.

Pero vayamos por partes, Pablo Casado: ha cometido error tras error desde el mismo día en que se hizo con la presidencia del PP y ahora le toca deshacer al menos parte del camino emprendido.

Algunos le tildarán de oportunista, de no tener un criterio definido, otros recordarán aquello de que París bien vale una misa, y que por tanto visto lo sucedido en las elecciones no le queda otra que girar hacia el centro, sin olvidar por supuesto las criticas que ha recibido de algunos de los "barones" de su partido.

El caso es que sea por lo que sea el líder del PP parece haber iniciado el camino de la rectificación y eso se ha evidenciado en la reciente entrevista que ha mantenido con el Presidente de Gobierno. Pablo Casado no va avalar la política de Sánchez pero está dispuesto a hablar y llegar a acuerdos en las llamadas "políticas de Estado". Lo menos que se puede esperar de un responsable político es eso, que sea responsable. La responsabilidad pasa por poner los intereses del país por encima de los intereses de su partido o sus ambiciones políticas. Aunque Casado no debería de olvidar que en la última legislatura Mariano Rajoy fue investido Presidente gracias a la abstención del PSOE.

Pero si Casado ha dado medio paso adelante, Albert Rivera parece dispuesto a negar el pan y la sal a Pedro Sánchez. Lo de Rivera con Sánchez va más allá de las diferencias políticas y parece sobre todo inquina personal. Algunos dirán que también Sánchez se las gastaba así cuando le tocó ser jefe de la oposición y de ahí su tristemente famoso "no es no" a abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy lo que provocó en buena medida la crisis que se desató en el PSOE con la consecuencia de que tuvo que dejar la secretaria general de su partido. Ahora Sánchez está en la situación en la que estuvo Rajoy: necesita o votos a favor o abstenciones para convertirse sin dilaciones en Presidente de Gobierno. Lo conseguirá claro está.

Pero no está de más recordar que durante toda la campaña tanto Casado como Rivera han acusado a Sánchez de tener un pacto con los partidos independentistas para poder gobernar y que ese pacto incluiría cesiones a estos partidos.

Bueno, puesta tanto Pablo Casado como Albert Rivera tienen la magnifica oportunidad de abstenerse en la investidura de Pedro Sánchez y el argumento para hacerlo es muy fácil: que el futuro gobierno no tenga que depender precisamente de los partidos independentistas.

Si Pablo Casado y Albert Rivera no facilitan con su abstención la investidura de Pedro Sánchez luego no tendrán ninguna autoridad moral para reprochar que el Presidente llegue a pactos con quién pueda, incluidos los partidos independentistas. Lo que no es de recibo es tirar la piedra y esconder la mano, porque eso es puro tartufismo.

No puedo dejar de recordar aquella frase de Winston Churchill: La diferencia entre un político y un estadista es que el político piensa en las próximas elecciones mientras que el estadista piensa en la próxima generación.

Me temo que en el momento actual en nuestro país solo hay políticos y no estadistas, así que en mi opinión ésta es una buena oportunidad para que Casado como Rivera rectificando puedan demostrar de qué material están hechos, si de políticos o el de estadistas. Pues eso.

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